
Murieron 19 personas y 150 resultaron heridas.
Ese fue el saldo de uno de los hechos más violentos en la historia de Puerto Rico. La Masacre de Ponce.
Ocurrida el 21 de marzo de 1937, el suceso fue primero identificado como una revuelta del Partido Nacionalista que aquel Domingo de Ramos organizó una marcha en la ciudad de Ponce para conmemorar el fin de la esclavitud en 1873, y protestar contra el encarcelamiento del líder nacionalista Pedro Albizu Campos.
No obstante, el tiroteo que transformó la esquina de las calles Marina y Aurora en sangriento escenario fue meses más tarde caracterizado como una “masacre” del Gobierno y la Policía.
Así lo dictó la comisión que presidió el abogado Arthur Garfield Hays de la Unión Americana de Libertades Civiles, y que contó con un grupo de intelectuales, abogados y periodistas destacados de la época.
La crónica
De acuerdo a historiadores y sobrevivientes, los organizadores de la marcha habían solicitado y recibido días antes el permiso del alcalde de Ponce, José Tormos Diego, para el acto público.
Sin embargo, al conocer del desfile el gobernador de Puerto Rico, el general Blanton Winship, exigió la revocación inmediata de estos endosos, una determinación que ocurrió a escaso tiempo del evento.
Como resultado, un grupo de 15 policías se colocó frente de los manifestantes, mientras otra decena de armados con ametralladoras y bombas de gas lacrimógeno estaban en la parte posterior.
Otros 11 policías armados con ametralladoras se ubicaron al este y un grupo de 12 policías, armados con fusiles, se colocó en el oeste.
Alrededor de las 3:15 de la tarde, los Cadetes de la República formaron filas, listos para dar comienzo al desfile. Detrás de ellos estaba el Cuerpo de Enfermeras y cuando la banda entonó el himno nacional La Borinqueña, los manifestantes comenzaron a marchar.
Testigos y sobrevivientes afirmaron que la Policía les disparó durante más de 15 minutos desde sus cuatro posiciones.
Los muertos incluyeron 17 hombres, una mujer y un niño de siete años de edad. Algunos de ellos eran simplemente transeúntes.
La investigación
La comisión del abogado Hays fue integrada además por el prestigioso intelectual Emilio S. Belaval, que presidió el Ateneo Puertorriqueño en esos años, así como por el presidente del Colegio de Abogados, Mariano Acosta Velarde, el presidente de la Asociación de Maestros, Fulgencio Piñero y el director del periódico “La Correspondencia”, Francisco M. Zeno.
A ellos se unió el reconocido industrial Antonio Ayuso Valdivieso, director del periódico El Imparcial, José Dávila Ricci, del diario El Mundo y el prestigioso médico Manuel Díaz García, quien fuera presidente de la Asociación Médica.
Agrupados, determinaron que lo ocurrido el 21 de marzo de 1937 en Ponce fue una “masacre”, desmintiendo así la versión gubernamental que acusaba a las víctimas por la muerte de los agentes de la Policía Ceferino Loyola y Eusebio Sánchez.
La misma investigación, en cambio, demostró que los dos oficiales fueron víctimas de fuego cruzado y que el Estado intentaba alterar los hechos.
Asimismo, la Comisión concluyó que los nacionalistas muertos y heridos estaban desarmados durante el tiroteo, que la Policía Insular violó los derechos civiles de los nacionalistas y que el entonces Gobernador de Puerto Rico fue el principal responsable de lo ocurrido.
El rol de la Prensa
Si bien es cierto que la comisión realizó un trabajo encomiable y que el fiscal Rafael V. Pérez Marchand se negó a ser cómplice del encubrimiento de la matanza, no es menos cierto que la labor de los periodistas fue vital en el esclarecimiento de este violento episodio, ya que fueron testigos de la historia y captaron con cámaras lo acontecido.
Fueron José L. Conde de El Mundo, y Carlos Torres Morales de El Imparcial, quienes tuvieron el valor de publicar las fotos de la masacre, en momentos en que sabían podían ser blancos, no solo de críticas, sino de ataques a su integridad, por revelar un lado de la historia que se pretendía ocultar.
“Sin ellos, los periodistas, la investigación no hubiera sido posible”, manifestó Francisco Sáez Cintrón, exguía del Museo de la Masacre de Ponce. “Ninguna sociedad puede echar adelante sin el concurso de los periodistas, sin sus testimonios”, agregó.
Sin embargo, en Ponce aparenta ser que la labor de esos periodistas defensores de la verdad y los derechos civiles ha pasado a un segundo plano o simplemente desapercibida.
Actualizado el 21 de marzo de 2013







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