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Excelsa cosecha en el Bosque Escuela

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La semilla de la educación comienza a germinar y con ella el Bosque Escuela La Olimpia Ariel Massol Deyá se catapulta como ejemplo de la verdadera educación interactiva.

Precisamente en las colinas de Adjuntas, tierra donde el fenecido Ariel trazó el trayecto del centro de enseñanza que lleva su nombre, se realizó la primera graduación del grupo de egresados del Bosque Escuela, los estudiantes del proyecto educativo sin paredes.

Allí, en la casa madre de todos, 56 estudiantes de la escuela José Emilio Lugo recibieron el pasado sábado un certificado por cumplir con seis sesiones dentro del Bosque La Olimpia y una en las instalaciones de Casa Pueblo en Adjuntas.

Completado el proceso, cada uno planteaba con entusiasmo su propio gozo al poder internarse en el bosque convertido en aula para leer cada paso del tiempo, escribir en cada gramo de tierra, dibujar en cada hoja, besar cada gota de agua y esculpir en cada árbol la forma de un círculo perfecto.

Su tarea fue aprender del bosque escuela convertido en bosque maestro, y lo lograron en un semestre, porque aprendieron el proceso científico, conocieron la historia, entraron al campo de la agricultura y recrearon con su arte las enseñanzas de la naturaleza.

Algunos realizaron a modo de feria científica experimentos para corroborar sus hipótesis, otros decidieron demostrar con una pintura lo que el arte del bosque les confió y el resto seleccionó la avenida de la literatura para plasmar en ensayos y poemas las confidencias de una naturaleza viva, enérgica y firme.

Como Darisabel Torres Rivera, del grado 12, quien redactó un ensayo sobre el Bosque. “Mi ensayo trata de cómo fue la experiencia en el Bosque, me gustó la idea porque así podía escribir el proceso y todo lo que experimentamos. La idea fue para que las personas lean y sepan cómo fue todo. Es una experiencia intelectual”, explicó a La Perla del Sur.

Entretanto, Marcos Ríos Matías y Luis Rodríguez Ayala, de cuarto año, se adentraron en el mundo de la investigación de las cuencas hidrográficas y crearon tres ambientes que simulaban escenarios reales. Uno fue el bosque natural, el bosque destruido y la ciudad para demostrar la importancia del drenaje y el almacenamiento de agua.

“Tomamos el tema de las cuencas hidrográficas, que fue algo que estudiamos en la escuela, y empezamos a cuestionarnos si será importante una cuenca hidrográfica para nosotros. Y comenzamos a definir que una cuenca hidrográfica es un sistema que la naturaleza tiene propia que es de drenaje, llueve, se almacena y es lo que vemos en los ríos”, indicó.

Por su parte la directora de la escuela, Yanira Torres, confesó que se sumó al esfuerzo convencida de que el aprendizaje en el bosque les brindaría a los estudiantes la oportunidad de aprender con mayor efectividad y, en el interín, compenetrarse con la mejor maestra, la naturaleza.

“Nos sentimos muy satisfechos con el aprendizaje logrado por nuestros estudiantes”, dijo Torres, quien creyó en el proyecto del Bosque Escuela desde que supo del mismo.

Y no es para menos. El Bosque Escuela cuenta con un grupo de profesores del Recinto Universitario de Mayagüez, así como maestros colaboradores de Casa Pueblo, para quienes el reto de aprender de la naturaleza fue enriquecedor.

Incluso, la experiencia de los profesores fue innovadora, como explicaron el agrónomo Joaquín Álvarez Acevedo y la biotecnóloga Sirena Montalvo Katz, quienes se mostraron entusiasmados con la enseñanza en un escenario natural. “Es una experiencia muy positiva”, indicó Montalvo Katz.

Ambos indicaron que alrededor de 3 mil alumnos escolares y universitarios pasaron por la experien-cia de aprender del bosque de 150 cuerdas de extensión.

Un sueño cumplido

Por su parte, Tinti Deyá Díaz, cofundadora de Casa Pueblo y madre del agrónomo Ariel, confesó al colectivo de graduados que su amado hijo “debe estar gozoso de ver el resultado en esta graduación y todos estos días que ustedes han estado en el bosque”.

A sus expresiones, cada uno de los científicos ambientales en ciernes respondió con una sonrisa, muy similar a la que distinguía al propio Ariel, quien falleció en 2009 a los 40 años de edad, a causa de una descarga eléctrica.

Y de la mano de familiares, amigos y mentores, cada uno se comprometió en cuerpo y alma a convertirse en coanfitrión, huésped y ayudante de la naturaleza.

“El proceso educativo es el bosque”, resaltó por su parte el doctor Arturo Massol Deyá, al puntualizar que la experiencia de salón sin paredes fue y será enriquecedora por demás.

11 de diciembre de 2013

 

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