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Del mito al hito: la defensa de los taínos

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Segundo y último de serie: En nuestro último encuentro comentábamos que las últimas investigaciones de historiadores como Sued Badillo y Martínez Cruzado arrojan evidencia reveladora sobre las tácticas de guerra y desde luego, de sobrevivencia, de los taínos puertorriqueños.

Particularmente, para hacer frente al exterminio de de los colonizadores españoles. ¿Por qué? Para empezar, hay que tomar en cuenta que cuando Juan Ponce llegó a Puerto Rico, ya Agüeybaná y los caciques locales estaban informados de las masacres y atrocidades que él, Diego Velázquez, Juan de Esquivel y otros españoles habían hecho en Hayti, nombre indígena con el que se conocía a lo que hoy es la República Dominicana y Haití.

Por eso, la primera estrategia de Agüeybaná -como hombre de estado-  fue hacer en  pacto de amistad o “Guaytiao” en lengua taína para evitar enfrentamientos con este poderoso enemigo.

Pero tras la muerte de Agüeybaná y acabado el pacto, le sucedió su sobrino quien, ante los atropellos de Cristóbal de Sotomayor, Juan Cerón y otros españoles, decidió enfrentarles. La estrategia de guerra: aniquilación por sorpresa.

Hay consenso entre los historiadores al aceptar que todo comenzó con el ahogamiento de Diego de Salcedo en el río Guaorabo, hoy río Grande de Añasco. Chévere… ¡Lo estipulamos! ¡Estamos de acuerdo!

Pero, ¡páralo ahí!

Aquí es necesaria una reflexión, porque este es otro mito que prevalece hasta nuestros días y que es necesario analizar. Los taínos ahogaron a Salcedo para comprobar si los españoles eran dioses. ¡Por favor!

Este es un mito que se repite también en la historia de la República Dominicana. En el 1494 los indios de Cibao ahogaron varios españoles de la expedición de Alonso de Ojeda, ¡para comprobar si eran dioses!

Pero, si en el 1492 los mismos taínos de Haytí, bajo el mando del cacique Caonabó ya habían matado a 39 españoles y quemado el fuerte de Natividad, entonces ¿qué hacían los taínos cibaeños ahogando gente y repitiendo experimentos?

Es un  hecho ya confirmado que entre los caciques de Haytí había relaciones de parentesco con los de Borikén. Entonces, no se puede concebir que los caciques del Cibao no supieran lo que había hecho Caonabo con los habitantes del Fortín de la Natividad dos años antes.

Tampoco podemos creer  que los taínos de Borikén no lo supieran 18 años después.

Diego de Salcedo sí fue ahogado, pero no para comprobar si los españoles eran dioses. Este fue el primer acto de guerra. Pensar otra cosa es alimentar cuentos de camino. Hay que moverse del mito al hito. Quinientos años son suficiente tiempo para corregir absurdos.

Pero volvamos a la guerra. Luego del ahogamiento de Salcedo,  los taínos mataron a Cristóbal de Sotomayor y gran parte de su gente.

La  Villa  de Sotomayor en Añasco fue destruida, el primer acto de guerra que significó la victoria inicial del bando taíno. El elemento sorpresa fue su gran ventaja. Se dice fueron 80 los muertos del lado español, un número significativo si pensamos que la colonia española estaba en ciernes.

La guerra está declarada. Los españoles se reorganizaron y contraatacaron. En un año, tres grandes enfrentamientos sucedieron.

La Batalla de Coayuco, en las mismas tierras de Agüeybaná al suroeste; la de Aymaco en las tierras de Mabodamaca  en el noroeste y la Batalla de Yahueca en la rivera del río Guaorabo.

Aunque no hay certeza, en esta última  batalla se estima que combatieron hasta 15 mil indígenas. Del lado español, no más de 100.

También se aduce que por una cándida imprudencia, en ella murió el jefe supremo de las huestes indígenas: Agüeybaná II. Muerto este cacique, los taínos quedaron desorganizados y vencidos. Y así de golpe y porrazo, esto se acabo. ¡Sí Pepe!

Cuenta la historia que los españoles, sintiéndose vencedores, comenzaron hacer batidas y cabalgatas -ataques indiscriminados a poblados indígenas- para apresar indios y convertirlos en esclavos. Estos prisioneros convertidos en esclavos eran marcados con una F en la frente.

Se plantea que por esta situación, los arduos trabajos que su condición de esclavo y las enfermedades traídas por los europeos, la extinción de los taínos ocurrió tras 50 años de la conquista.

Pero no lo creemos. Ese es otro mito que tenemos que trabajar.

Los taínos no se extinguieron. En respuesta a los atropellos y la inhabilidad de enfrentar los armamentos de los españoles, los taínos cambiaron su estrategia de guerra. Ahora las técnicas de ataque serán las guerras de guerrilla.

Se sabe que el yacimiento de Jácana y Caja de Muertos serán importantes enclaves para los primeros años de resistencia indígena.

Estos ataques se sostuvieron hasta el inicio del siglo 17. Sin embargo, todavía al día de hoy, se nombran como si fueran ataques de los indios Caribe.

Como pueblo desesperado, los taínos tomaron varias decisiones. Mientras unos se convirtieron en guerrilleros, otros optaron por el suicidio. Es también un hecho histórico que fueron muchos los taínos que se escondieron en cuevas y en la serranía.

Estos últimos, fueron los que lograron tener éxito en sobrevivir hasta nuestros días.

De hecho, al día de hoy, Puerto Rio es el único país en el Caribe que describe en su toponimia la existencia de “un lugar de indios”. Las Indieras Altas, Bajas y Frías del municipio de Maricao, son un ejemplo inequívoco de la sobrevivencia indígena.

¿Quieres más? Si en 50 años fueron exterminados nuestros ancestros, ¿por qué 38  pueblos de nuestro archipiélago, 25 ríos y 90 quebradas mantienen nombres indígenas? Y ni hablar de nuestra flora y fauna.

Pero lo que es incuestionable, es que aún viven en nuestra sangre.

Un estudio del doctor Juan C. Martínez Cruzado, de la Universidad de Mayagüez,  reflejó que los puertorriqueños cargamos más herencia indígena en el ADN mitocondrial femenino, que los otros dos grupos que componen la herencia genética nuestra.

Solo observa: 63.3 por ciento indígena; 27.2 por ciento africano y 11.5 por ciento euroasiático.

Los taínos no se extinguieron en 50 años de colonización española. Los taínos se aislaron y no se contaron. Se volvieron transparentes para la historia. Esa es la realidad.

¡Guaitiao pa’ti!

26 de diciembre de 2012


 

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