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Martes
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Septiembre
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¿Taínos mansos? ¡Piénselo otra vez!

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Desde tiempos remotos, los pueblos han creado mitos para exaltar su orgullo nacional. De alguna forma, estos se insertan en la psiquis de las naciones y se convierten en parte de su verdad colectiva.

Como ejemplo, echemos un vistazo al  mito de Rómulo y Remo, aquellos seres deiformes (hijos de Marte), que de niños fueron amamantados por una loba y se convirtieron en los fundadores de Roma.

Inequívocamente, este mito evoca la grandeza del ciudadano romano. Roma debe ser grande, porque su origen es grande.

Pero en Puerto Rico es a la inversa. Nuestros mitos históricos no ensalzan ni engrandecen. Al contrario, son distorsiones históricas que minimizan las grandes gestas de nuestro derrotero como pueblo.

Si los buscamos,  los encontramos por montones…

Por eso, quiero comenzar este recuento con el mito que describe a nuestros ancestros taínos como gente mansa y hospitalaria. Un mito ampliamente divulgado y que ha prevalecido hasta nuestros días.

Ante esta fábula, encontramos una evidente realidad. En el Caribe precolombino, los taínos habían logrado armar un aparato militar que le había permitido instalarse exitosamente en tres grandes Antillas: Puerto Rico, República Dominicana y el oriente de Cuba. ¡Casi ná!

Más aún, fueron los guerreros de Borikén quienes habían mantenido a guardarraya el avance de los indios Caribe. De hecho, estos últimos llamaban a lo que es hoy Puerto Rico “Oubau Moin”, que en su lengua significaba “La isla de sangre”.

En resumen, Borikén fue morada por gente pacífica, pero al momento de defender su tierra, también era poblada por valientes y bravos guerreros expertos en el uso del arco y flecha.

De hecho, para los taínos, guerrear con indios Caribe significaba una prueba a su bravura. Había que ganarle a como dé lugar. Si te llevan prisionero, de seguro serás el plato principal de algún festín ceremonial. Sin embargo, ambos grupos ostentaban la misma tecnología militar. Taínos y Caribes tenían las mismas armas: principalmente arco, flecha y macana.

En cambio, todo sería diferente al llegar los españoles. Su tecnología de guerra era muy superior a la taína, ya que tenían a su disposición armaduras, espadas, lanzas, arcabuces, ballestas, caballos y perros amaestrados.

Así también, traían consigo 700 años de guerra con los moros. Su maquinaria de guerra estaba aceitada.

Mas imagínate: si al día de hoy, en pleno siglo 21 y familiarizados con la existencia de las armas de fuego, cuando soplan un tiro la gente corre despavorida, solo piensa el estupor con el que los taínos reaccionaron ante el estruendo de arcabuces y cañones. ¡Truenos y centellas!

Para el taíno era también desconcertante que la piel de los españoles reluciera al sol y en ocasiones resistiera las flechas. ¡Claro, si vestían armaduras!

Meterle mano al español era horrible. Para los ojos del taíno, los cañones y arcabuces eran troncos que lanzaban fuego. Las espadas eran macanas que cortaban y cercenaban. En la pelea cuerpo a cuerpo estaban en obvia desventaja.

Añádale a eso la participación cola-teral del caballo y el perro.

¡Qué horripilante fue enfrentarse a los perros! Los taínos nunca habían visto uno y menos como los describe el Fraile Bernandino de Sahagún: “Perros enormes con orejas cortadas, ojos de fiera color amarillo inyectados de sangre, enormes bocas y dientes en forma de cuchillos, salvajes como el demonio y manchados como los jaguares”.

Y para que lo sepas, el perro traído para la conquista fue el llamado Alanos Españoles, resultante de las mezclas del Dogo y el Mastín, entre otros, y muy parecidos al Gran Danés actual. ¡El terror hecho perro! ¡A juyir Crispín!

Pero el taíno no se quitó. No importó  el engaño y horror. Tampoco la superioridad militar del invasor.

En defensa de su tierra y su forma de vida, los taínos lo dieron todo, con pasión, honor y valentía.

Un hecho histórico que debemos valorar como un acto de extremo heroísmo.

Por eso y más es que digo: los taínos no eran mansos na’. Al contrario fueron bravos guerreros. Ese es el verdadero mito.

Ante la obvia desventaja que enfrentaban, el taíno borincano se las arregló -como gato boca arriba- para manejar la llegada del invasor, guerrear y sobrevivir.

Hasta las últimas investigaciones de Sued Badillo, García Goyco, Luis E. González,  Robiu Lamarch, Juan Manuel Delgado y Martínez Cruzado arrojan información reveladora y evidencia sobre sus tácticas de guerra y desde luego, de sobrevivencia.

¿Quieres conocerlas? Entonces no te pierdas la próxima columna. ¡Atúquiti!

 

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