Para miles de familias en el sur, centro y oeste de la isla, el Centro de SER de Puerto Rico en Ponce no es solo un centro especializado de terapias y citas médicas: es el lugar donde sus hijos vuelven a caminar, sus adultos mayores recuperan funciones perdidas y donde, tras el golpe de un diagnóstico, siempre hay alguien dispuesto a escuchar.
Su existencia, sin embargo, depende en gran medida de un ejercicio anual de solidaridad colectiva: el Telemaratón de SER, el evento de recaudación más importante de Puerto Rico para apoyar a niños, jóvenes y adultos con discapacidad física y autismo.
Casi tres décadas de rehabilitación
El centro de Ponce abrió sus puertas en 1999, con un propósito claro: acercar los servicios de rehabilitación a las familias que hasta entonces tenían que trasladarse hasta San Juan para recibir atención médica especializada.
Desde entonces, SER de Ponce ha impactado a más de 50 mil personas y ofrecido sobre 75 mil servicios a pacientes de la ciudad, al igual que de Guayama, Humacao, Arroyo, Santa Isabel, Coamo, Juana Díaz, Utuado, Adjuntas, Peñuelas, Guánica, Mayagüez, San Germán, San Sebastián y otros municipios que ven en este espacio la alternativa más cercana y humana para manejar complejos procesos de rehabilitación.
Hoy, ese desplazamiento -costoso, complejo y emocionalmente drenante- se ha reducido significativamente.
Un modelo único e integral
Tanto en su sede sureña, como en Ceiba y San Juan, SER de Puerto Rico opera bajo un modelo que combina rehabilitación física, salud mental y apoyo social en un mismo entorno. Atiende a niños, adultos y adultos mayores con condiciones congénitas, lesiones adquiridas o diagnósticos neurodegenerativos, así como a menores dentro del espectro autista.
Por eso, el modelo que aplica en Ponce es holístico: la institución no se limita a tratar al paciente, sino que integra a la familia en cada etapa del proceso.
Psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales acompañan a padres, madres, hermanos y cuidadores que también se ven impactados por el diagnóstico, porque, como reconoce su directora de Rehabilitación, Brenda Ivelisse Matos Cotto, la familia “se convierte en terapista” cuando el paciente sale del centro. Y SER los prepara para ese rol.
El equipo clínico y terapéutico del centro ponceño incluye entre sobre una veintena de profesionales de terapia, médicos neurólogos, fisiatras, psiquiatras de niños y adolescentes, trabajadores sociales y personal administrativo especializado en manejo de información de salud.
Como distintivo, el centro cuenta además con la visita semanal de genetistas clínicos, una subespecialidad escasa en la región sur, que permite diagnósticos y manejos más precisos de condiciones complejas.
Asimismo, en Ponce opera la única sede que integra rehabilitación pediátrica y de adultos en una sola instalación, con tecnología comparable a muchos centros de Estados Unidos, por lo que una familia ya no tiene que migrar de institución cuando su hijo crece, ni separar la atención de un menor y un adulto mayor dentro del mismo núcleo familiar.
Nadie se queda fuera
En un país donde el acceso a terapias especializadas suele estar condicionado a la capacidad de pago o a las limitaciones de los planes médicos, el modelo financiero de SER de Puerto Rico introduce un elemento disruptivo: quienes no pueden pagar, no se quedan sin servicio.
La institución ha establecido una política clara: si una familia demuestra que no tiene los recursos económicos para sufragar los tratamientos, SER no le cobra por los servicios.
En el resto de los casos, se evalúa la cobertura disponible del plan médico del paciente, pero el grueso de las terapias avanzadas -incluyendo robótica, programas intensivos y tecnologías emergentes de rehabilitación- se financia con los fondos que se recaudan en iniciativas como el Telemaratón, precisamente porque muchas aseguradoras no cubren este nivel de intervención.
En la práctica, significa que evaluaciones interdisciplinarias, programas educativos especializados y procesos de rehabilitación prolongados se sostienen gracias a las aportaciones ciudadanas.
Por eso, cada donativo, por modesto que sea, termina subsidiando el trayecto de una familia que, de otra forma, se vería obligada a escoger entre la terapia de un hijo y los gastos básicos del hogar.
Telemaratón: empatía convertida en servicio
En este contexto, el Telemaratón no es simplemente un espectáculo televisivo, sino el mecanismo que hace posible que este conjunto de servicios siga existiendo y creciendo.
La edición más reciente, celebrada en agosto de 2025, marcó un hito al recaudar $4.1 millones, gracias al apoyo de familias, organizaciones y empresas en Puerto Rico, la República Dominicana y la comunidad hispana en los Estados Unidos.
La próxima edición, TLTN 2026, se celebrará este domingo, 28 de junio a partir de la 1:00 de la tarde con transmisión unificada por WAPA TV, WAPA América, Punto 2, TeleOnce, Canal 85 de Liberty, WIPR, Molusco TV y WKAQ 580 AM.
Esta estructura de transmisión simultánea permite que el país completo -y la diáspora- se conecten al mismo tiempo a un relato de historias de vida, avances clínicos y llamados a la acción.
Cómo unirse
El vínculo entre el donativo y el servicio es directo. Las aportaciones pueden realizarse a través de la sección de Donar en el portal oficial de SER de Puerto Rico o mediante ATH Móvil, utilizando el pATH de la institución.
Durante el Telemaratón, además, se habilitan líneas telefónicas, códigos y plataformas digitales para facilitar el proceso.
Cada donativo ayudará a que esta institución provea:
- Sesiones de terapia física para un adulto mayor que sufrió un accidente cerebrovascular.
- Terapias de integración sensorial y apoyo conductual para un niño con diagnóstico de autismo.
- Equipos de robótica y tecnología avanzada que permitan acortar el tiempo de recuperación de pacientes con lesiones complejas.
“Si SER de Ponce no existiera, ¿qué pasaría?”, preguntó este medio.
Brenda Ivelisse Matos Cotto respondió sin rodeos: “Si el centro de Ponce desapareciera, la accesibilidad a servicios de rehabilitación en el área sur se vería seriamente afectada. No se trata solo de que los pacientes tendrían que viajar más lejos; se trata de que muchas familias, por motivos económicos o logísticos, simplemente no podrían continuar las terapias”.
En ese sentido, cada Telemaratón no solo sostiene una institución, sino que decide, en la práctica, si el sur de Puerto Rico seguirá contando con un centro de rehabilitación de primer orden o si miles de pacientes quedarán al margen de servicios indispensables.













































