“Si me preguntasen ahora, ¿dónde está Tinti?, la contestaría fácil”, sentenció Alexis Massol González, con sonrisa a flor de labios, los brazos extendidos y las palmas de sus manos puestas sobre una larga mesa de Casa Pueblo.
“Tinti está en todas partes”, sentenció.
“Está aquí, con nosotros. Está en los rostros de cada una de las mujeres trabajadoras. Está en mi corazón, en el de sus hijos y sus nietos. Está en la conciencia de quienes defienden nuestros bosques y ríos, y en el esfuerzo de quienes seguimos construyendo un país alternativo”, agregó quien por seis décadas fue el enamorado, el inseparable aliado de Faustina “Tinti” Deyá Díaz.
Tinti, la revolucionaria cofundadora de la organización comunitaria y ambiental Casa Pueblo, falleció tres años atrás, el 19 de agosto de 2021, a causa de un enfisema pulmonar.
Su ausencia, como afirmó Alexis, dejó un vacío inmensurable, porque Tinti encarnó muchas vidas, simultáneamente. Como ejemplo, describió que, desde que él cursaba el noveno grado y ella la escuela superior en Adjuntas, Tinti se volvió su maestra, su “maestra vida”.
“Ella era intrépida”, puntualizó. “En plena década del 50, corría bicicleta y siempre andaba en calzones. Trabajaba en la farmacia, trabajaba en la ferretería y trabajaba en la gasolinera. Era una mujer libre, económicamente independiente”.
“También era deportista, jugaba voleibol, era la superestrella. Era súper inteligente. Todo el mundo la quería. Todo el mundo amaba a Tinti. Y de esa yo me enamoré”.
Su arrojo, añadió sin reparos, también inspiró e impulsó a Alexis a luchar por su título como ingeniero civil en el Colegio de Mayagüez.
“‘Alexis, no dejes de estudiar’, me decía. ‘Yo quiero que tú te gradúes y te gradúes de ingeniero. Porque si seguimos como novios o no, yo quiero que mi casa tú me la construyas”, rememoró quien, en efecto, años más tarde cumplió el anhelo de Tinti, con creces.
Juntos formaron una familia que enriquecerían con cuatro hijos, Alexis, Axel, Arturo y Ariel, y como binomio forjaron un movimiento social pionero en el país, una organización de base comunitaria que asumiría la contraofensiva a proyectos gubernamentales -como la explotación minera y el gasoducto del norte- para preservar recursos naturales esenciales para la subsistencia en la isla grande.

Desde la plataforma de Casa Pueblo, continuó Alexis, Tinti también armó los pilares para la autonomía económica de la organización -un modelo que ha sido emulado por múltiples entidades comunitarias- y reincorporó la brújula moral a discusiones sobre el desarrollo sostenible del país y su riqueza natural.
Salto al vacío
Tras su partida a la patria celestial, empero, para Alexis fue “imposible obviar la ausencia”, confesó a La Perla del Sur. “Traté de no mirar para donde Tinti dormía. Estaba solo. Desorientado. Me sentía perdido”.
Abriendo un puente a sus reflexiones e intimidad, reconoció además que sucumbió al dolor, que durante semanas le golpeó el vacío de una compañera irremplazable. Que incluso, en silencio se dejó arrastrar por fantasmas del pasado, la melancolía y la tristeza, y que se autoexilió en ellos.
No obstante, un día todo cambió. Fue a partir del hallazgo de unas cartas. Ciento cincuenta y cuatro, para ser exactos.
Por conspiración o fino truco del destino, Alexis encontró entre las pertenencias de su esposa las cartas de amor que se enviaron entre los años 1960 y 1964, el período universitario durante el cual ella se trasladó a Río Piedras y él a Mayagüez.

“Y con ellas, ahora redescubro a esa mujer, a esa muchacha de 16 años”, expresó. “Ahí me di cuenta que no estaba solo. Que está conmigo y que ella no se fue. De que está ahí y en todas partes, porque en ellas expresa amor por todo y por todos”.
“Ahora siento que me reencontré. Que soy el de siempre y que estoy acompañado”, agregó. “Me siento en paz y feliz de la vida”.
Esa energía, aclaró de inmediato, la compartirá muy pronto con quienes amen la lectura, como parte de un acuerdo colaborativo entre Casa Pueblo y la Universidad de Puerto Rico.
Según abundó, su división editorial elabora desde hace meses un libro que se titulará Cartas de Tinti y Alexis, revolución del amor en tres tiempos, donde Alexis responde a 18 selectas cartas de su compañera, en tiempo presente y futuro.
“Cada carta es una locura”, recalcó con su innato humor y sinceridad. “Pero contestarlas ahora me ha servido para sanar su ausencia, para decirle que la amo”.
“Incluso, ha sido un proceso decolonial, donde me voy liberando del machismo. Ha sido un proceso bien hermoso”, destacó.

Además de Massol: Ruiz
Este inusitado reencuentro con memorias de Tinti, añadió, motivó también que Alexis se embarcara en una profunda búsqueda de sí mismo y sus raíces, lo que recientemente se tradujo en un descubrimiento que lo dejó perplejo.
“Mi nombre real es Luis Alexis Ruiz González. Y Tinti fue la que me dio la oportunidad de reencontrarme”, aseguró.
Según reveló, escudriñando documentos personales y relatos hasta hace poco desconocidos para él, encontró que su padre biológico es un venezolano a quien su madre, Yvelina González Rivera, conoció mientras laboraba en el hermano país.
“Ella es de Coabey, de los bravos. Fue una mujer de avanzada”, explicó a este medio.
“Mi mamá fue a la universidad en los años 40 y después se graduó de enfermería. Se fue en un programa a Venezuela, a trabajar en un Hogar del Niño, y allá conoció a quien fue mi padre biológico”.
“Entonces, cuando quedó embarazada, al tiempo ella le dijo “Yo voy para Puerto Rico a tener mi hijo. Mi hijo no va a ser venezolano, va a ser puertorriqueño. Y lo dejó”.
“Así que, gracias a mi mamá, soy puertorriqueño. Y de todas las cosas me hacen feliz, ahora también descubro algo que desconocía y que me ayuda a entender por qué tengo que seguir tratando de aportar para un mejor país”, relató.
El hallazgo, constatado con la Fe de Bautismo encontrada en Jayuya, le permitió armar su nombre original, recordar detalles olvidados de su infancia junto a sus tías maternas y constatar que a la edad de cuatro años fue adoptado por su padre boricua, Andrés Massol.
“Pero el chiste no es ese”, disparó Alexis. “El chiste es que todo el pueblo de Adjuntas sabía eso menos yo”, comentó entre carcajadas, aludiendo a posteriores encuentros con amigos del pueblo, quienes le aseguraron conocer la historia, desde hace décadas.























































Maravillosa vivencia!! Un abrazo!!
Muy linda historia. Gracias.