Concentraciones sin precedentes de sargazo avistadas al inicio del año en el Atlántico central y el Caribe abrieron las compuertas a un pronóstico poco alentador.
“El 2026 será más activo”, sentenció entonces el Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida (USF), lo que se confirmó con crecimientos explosivos de 0.45 a 1.7 millones de toneladas métricas entre los meses de diciembre y enero: un volumen que rebasa en 75 por ciento las cifras históricas para esa época del año.
No obstante, debido a la intensidad de los vientos que azotan a la región desde hace semanas, la noticia toma otro giro.
Islas de la macroalga, con un peso global estimado en 9.5 millones de toneladas, ahora flotan rumbo a playas del Caribe y Florida, con oleadas que ya han madrugado a Cancún, Playa del Carmen, Tulum y Cozumel, destinos turísticos de alta afluencia en la Península de Yucatán.
Aunque el sargazo es un hábitat esencial para peces en alta mar, su llegada temprana a las costas demanda estrategias de combate constantes para proteger tanto a habitantes cercanos como a visitantes de sus efectos.
Además, constituye otro desafío para autoridades de gobierno, cuando miles de turistas están a punto de volar a Puerto Rico para escapar de otro largo invierno y celebrar en playas sus vacaciones de primavera.
Como ocurrió el pasado año en el litoral de Punta Ballena, una reserva natural que comparten los municipios de Yauco y Guánica, el azul turquesa de la costa fue cubierto por una espesa piel de color pardo, con bancos esporádicos de sargazo que alcanzaron los tres pies de alto sobre la arena, haciendo de este popular destino uno insoportable para bañistas e imposible para surfistas.
El panorama también se complicó para organizaciones como Tortugueros del Sur, comprometidas con salvaguardar nidos de Tinglar y propiciar que la mayor cantidad de crías recién eclosionadas ingresen al mar.
Como ha corroborado la bióloga marina y profesora en la Universidad Nacional de Colombia, Briggite Gavio, las barreras de sargazo pueden ser una amenaza real para la supervivencia de estas crías.
Entretanto, la Agencia de Protección Ambiental federal recomienda evitar el contacto y la exposición prolongada a zonas donde el material se haya concentrado, ya que el sargazo en descomposición puede liberar olores desagradables y gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, perjudiciales para personas con asma o sensibilidad respiratoria.
Asimismo, recomienda el uso de ropa de protección, incluyendo guantes, botas y mascarilla a quienes manejen estos depósitos, ya que la macroalga puede albergar organismos pequeños, como larvas de medusas.
















































