En respuesta a la crisis humanitaria sin precedentes que golpea a varias ciudades de Venezuela tras los devastadores terremotos del pasado miércoles, la Guardia Nacional de Puerto Rico envió al primer contingente de aviadores que se integrará a las labores de emergencia.
El despliegue fue confirmado este lunes por el Ayudante General de Puerto Rico, general Carlos Rivera Román, quien confirmó que la movilización se realiza en coordinación directa con el Comando Sur de Estados Unidos.
El colectivo forma parte del Grupo de Respuesta de Contingencia, una unidad que se especializa en escenarios donde la infraestructura ha colapsado. Su misión principal es evaluar, habilitar y operar aeropuertos en condiciones austeras o severamente dañadas, lo que permite restablecer puentes aéreos esenciales para la entrada de suministros, equipos médicos y personal de emergencia.
“Nuestros aviadores están preparados para cumplir su misión, y la ejecución exitosa de todo el entrenamiento que realizamos cobra sentido cuando somos llamados a apoyar operaciones como esta”, expresó el coronel Evaristo Orengo, comandante del Ala 156.
La movilización ocurre mientras Venezuela sigue siendo sacudida por una intensa actividad sísmica, con cientos de réplicas que mantienen en alerta a la población, particularmente en el litoral central, incluyendo Caracas y La Guaira, dos de las zonas más afectadas.
El balance más reciente cifra entre 1,450 y 1,719 los fallecidos, con más de 5 mil heridos y miles de personas aún desaparecidas. Las labores de búsqueda avanzan con dificultad, en parte por la falta de maquinaria pesada y el acceso limitado a áreas severamente impactadas.
El colapso de la infraestructura crítica ha agravado la emergencia. El sistema hospitalario opera al límite: de los 21 principales hospitales en las regiones afectadas, solo cinco funcionan con normalidad debido a daños estructurales, obligando a improvisar espacios de atención en condiciones precarias.
A esto se suman interrupciones prolongadas en el servicio eléctrico, el suministro de agua potable y las telecomunicaciones, lo que dificulta tanto la respuesta de emergencia como la recuperación de miles de damnificados.
El sistema de transporte también permanece severamente afectado, con la paralización del Aeropuerto Internacional de Maiquetía y la suspensión de redes ferroviarias y de metro.
Miles de personas continúan durmiendo en espacios abiertos por temor a nuevos derrumbes, en medio de réplicas constantes que prolongan la incertidumbre.
En este contexto, la asistencia internacional se intensifica. Estados Unidos ha comprometido $300 millones en ayuda, mientras otros países y organismos multilaterales envían plantas eléctricas, sistemas de potabilización de agua y equipos médicos.










































