Un segundo aviso del Cuerpo de Ingenieros deja al desnudo la verdadera escala del proyecto que la empresa New Fortress Energy impulsa en la bahía de San Juan y, a diferencia del primero, aclara que el plan no se limita a dragar los muelles A, B y C de Puerto Nuevo para viabilizar la llegada de mega buques con gas natural licuado (GNL).
Ahora, la propia agencia federal admite que el objetivo real es convertir este frente marítimo de la capital en un almacén flotante permanente de gas natural criogénico.
El problema es que, en el discurso público, New Fortress ha reiterado que su San Juan Micro‑Fuel Handling Facility es un “micro terminal” de escala limitada, diseñado para abastecer GNL a la Central Termoeléctrica de San Juan y a algunos clientes industriales, con el respaldo de una unidad flotante de almacenamiento (FSU) de 30 mil metros cúbicos que recibe GNL, lo almacena y lo regasifica.
Pero el nuevo permiso que la compañía tramita ante el Cuerpo de Ingenieros cuenta otra historia.
En contraste, propone profundizar el calado del puerto para recibir buques metaneros de hasta 174 mil metros cúbicos y convertir 1,154 pies de muelles en una instalación flotante de almacenamiento de GNL, ocupada permanentemente por un buque‑almacén que se reemplazaría solo cuando se agote su carga.
La nueva propuesta no solo desdibuja la frontera entre un terminal menor y un hub regional de importación y almacenamiento de gas. También choca con otra realidad: la instalación existente de GNL en Puerto Nuevo todavía opera sin un permiso final.
Hace cuatro años, la Comisión Federal Reguladora de Energía (FERC) concedió a New Fortress una “autorización temporal limitada” para evitar que se apagaran las unidades 5 y 6 de la Central San Juan, pero mantiene abierto un proceso de declaración de impacto ambiental sobre el terminal de gas, debido a que la empresa construyó primero y, tras litigios que perdió en los tribunales, pidió permisos después.
Riesgos en una bahía viva
De igual modo, el propuesto tránsito de mega metaneros por el canal de navegación de la bahía de San Juan y el “micro terminal” contrasta con los modelos de emergencia y desalojo que se diseñaron para embarcaciones de 30 mil metros cúbicos.
Esos planes no contemplan la presencia simultánea de buques de hasta 174 mil metros cúbicos de GNL maniobrando frente a una franja urbana densamente poblada y detonan nuevas interrogantes sobre la seguridad de la población que la rodea, porque la bahía de San Juan no es un corredor industrial aislado.
Comparte espacio con terminales de carga, muelles de cruceros, lanchas de pasajeros, marinas recreativas y comunidades residenciales. También con infraestructura crítica y servicios esenciales, como carreteras principales y líneas eléctricas que quedarían dentro del radio de impacto de cualquier incidente mayor con GNL, sin que, hasta ahora, se hayan actualizado de forma pública los protocolos de emergencia para la ciudad.
En caso de una fuga masiva, incendio o explosión asociada al gas natural criogénico, las rutas de evacuación y los tiempos de respuesta diseñados para barcos mucho más pequeños podrían resultar insuficientes.
Incluso, la falta de estudios divulgados sobre escenarios de accidente a gran escala deja a las comunidades, a los trabajadores portuarios y a los visitantes sin una imagen clara de qué pasaría si algo sale mal.
Sobre todo, porque el GNL no es un combustible cualquiera. Es metano enfriado a 260 grados Fahrenheit bajo cero hasta condensarse en estado líquido y reducir su volumen 600 veces. Si se libera de forma masiva, puede evaporarse y formar una nube de gas que se desplaza a ras de suelo antes de disiparse.
En determinadas condiciones, esa nube puede encontrar una fuente de ignición y provocar explosiones o incendios de alta intensidad, como los ocurridos en 1987 en el estado de Nevada y en 2004 en la ciudad portuaria de Skikda, al noreste de Argelia.
Esto obliga a revisar desde cero las distancias de seguridad, los radios de evacuación y la capacidad real de las agencias locales para responder a un accidente mayor de GNL, exactamente lo que organizaciones comunitarias y residentes de Sabana, Amelia y Vietnam en Guaynabo, así como de los barrios Borinquen y Puerto Nuevo Norte en San Juan, llevan años reclamando.
“¿Por qué tanta prisa?”
Una de esas vecinas, la religiosa Lissie Avilés Ríos, recuerda que la propia Guardia Costanera llegó a objetar que New Fortress utilizara dos embarcaciones a la vez para el transbordo de gas porque ocupaban demasiado espacio en el canal e interferían con otros tanqueros y embarcaciones.
Por eso le resulta “bochornoso” que ahora se plantee aumentar la escala a buques metaneros mucho más grandes, sin que la Guardia Costanera vuelva a pronunciarse.
Asimismo, Avilés Ríos apuntó a un ángulo poco comentado sobre la fragilidad física del lugar donde se asienta el proyecto.
En entrevista con La Perla del Sur recordó que “esa franja completa es una franja de babote, eso era mangle”, por lo que, a su juicio, un dragado tan cercano a los muelles A, B y C añadiría otra capa de peligro a la estabilidad de todo el terminal de New Fortress y de la Autoridad de Energía Eléctrica.
“¿Qué garantiza que los pilares de ese muelle no se desplacen?”, cuestionó.
De igual modo, subrayó que, para quienes vivieron la explosión de Capeco en el año 2009, la discusión sobre “exageraciones” y “profecías del desastre” no es teórica.
Según puntualizó, en aquella ocasión bastó que una válvula fallara para desencadenar una explosión que agrietó viviendas e incluso el convento donde ella reside en Cataño, a pesar de que el centro de almacenamiento y distribución de combustible se encuentra a más de una milla de distancia.
A todo esto sumó la premura del proceso, algo que a la religiosa le pareció “sospechoso”, al involucrar documentos altamente técnicos sobre dragado, calado y zonas de operación.
“¿Por qué tanta prisa cuando se sabe que ese proyecto no cuenta con los permisos, que todavía no es legal?”, inquirió.
Mientras tanto, el reloj corre en contra de quienes piden explicaciones.
El aviso de emergencia que el Cuerpo de Ingenieros emitió el 10 de junio y enmendó cinco días más tarde, da hasta este miércoles, 24 de junio, para enviar comentarios sobre un plan que permitiría que la bahía de San Juan quede, de facto, al servicio de un almacén flotante permanente de GNL.











































