Cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán entra en su día 100, la tregua parcial se tambalea por nuevos ataques cruzados en el golfo Pérsico, amenazas contra las bases estadounidenses en Medio Oriente y negociaciones al borde del colapso diplomático.
El período más convulso desde el alto al fuego de abril se vivió anoche, cuando Irán lanzó misiles balísticos contra Israel e Israel respondió con bombardeos en el oeste y el centro de Irán. El cruce de ataques hizo que el mercado petrolero reaccionara con nuevas alzas ante el temor de que el conflicto prolongue el bloqueo en el estrecho de Ormuz y ponga contra la pared la oferta futura de combustibles en un mercado global ya bajo presión.
La incertidumbre también ahonda las interrogantes sobre el desenlace del conflicto, ya que aún no está claro si los ataques mutuos representan un revés temporal para las negociaciones o el comienzo de un colapso más amplio en los esfuerzos de alto el fuego.
El presidente Donald Trump intentó proyectar control al asegurar que la diplomacia sigue en marcha y que estos ataques “no tendrán ningún efecto” sobre un eventual acuerdo, pero pocas horas después Israel respondió con nuevos bombardeos sobre territorio iraní, pese al llamado del propio presidente a evitar una represalia mayor.
Los misiles iraníes llegaron horas después de un ataque israelí en Beirut contra lo que Tel Aviv describió como un centro de mando de Hezbollah. Teherán había advertido previamente que respondería si Beirut volvía a ser atacada, y el intercambio del domingo-lunes confirmó hasta qué punto el frente libanés sigue entrelazado con la guerra más amplia entre Israel, Irán y Estados Unidos.
Negociaciones en la cuerda floja
Entretanto, el frente diplomático parece atrofiarse ante lo que ocurre sobre el terreno, ya que desde que la actual fase bélica arrancó el 28 de febrero los intentos de negociación han chocado con exigencias incompatibles sobre seguridad regional, actividad nuclear y garantías de no agresión.
En el centro del estancamiento permanece el destino del uranio enriquecido iraní. Según fuentes iraníes citadas por agencias y medios internacionales, el líder supremo Mojtaba Jamenei aprobó en mayo una directiva que prohíbe exportar el uranio enriquecido cercano al umbral armamentístico, fijando como línea roja que esas reservas no salgan del país.
El presidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, Ebrahim Azizi, lo reiteró en público este fin de semana, al reafirmar que Irán no tiene intención de transferir su uranio altamente enriquecido a terceros países ni intermediarios.
Teherán defiende esta postura como parte de su derecho a mantener un programa nuclear civil, mientras Washington condiciona cualquier acuerdo de paz a retirar o neutralizar ese material bajo supervisión internacional.
En ese contexto, el choque directo entre Irán e Israel amenaza con alterar por completo el cálculo político de las conversaciones. Si se consolida como un episodio aislado, Washington podría sostener que el alto el fuego resiste bajo presión, pero si deriva en una secuencia de represalias, el margen para un acuerdo se estrechará rápidamente y la diplomacia quedará subordinada, otra vez, a la “lógica militar”.
La nueva cadena de ataques y contraataques se suma a los que Irán ha lanzado contra bases estadounidenses en Baréin, Kuwait, Arabia Saudí y Emiratos Árabes. Según investigación del Washington Post, desde febrero estos han dañado o destruido al menos 228 estructuras o piezas de equipo en 15 bases o sitios militares usados por los Estados Unidos en Oriente Medio.















































