Columna por Víctor Rodríguez Velázquez del Centro de Periodismo Investigativo.
Pasada la 1:00 p.m. se abre el telón virtual. Los actores en escena por YouTube: nueve hombres y cuatro mujeres en una mesa ovalada. Otras tres personas conectadas a distancia. El ambiente en la sala se percibe pesado.
Lo que sería la primera reunión del año de la Junta de Gobierno de la Universidad de Puerto Rico (UPR), pronto se convertiría en un espectáculo de careos, muecas, denuncias de censura, enredos y tecnicismos parlamentarios dignos de un culebrón cinematográfico, pero distantes de los estándares mínimos de un espacio universitario.
Sin haber transcurrido dos minutos, se produjo el primer asalto. Desde su esquina, Simonely Hidalgo Rodríguez, representante estudiantil, pidió retirar de la agenda la presentación del informe de la presidenta de la UPR, Zayira Jordán Conde.
“Nuestro reglamento interno dispone que cualquier documento a discutirse se distribuya [entre los miembros de la Junta] con al menos siete días de anticipación”, dijo Hidalgo. Eso no había pasado.
La enmienda a la agenda fue aprobada. Así se sacó, sin oposición, una pieza clave fuera del libreto. El espectáculo prometía.
Sin informe y sin turno, la Presidenta quedó imposibilitada de dar cuenta de sus gestiones desde la última reunión, celebrada el 18 de diciembre de 2025. A simple vista, podría parecer un ajuste técnico del libreto. Pero, ¿cómo se explica que quien dirige la Universidad desde julio del año pasado no haya asegurado ni la entrega ni la presentación mínima de una tarea básica de sus funciones?
Como cualquier historia adaptada al teatro, existe un contexto fuera de escena. En las pasadas semanas, se levantaron reclamos persistentes desde sectores de la comunidad universitaria que exigen una evaluación formal del desempeño de la Presidenta, argumentando que no tiene la capacidad para ocupar el cargo. Argumento presentado desde que se supo de su intención para aspirar al puesto.
Le atribuyen un liderazgo deficiente, un estilo confrontacional en las reuniones, y hasta una paralización de la transformación de la Universidad que atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia con la pérdida constante de fondos por los cambios e imposiciones del gobierno del presidente estadounidense Donald Trump y el atraso en la reconstrucción de la infraestructura. En tiempos de asedio externo, fragilidad presupuestaria y cuestionamientos sobre su capacidad, fallar en lo elemental no es un simple descuido administrativo de la Presidenta, sino un reflejo del tipo de liderazgo que ejerce —o no— desde su silla.
Transcurrieron 40 minutos en los que la historia se tejió con la rutina de debates y discusiones previstas, pero preparando la escena para el conflicto. Hasta que, de repente, alguien alzó la voz y provocó un nuevo giro en la trama.
El representante claustral Rafael Méndez Tejeda dijo: “Por los pasados más de 210 días, la Dra. Zayira Jordán Conde ha estado al mando de la Universidad de Puerto Rico. Su trayectoria ha estado marcada por un liderazgo deficiente. La comunidad universitaria ha enfrentado constante inestabilidad, atropellos, incertidumbre. Bajo su presidencia, la transformación ha sido paralizada. Los requerimientos de información no han fluido. No ha respondido a la Junta de Gobierno como se le ha pedido. La inacción administrativa no se puede quedar impune. La Universidad necesita un liderazgo ágil”.
Tras una pausa casi imperceptible, Méndez Tejeda, sentenció: “En estos momentos, ante este incumplimiento y el deber de fiducia de la Junta, y en aras de adelantar los intereses de la Universidad de Puerto Rico, presento la moción para remover a la Dra. Zayira Jordán Conde del cargo de presidenta de la UPR, efectivo inmediato”.
Las muecas más visibles aparecían en las pantallas de quienes participaban a distancia. La secretaria de la Junta, la licenciada Terlyn Sastre, dejaba escapar una leve sonrisa que oscilaba entre lo incómodo y lo sarcástico. Minutos antes, se la veía tan cómoda en pantalla, con su lata de Coca-Cola, como si la reunión fuese una rutina doméstica. Ahora, su mirada se iba fuera de la escena, buscando un refugio que no existía.
La profesora Mayda Velasco, nombrada a la Junta por la exgobernadora Wanda Vázquez Garced, mantenía la mano sobre la boca, como quien intenta contener la sorpresa ante un evento inesperado o frenar una palabra que no era el momento de pronunciar.
Existe, sin duda, un cuestionamiento legítimo sobre el desempeño de la Presidenta y sobre su capacidad para liderar en un momento tan crítico. Y también conviene recordar que los procesos de búsqueda y consulta para este puesto son largos y complejos. Cabe preguntarse si, debido a la profunda interferencia político partidista por la que atraviesa la UPR, el cambiar de presidenta ahora mismo sería una solución real. En definitiva, el problema no está sólo en la gestión de Jordán Conde, sino en la anulada autonomía universitaria que se le quitó a la institución.
Un suspiro acompañado de un “ay, ay, ay” se le escapó a Velasco, quien sugirió un receso para romper el silencio incómodo de cara a la inminente votación. El presidente de la Junta, Ricardo Dalmau, lo acató, apoyado en una consulta con la asesora legal. Eran las 2:20 p.m. y, como quien baja el telón de un primer acto, se pausó la transmisión. En pantalla quedó: “Junta de Gobierno – Reunión Ordinaria – Receso – 29 de enero de 2026”.
Segundo acto
A las 2:35 p.m., los trabajos se retomaron con la moción de destitución de Jordán Conde sobre la mesa. Dalmau abrió la sesión con un intento de calmar los ánimos. Explicó que, habiendo consultado con la asesora legal, los asuntos nuevos que no estuvieran en la agenda y tuvieran tal envergadura no se acogen normalmente, pero que él decidiría acogerlo.
Se amparó en que este tipo de decisiones requieren la aprobación de dos terceras partes de los miembros presentes. Pero Méndez Tejeda interrumpió: “Eso nunca ha sido así. El mismo mecanismo que elige, es el mismo mecanismo que destituye. Y el mecanismo de elección fue mayoría absoluta”.
Dalmau respondió: “Bueno, consultado con la asesora legal…”
La asesora legal tomó la palabra: “Señor presidente, cuando se eligió [a la Presidenta], ese asunto estaba programado en agenda. Al ser un asunto que no está en agenda y de esta envergadura, por el proceso parlamentario, requiere dos terceras partes”.
La declaración generó murmullos de incredulidad. Méndez Tejeda no pudo ocultar su indignación: “Esto es insólito”, esbozó mirando al colega que tenía al lado, el segundo representante claustral, el profesor William Muñiz Rivera.
Hidalgo intervino para exigir la fuente parlamentaria, y la fuente en derecho “donde se fundamenta esa decisión, porque eso no está en nuestro reglamento interno ni en el manual de Bothwell. Me gustaría saber la cita exacta y la página”.
Todo este intercambio muestra cómo el poder también se ejerce por medio de tecnicismos, mientras los problemas reales de la Universidad quedan postergados.
El segundo acto vino con un aire de confrontación que iba escalando. La discusión se enredó cuando Muñiz Rivera pidió que uno de los participantes a distancia no votara, argumentando que no había estado presente durante la presentación de la moción. Se trataba del empresario Julio Cabral Corrada, uno de los miembros más recientes de la Junta, nombrado por la gobernadora Jenniffer González y quien entró a la reunión 15 minutos después de haber sido presentada la moción de destitución.
Cabral Corrada intervino en tono confrontacional, explicando que se encontraba en un lugar con internet inestable y que por eso no había seguido la presentación completa. Tras breves deliberaciones, se le permitió votar, y la Junta decidió emitir el voto de manera secreta. El problema de internet de Cabral pareció haberse solucionado, y pudo votar.
La votación llegó a su fin: siete en contra, cinco a favor y una abstención. Estuvo cerrada. La moción no prosperó, pero la tensión no se disipó. La intervención de Dalmau no contuvo la indignación que se percibía allí.
“Aprovecho nuevamente y les voy a hablar con mucha nobleza y con mucha apertura…”, comenzó buscando calmar los ánimos.
Habló de la importancia de trabajar juntos y de unir esfuerzos: “…para que demos la oportunidad y trabajemos en conjunto, porque lo más importante es la Universidad de Puerto Rico”.
“[A] todos, de una forma u otra, nos toca trabajar con recursos que, quizás entendemos que hay otros recursos que pueden hacer un trabajo más efectivo… pero lo que quiero es extenderles la invitación a que trabajemos en conjunto todos. La Universidad merece eso”, cerró.
Porque, claro, nada dice “trabajar en conjunto” como horas de debate cruzado, mociones frustradas, un miembro de la Junta que entra tarde a la reunión para votar sobre la moción para destituir a la Presidenta, y una minoría que representa directamente a la comunidad universitaria haciendo malabares para que sus propuestas sean consideradas.
Pero ahí no quedó el asunto. Como en toda obra, hubo espacio para uno de esos monólogos que aguantan la respiración del público. Hidalgo tomó la palabra: “Entiendo que esta Junta tiene una falta de liderazgo. Yo entiendo que la Universidad de Puerto Rico está en un momento crítico. Considero que la trayectoria de la doctora Jordán ha demostrado que es incapaz de administrar la Universidad de Puerto Rico. Entiendo que desde su llegada aquí el 1 de julio eso ha estado demostrado: la transformación de la Universidad ha estado detenida, llevamos meses esperando que se nos someta una estructura para que nosotros podamos aprobar, no hay ningún avance en la Junta de Control Fiscal, no ha desembolsado ningún dinero…”, dijo el representante estudiantil.
“Creo que al final del día si hay una persona responsable de todo lo que está pasando en la Universidad y de mantener y fomentar la incompetencia, la mediocridad y la insubordinación, es el presidente de nuestra Junta [Ricardo Dalmau]”, sentenció, aunque no ofreció datos o ejemplos específicos. Me pregunté: ¿qué sabe el estudiante que no dijo? Hubiera sido una gran oportunidad para aportar evidencia que permita escrutinio público y rendición de cuentas.
El segundo acto continuó in crescendo con acusaciones y confrontaciones. Se denunciaron censuras, se habló de dictaduras….
Los ataques se volvieron personales, las acusaciones cruzadas se multiplicaron. Los tonos de voz subieron para imponerse cuando los argumentos no alcanzaban. Todo esto ocurría desde un cuerpo que administra fondos públicos y decide el futuro de la principal universidad del país.
Una moción de clausura pedida por la profesora María Mulero Pastrana, representante del secretario de Educación, Eliezer Ramos Parés, desató una nueva ola de tensión. Propuso que los trabajos se clausuraran para efectos de la transmisión, para quienes seguíamos la trama de manera virtual.
La propuesta provocó el repudio de Hidalgo y de Muñiz, quienes, entre gestos de desaprobación y manos levantadas, reclamaron que iba en contra de la ley, que exige que las reuniones sean públicas.
Mulero tomó la palabra: “No propongo que se acabe la reunión, solo que lo que discutamos fuera de transmisión, especialmente asuntos de personal protegidos por la Ley. No quiero limitar su derecho a expresarse”, arguyó.
Las palabras intentaban calmar los ánimos, pero sólo dieron paso a que incrementara el conflicto en sala por los enredos parlamentarios.
“Hemos transmitido muchos asuntos en transmisión y quisiera terminarlos, por respeto a todos, pero necesitamos primero controlarnos y tratar de correr esto con elegancia, evitar ataques personales y tratar de correr como corresponde, como siempre lo hemos hecho”, intervinó el presidente de la Junta. Sus palabras eran un intento de “dejar para otro momento” la selección de un nuevo vicepresidente tras la salida de Jorge Valentín Asencio.
“Señor presidente, a mí me parece muy preocupante que haya una apelación sobre una decisión suya y usted ahora esté diciendo que esto no se puede atender…”, replicó Hidalgo, y con ello se abrió un nuevo intercambio que escaló hasta un reclamo dirigido a la presidenta Jordán, que lo miraba desde su esquina con gesto serio, casi imperturbable.
“¿Tiene algún problema, presidenta? —preguntó el estudiante. “No, es que como me están haciendo cara…”, increpó el alumno a Jordán.
Mulero volvió a tomar la palabra: “Vamos a bajar la tonalidad. Vamos otra vez a un centro, porque nosotros, independientemente, tenemos que trabajar por el bien de la Universidad”.
Luego de la votación para posponer la selección de un vicepresidente por dos semanas, la obra dramática pareció llegar a su final. La tensión apenas cedió.
Para quienes observábamos como público, el desenlace dejó gran decepción. Lo ocurrido no sólo reflejó desorden y falta de dirección, también dejó una preocupación profunda sobre la capacidad de gobernanza de la actual Junta de Gobierno para atender los problemas estructurales que enfrenta la Universidad en un momento crítico para su futuro.
Máxime cuando, en un turno informativo, la Presidenta anunció la transferencia de fondos legislativos originalmente asignados a la reconstrucción de la residencia estudiantil Torre Norte —cerrada desde 2017— para destinarlos a la subestación eléctrica del campus y a los sistemas de enfriamiento, dejando nuevamente la vivienda estudiantil en un limbo.
El resultado de una reunión marcada por confrontaciones estériles, intervenciones improvisadas y disputas de procedimiento parlamentario sólo sirve para mantener la parálisis institucional, profundizar la desconfianza y relegar a un segundo plano los asuntos urgentes que afectan a la comunidad universitaria y al país, cuyos recursos sostienen a la UPR.
Y, como en toda obra que deja al público reflexionando, queda la pregunta inevitable: ¿es este el ambiente que queremos dentro del grupo a cargo de nuestra universidad?


















































