Desde agosto de 2025, el reinicio de las prácticas militares en Puerto Rico ha generado e, incluso, reavivado la ansiedad de residentes en pueblos como Arroyo, Salinas y Ponce.
Mientras para algunos el rugido de estos aviones es una experiencia nueva y alarmante, es imprescindible recordar que la militarización de la isla es una historia que se ha repetido durante décadas de ocupación, como son los casos de Vieques, Salinas, Ceiba, Aguadilla y muchos otros municipios de Puerto Rico.
Recientemente, el Comité Dialogo Ambiental organizó un intercambio educativo de jóvenes en Vieques, donde residentes compartieron acontecimientos históricos y sus experiencias con los impactos a la salud y el ambiente causados por los ejercicios militares en la isla municipio.
Desde el 1941, la Marina ocupó dos tercios de la isla municipio para prácticas militares, incluyendo el bombardeo continuo del territorio adquirido. Desplazando comunidades, este acaparamiento de terrenos también se dio en Salinas y otros municipios de nuestro archipiélago. A más de 20 años de su salida en el 2003, la mayor parte de las 14,573 cuerdas ocupadas permanecen contaminadas por residuos militares y municiones sin detonar.
La restricción de las áreas contaminadas no ha protegido a los viequenses de enfermedades y condiciones de salud. Según un estudio del 2020 publicado por el Journal of Health Economics, Vieques registró tasas elevadas de anormalidades fetales durante los años de bombardeo, incluyendo anomalías congénitas, partos prematuros extremos, bajo peso al nacer y puntuación baja de APGAR, la evaluación de apariencia, pulso, gesticulación, actividad y respiración.
Esta desafortunada estadística se vincula a las estimadas 100 mil a 300 mil toneladas de artillería en Vieques, producto directo de las prácticas militares en la isla nena. El mismo estudio observó que, tras el cese de la actividad militar, en Vieques las anormalidades fetales se redujeron en 77 por ciento.
El legado ambiental es igualmente preocupante. Además de provocar inestabilidad para los residentes, las municiones detonadas constantes destrozaron arrecifes coralinos, dejando en su lugar cráteres que expusieron al suelo a erosión y sedimentación acelerada.
Las municiones contenían metales pesados como arsénico, plomo y mercurio, los cuales continúan filtrándose en el suelo, el agua y la cadena alimentaria. Por ello, expertos y residentes sospechan que estos químicos son el causante de la alta incidencia de cáncer en Vieques.
El Registro Central de Cáncer de Puerto Rico ha documentado que Vieques posee la tasa de mortalidad por cáncer ajustada por edad más alta del país, con un promedio de 17 muertes por cáncer cada año.
Aunque la Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades no encontró una correlación directa entre los niveles de mercurio en el ambiente y las prácticas de la Marina, cabe cuestionar cómo es posible que la presencia de estos químicos tóxicos y la alta incidencia de enfermedades subsecuentes no están vinculadas.
En este momento crítico donde se vive la remilitarización de Puerto Rico por parte del Departamento de Guerra de Estados Unidos, tenemos que visibilizar no solo la historia de Vieques, sino también la lucha de Vieques.
La desocupación por la Marina en el 2003 no fue obra de magia. Ocurrió después de décadas de esfuerzo por residentes y activistas. Sea en Vieques, Arroyo, Ceiba o Salinas, no podemos ser espectadores mientras reclutan a nuestra juventud para la guerra y utilizan a nuestro hogar como herramienta de violencia.
















































