Urgente que el país se adapte a más severos episodios de sequía

“Los datos apuntan a que sí hemos tenido una trasformación hacia periodos de sequía mucho más extensos y un periodo de lluvia -que empieza en agosto- más (agudo)”, confirmó el biólogo y exguardabosque del Bosque Seco, Miguel Canals Mora.

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Por años, científicos y ecologistas han advertido que los cambios en los patrones climatológicos ya no son un mito, sino una realidad que está alterando la agricultura y las reservas de agua del país.

Sin embargo, tanto la apatía del sector industrial como la incompetencia del gobierno para adaptarse a la nueva realidad han propiciado la tormenta perfecta: la ausencia de remedios y respuestas a periodos de sequía más intensos en Puerto Rico.

Como evidencia el récord del Monitor Federal de Sequía en la isla, hasta el pasado 28 de febrero, 72 de los 78 municipios del país evidenciaban condiciones atípicamente secas, mientras que 33 de ellos rozaban el umbral de una sequía moderada.

Entre ellos figuran 11 pueblos del noroeste y todos los municipios del litoral sureño entre Cabo Rojo y Guayama, por lo cual sobre 892 mil personas viven actualmente bajo condiciones de sequía en Puerto Rico: el número más alto en el mes de febrero desde el año 2016.

Como agravante, los pronósticos no auguran lluvia suficiente para atajar la situación a corto plazo.

Las precipitaciones ocurridas en días recientes no han sido suficientes para reabastecer los embalses de Toa Vaca y Cidra -que ya están en Nivel de Observación- confirman los registros de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA).

Entretanto, los embalses del Río Blanco y Carite podrían unirse a la misma categoría en pocas semanas, de prevalecer el mismo patrón.

Simultáneamente, un plan de racionamiento de agua entró en vigor el pasado 22 de febrero en municipios del noroeste como Aguada, Aguadilla, Camuy, Isabela, Moca y el barrio Puntas de Rincón.

Extremos

Aunque las explicaciones a las fluctuaciones en la precipitación anual de Puerto Rico siguen siendo tema de debate, para algunos expertos sus efectos ya son incuestionables.

Por ejemplo, para el experimentado biólogo Miguel Canals Mora, el problema no reside en el promedio de precipitación anual, sino en cómo la lluvia se está distribuyendo durante el año, ya que los patrones del clima sí están cambiando.

“Históricamente, siempre hemos tenido episodios de sequía cada cierto periodo de años. Antes las sequías fuertes ocurrían en intervalos de cuatro o cinco años, pero durante los pasados 10 años hemos observado una polarización del clima y la temporada de sequía es mucho más fuerte”, planteó.

“Los datos apuntan a que sí hemos tenido una trasformación hacia periodos de sequía mucho más extensos y un periodo de lluvia -que empieza en agosto- más (agudo)”, continuó.

Aunque el promedio anual de precipitación en municipios como Guánica no ha presentando una variación neta substancial, el también exguardabosque del Bosque Seco opinó que los patrones de lluvia son cada vez más impredecibles.

“La temporada de lluvia que se supone que tengamos entre marzo, abril y mayo no se ha manifestado como antes, lo que hace que se conecte la sequía de enero y febrero con la sequía del verano. En ese sentido, el cambio ha sido palpable”, explicó.

“En vez de estar la lluvia distribuida más uniformemente durante el año, como pasaba anteriormente, ahora el 75 por ciento de la lluvia está cayendo entre agosto y diciembre. Eso no había ocurrido durante los más de 30 años que estuve en el Bosque (Seco de Guánica)”, continuó.

“El cambio se nota”

El cambio también ha sido palpado por Francisco Zayas Seijo, exalcalde de Ponce y agricultor con más de 35 años de experiencia en la zona montañosa de Jayuya.

“Yo era uno de los escépticos, pero he empezado a notar el cambio”, reconoció.

“En la finca teníamos tres riachuelos y de los tres queda uno. Se secaron completamente. El cambio ha sido gradual, pero notable, desde el 1998 o 2000 para acá”, dijo.

Zayas Seijo, empero, anticipó que sequías más severas y un acuífero del sur “agotado” podría tener efectos catastróficos en la industria del plátano de la zona sur.

Asimismo, auguró que para sobrevivir, los agricultores “van a tener que cambiar la forma en que históricamente han hecho las cosas”.

“En términos agrícolas, tú no has visto un cambio del gobierno de Puerto Rico. Los jefes en el Departamento de Agricultura no se han dado cuenta que las cosas han cambiado”, sentenció.

“Tenemos que decirle a la gente que tiene que cambiar su manera de sembrar y abonar. Yo soy uno que siempre he sembrado a cielo raso, pero a lo mejor tengo que empezar a poner cierta sombra”, continuó. “Ahora tienes que pensar si vas a sembrar, porque te arriesgas a que no vaya a llover”.

Del discurso a la acción

Por su parte, el biólogo y catedrático de Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, Arturo Massol Deyá, planteó que ya es momento de que el gobierno sea proactivo.

“Nosotros no tenemos control sobre si llueve o no llueve. Lo que sí podemos controlar es cómo utilizamos nuestros espacios”, expuso.

“En la sequía pasada hablaban mucho sobre cuidar las cuencas, de reforestar y que había que dragar los embalses para aumentar la capacidad de almacenaje, pero luego de ese discurso no se hizo nada. Ya estamos en el umbral de otro posible periodo bien seco y volverán a decir lo mismo”, abundó.

“El manejar el recurso agua, reducir los escapes de agua potable y promover una seguridad hídrica para el país no puede ser un tema de cuatrienio a cuatrienio. Hay que tener una agenda con una visión más prolongada y amplia. Cambian las administraciones y esto usualmente queda en rezago”, continuó.

Ante esto, Massol Deyá resaltó la urgencia de que se cree un plan amplio de mitigación y adaptación a las nuevas realidades climatológicas que enfrenta y enfrentará el país en años venideros.

“Asuntos como estos requieren una mirada más amplia y científica que pueda ayudar a los agricultores a hacer los ajustes. Pero ahora mismo no hay datos de manera sistemática que puedan darle dirección a los agricultores”, afirmó.

“Tiene que haber un acercamiento científico a lo que uno pudiera llamar esta nueva realidad de que el clima está ligeramente cambiando. Tú no puedes actuar mirando al pasado, pensando en las cosas como se hacían antes. Eso ya no te da certeza. Tienes que actuar sabiendo que las cosas cambian”, agregó.

“Ahora hay que pensar mirando hacia el futuro, un futuro en que las cosas van a ser diferentes y ahí es donde el acercamiento científico pudiera ayudar a generar conocimiento que nos de herramientas para adaptarnos. Hay que adaptarse”, insistió Massol Deyá.

A su reclamo se unió el climatólogo Ángel Torres Valcárcel.

Aunque aseguró que aún es prematuro determinar si se ha dado un cambio definitivo en el patrón de lluvias en el país, resaltó la necesidad de levantar más datos para conocer el cuadro real.

Torres Valcárcel, quien participó en el comité técnico que trabajó con el primer Protocolo de Sequía en el 2014, también destacó la importancia de regionalizar los planes de manejo de sequía.

“Una reducción de lluvia que en el área norte no representa nada, en el sur -donde llueve menos- podría ser un cambio bien importante”, explicó. “En Puerto Rico, por pequeño que sea, hay suficiente variabilidad climática como para hacer planes específicos en las distintas zonas”.

“Hay que hacer estudios para visualizar con anticipación si vamos a tener cierto tipo de problema. Hacía eso es que se debería mover la comunidad científica”, concluyó.

Massol Deyá resaltó la urgencia de que se cree un plan amplio de mitigación y adaptación a las nuevas realidades climatológicas que enfrenta y enfrentará el país en años venideros.