Un tonto de capirote: ¿de dónde viene esta expresión?

En la Edad Media, quien llevara puesto el capirote era objeto de escarnio público.

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El capirote es un gorro en forma de cono invertido que, desde tiempos de la Edad Media, la Santa Inquisición española obligaba a llevar sobre la cabeza a toda persona acusada de algún delito, pecado o herejía.

Quien llevara puesto el capirote, además, era objeto de escarnio público, siendo el centro de burla del populacho que se agolpaba en las plazas públicas donde eran exhibidos los castigados por el tribunal eclesiástico.

Dependiendo del grado de castigo, la persona juzgada o acusada por la Inquisición llevaba una serie de elementos que distinguían las imputaciones o condenas.

A los acusados de pecados menores que mostraban arrepentimiento se les colocaba una especie de saco de lana conocido como “Sambenito”, que debían portar durante largo tiempo junto al capirote. Vestidos de esa forma, eran paseados y mostrados para ser humillados públicamente.

Famosos también son los capirotes que portaban los penitentes en España durante las procesiones, sobre todo en Semana Santa, pero estas capuchas iban forradas de tela que caía sobre los hombros y solo llevaban un par de agujeros para los ojos, evitando así que se les viera el rostro y se guardase así el anonimato de su identidad.

De ahí que con el tiempo surgiese por parte del pueblo el señalar a aquel que llevaba un capirote con la cara descubierta como alguien falto o escaso de entendimiento -el tonto del que todos se ríen- apareciendo en el vocabulario popular la expresión “tonto de capirote”.

El origen etimológico del término capirote proviene de “capirón” y este del latín “cappero”, cuyo significado es “prenda que cubre la cabeza”.