Un abrazo solidario: el mejor regalo para Christian Brebán Rodríguez

También conocida como la enfermedad de Lou Gehrig, la esclerosis lateral amiotrófica suele atacar entre los 40 y los 60 años de edad. Sin embargo, a Christian le tocó en la plenitud de los 30 años. Su madre, Madeline Rodríguez, no se separa de él.

Foto Omar Alfonso

La cotidianidad de la vida de un joven ponceño se vio alterada súbitamente por la inesperada llegada de una enfermedad que ha afectado su capacidad de movimiento, pero no ha podido frenar sus deseos de vivir, su conciencia ciudadana y su actitud positiva ante la adversidad.

Aunque hay días mas adversos que otros, Christian Brebán Rodríguez acepta con resiliencia la realidad actual, dejando atrás muchos sueños, proyectos y hasta su independencia, ya que el avance de su condición lo obliga a depender casi en su totalidad de sus seres amados.

Hasta hace cuatro años, este joven graduado de Artes Culinarias del Instituto de Banca de Ponce mantenía un ritmo de vida activo entre su trabajo en el Hotel Ramada, las visitas al gimnasio para hacer ejercicios, el tiempo para compartir con sus amistades y su familia, pero sin descuidar las tareas propias en el apartamento que recién había adquirido.

“Él era completamente independiente. Tenía su apartamento, pero siempre venía a darnos la mano. Pero un día todo cambió”, relató su madre, Madeline Rodríguez Pérez, al recordar que fue en el 2016 cuando su hijo comenzó a sentir los primeros síntomas.

Síntomas que, según expresiones del joven, eran raros, pero los ignoró pensando que correspondían a dolores musculares, típicos del cansancio por la agenda propia de un joven trabajador.

Luego de varios sucesos, como caídas inesperadas y adormecimiento de las extremidades, Christian y sus padres decidieron que era tiempo de buscar ayuda, la que inició a través de la Corporación del Fondo del Seguro del Estado, a donde fue referido luego de sufrir una caída en el área donde laboraba.

Lamentablemente, a pesar del deterioro en su estado de salud, Christian pasó muchos meses sin un diagnóstico certero, ya que la espera por citas con los especialistas se dilató mucho y tras el paso del huracán María, todo se atrasó más.

Hasta el 24 de enero del 2018. Ese día, el neurólogo que lo atendió le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica, una condición no hereditaria que ataca a las neuronas en el cerebro, el tronco cerebral y la médula espinal, que controlan el movimiento de los músculos voluntarios, provocando que la persona pierda fuerza y movilidad.

También conocida como la enfermedad de Lou Gehrig, esta condición suele atacar entre los 40 y los 60 años de edad. Sin embargo, a Christian le tocó el golpe en la plenitud de los 30 años.

“Luego del diagnóstico comienza la etapa de adaptarme a vivir con esta enfermedad, la que llegó sin ser invitada; prepararme para los cambios que se aproximan. Como todo un guerrero me vestí con la armadura de la fe y dije vamos hacia adelante”, expresó el joven en un escrito que publicó en su página de Facebook, con el fin de alentar a otros jóvenes con enfermedades similares, y para exhortarlos a no rendirse y mantener la fe, incluso, en tiempos difíciles.

“Yo sé que las cosas pasan por un propósito y mi mentalidad siempre ha sido ‘Dios, muéstrame qué tú quieres enseñarme en este proceso’, porque aprendí que a Dios no se le cuestiona. A Dios se le obedece”, añadió entonces el joven.

Más difícil a solas

Por desgracia, las agencias del gobierno y otros centros de servicios aún no han llegado al auxilio de Christian y sus abnegados padres, pues la Administración del Seguro Social le ha negado el beneficio por incapacidad, ante la falta de créditos para completar la elegibilidad.

De igual forma, no dejan de tocar puertas para tratar que el Plan de Salud del Gobierno de Puerto Rico amplíe los beneficios que ofrece este joven ponceño.

Aún así, doña Madeline no pierde las esperanzas. Junto a su esposo Gaspar Brebán Figueroa, ambos sexagenarios, ha dejado todo para dedicarse a su hijo, literalmente, en cuerpo y alma.

“Nosotros somos personas retiradas, conseguimos un Part Time para poder ayudarle con los gastos médicos; pero lo tuvimos que dejar para dedicarnos solo a él”, confesó doña Madeline, tras aceptar que la avanzada condición de su hijo no solo ha afectado su capacidad para expresarse. También su habilidad para moverse y trasladarlo a sus citas médicas.

“Él ya está en silla de ruedas, no come por sí solo, porque no puede levantar los brazos. Perdió la movilidad en sus piernas y en casi todo el cuerpo”, continuó.

“También ha perdido el habla”, agregó esta guerrera, quien insistió, no cesará en la búsqueda de ayudas para su hijo.

Ejemplo de ello es su encuentro con SER de Puerto Rico, entidad que prontamente le aprobó a Christian terapias que intentarán frenar el deterioro en la movilidad de sus brazos.

“Le están enseñando hasta usar una tableta, con el poco movimiento que tiene en las manos, para que pueda comunicarse por escrito”, continuó doña Madeline.

“Él está consciente de todo y nos trata de ayudar, pero ha sido difícil, porque él es grande”, agregó la madre, al describir a su hijo de 5’9” de estatura y 170 libras de peso: un reto indescriptible para padres de mediana estatura.

Una plegaria al cielo

Mas a pesar de todos los esfuerzos y sacrificios, aún Christian carece de numerosos equipos para mejorar su calidad de vida en esta dura travesía.

Recientemente, recibió algunos que facilitan el movimiento dentro de su casa en la urbanización Jardines del Caribe en Ponce, ya que la escasa fuerza en las extremidades han propiciado caídas que pueden agravar su condición.

Y aunque Madeline no sabe cómo más agradecer la ayuda que ha llegado, reconoció a La Perla del Sur que ya es impostergable la búsqueda de un vehículo con rampa, que le permita acceso seguro y transportación a sus citas médicas, las que mayormente son en la zona metropolitana.

“Hemos intentado conseguirla nosotros, pero económicamente no podemos. Y en estos momentos, como está su condición, montarlo al carro es bien cuesta arriba para él y para nosotros”, relató.

“Hemos tratado de conseguir un vehículo, pero realmente no podemos”, añadió casi resignada la matriarca de un núcleo familiar que depende del Seguro Social de su esposo.

Entretanto, cuando el desespero y el agotamiento atentan con erosionar las fuerzas que quedan, ambos recurren a las palabras escritas por el propio Christian, cuando las energías aún se lo permitían:

“Esta condición te cambia la vida por completo, tanto al paciente como a la familia. Al día de hoy puedo testificar que Dios no me a desamparado. Esta condición me quitó la fuerza de mis brazos, manos, piernas y un poco la habilidad de hablar, pero no podrá quitarme mi FE, mi sonrisa y mis ganas de vivir. Mi discapacidad no me define a mí, me define Dios y sé que su propósito en mí se cumplirá”, expresó el joven en su cuenta de Facebook.

Familias, empresas y organizaciones dispuestas a brindar apoyo a Christian, pueden comunicarse con sus padres al teléfono 787-844-5509. También puede hacer su donativo a la cuenta del Banco Popular 243-425655.

Christian Brebán Rodríguez