Última llamada: se despide de los escenarios Producciones Candilejas

Producciones Candilejas nació en el año 1970. Desde entonces, Joseph Amato y Juan González la convirtieron en una de las compañías teatrales de mayor renombre en la historia del país.

Foto La Perla del Sur

Conversar con el dramaturgo Juan González Bonilla suele ser una faena incontrolable. Tras el tradicional abrazo y su apasionado saludo, es inevitable sentir la energía de un gigante preso en el cuerpo de un actor con 5-6 de estatura.

Sin embargo, esta vez Juan no era el de siempre.

Sin que le preguntaras lo que fuera y casi por inercia, este hijo de Santurce acostumbraba vaciar sus pulmones para saber de tus seres queridos y adular tu apariencia. Pero el pasado jueves, no fue así.

Aunque no escondió su sonrisa ni sus innatas cortesías, cierta penumbra eclipsaba su voz a medida que subía a su apartamento en la calle Taft de San Juan.

Para colmo, por primera vez había pedido que en el encuentro estuviera presente su amigo e inseparable socio Joseph Amato, la espina dorsal de Producciones Candilejas: el retoño que a partir del año 1970 ambos convirtieron en una de las compañías teatrales de mayor renombre en la historia del país.

Y allí estaba. Con afable ademán y puesto de pie en uno de los salones del hogar de Juan, Joseph reiteró la bienvenida e invitó a tomar asiento con absoluta candidez y serenidad: una postura diametralmente opuesta a la del eléctrico anfitrión que, con cigarrillo en mano, no paraba de moverse entre su escritorio y la puerta de la habitación.

Fue entonces cuando una sola frase dio sentido a lo que ocurría: Juan y Joseph se retiran. Y junto a ellos, Producciones Candilejas.

La decisión, aclaró Juan, no fue fácil ni improvisada. Se ha sopesado y reevaluado por ambos durante los pasados dos años, aún en contra de la voluntad del propio Juan. “Pero es lo correcto”, puntualizó Joseph, el certero ingenio empresarial de esta productora teatral.

“Me dolió aceptarlo, pero ya físicamente no puedo”, ripostó Juan, “porque producir es estar el día y la noche en la calle, algo que ya es muy difícil para alguien que ha sido operado de la espina dorsal”, comentó. “Estoy disimulando frente a ti, pero en la calle camino con un bastón y me cuido porque tengo osteoporosis en la cadera”.

Esta limitación, reconoció, afloró a partir del accidente que en 1991 sufrió en el escenario del Teatro La Perla, mientras presentaba el drama Los Confinados. Allí, justo antes del intermedio, su pie derecho quedó pillado en una escalera. Al forzar su salida, provocó una fractura que requirió horas más tarde un viaje de emergencia al hospital.

“Otra vez. No ha sido una decisión fácil”, continuó, “pero ya pienso que nosotros hemos cumplido con el pueblo de Puerto Rico. Le hemos dado 50 años de nuestras vidas, le hemos dado trabajo a la clase artística, tenemos 28 estrenos de teatro puertorriqueño, y el tiempo que nos queda queremos dedicarlo a calentar el hogar y a la vida misma, porque ya cumplimos”.

La noticia, agregó Joseph, quisieron compartirla primero con el pueblo ponceño y la fanaticada sureña, ya que Ponce y la región han sido de sus 108 puestas en escena los patrocinadores por excelencia, desde tan temprano como cuatro décadas atrás.

“Ponce nos ha abierto los brazos desde el año 1976, cuando llevamos allá Doce paredes negras”, recordó Joseph con impecable claridad.

El drama de Juan González – entonces protagonizado por Esther Sandoval, Mildred Karen, Raúl Carbonell y Luis Torres Nadal – impulsó además una relación de respeto y fidelidad entre el público y Candilejas, ya que el binomio de productores determinó siempre llevar al sur la misma calidad de reparto y escenografía que se instalaba en el Teatro Tapia o el Centro de Bellas Artes: algo que no se acostumbraba para la fecha.

Por ello, desde entonces figuras como Lucy Boscana, Francisco Prado, Mercedes Sicardó, José Reymundí, Iris Martínez, Walter Rodríguez, Johanna Rosaly, Samuel Molina, Gladys Rodríguez, Chavito Marrero, Sully Díaz, Pedro Juan Figueroa, Idalia Pérez Garay, Marcos Betancourt, Lydia Echevarría y Raúl Rosado desfilaron sobre el escenario del Teatro La Perla de la mano de Juan y Joseph, junto a exponentes locales como Danny Torres, Joffre Pérez y el mimado Luis Raúl Martínez, quien debutó profesionalmente como actor en Títeres de Cachiporra, de Federico García Lorca.

Por conducto de Candilejas, además, el público sureño hizo su inmersión en clásicos como Tiempo Muerto de Manuel Méndez Ballester, Bodas de Sangre y La Casa de Bernarda Alba de García Lorca, Antígona de Sófocles, y La Carreta o Los Soles Truncos de René Marqués.

No obstante, fueron montajes como Flor de Presidio, Palomas de la Noche y Palacios de Cartón – todos de la autoría de Juan – los que sentaron precedente al derribar el muro imaginario que por décadas separó las clases sociales menos privilegiadas con el teatro dramático puertorriqueño.

Éxitos taquilleros como estos, además, demostraron al binomio teatral que el público boricua estaba listo para ventilar en escenarios temas profundos, hasta entonces vetados por tabú entre círculos de poder. Lo demás, es historia.

Hasta luego: nunca adiós

Adoptada la determinación, Joseph y Juan adelantaron que seguirán deleitándose con el elixir que les une a cientos de amigos y practicando lo que más les apasiona en esta nueva etapa de sus vidas.

“En mi caso”, confesó Juan, “voy a seguir escribiendo, aunque sea para mí. Tengo dos obras casi terminadas y la cabeza llena de poemas. Poemas de dolores, de alegrías y soledad”.

No obstante, otro proyecto está a punto de caramelo y es el tercer libro de Juan, la compilación de 14 obras Me quedo con las mujeres, un proyecto en el que él y Joseph laboran desde hace dos años y que verá la luz pública en los próximos meses.

“Ese tercer libro va a ser nuestro cierre y con él dejaremos en la historia escrita parte de nuestro trabajo”, recalcó Joseph.

No obstante, aunque ahora no lo reconozcan, son sus creaciones y su legado al teatro lo que el tiempo consagrará como su más elocuente e indiscutible obra maestra.

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