Tras huracán, temblores y pandemia: Sobre 30 mil estudiantes han desertado de la escuela pública

El estudio elaborado por el economista José Caraballo Cueto también reveló que durante los pasados seis años, otros 73,233 estudiantes salieron del sistema público de enseñanza, al emigrar a los Estados Unidos o algún otro país.

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Desde el año 2015, alrededor de 33,704 estudiantes han abandonado la escuela pública en Puerto Rico, siendo los desastres naturales del huracán María, los temblores en la zona suroeste y la pandemia de Covid-19 algunos de los detonantes.

Así consta en el nuevo estudio “Algunos Determinantes de la Deserción Escolar en Puerto Rico”, elaborado por el profesor y economista José Caraballo Cueto, quien destacó que la cifra es suficiente para llenar 95 escuelas con 355 estudiantes, en cada una.

A juicio del catedrático, los fenómenos naturales, los factores económicos y sociales imperantes en la isla, al igual que decisiones administrativas en el Departamento de Educación agravaron la deserción en años recientes.

Según se revela en el análisis, la edad promedio del desertor escolar en Puerto Rico ronda los 14 años y medio, por lo que muchos apenas completan el noveno o décimo grado.

“Hemos visto de casos de niños en escuela elemental, pero el problema se agrava en la escuela superior”, afirmó Caraballo Cueto.

“En la escuela superior, los estudiantes entran en unos cambios sociales que no facilitan que se queden en la escuela, sobre todo, si no hay una infraestructura que los apoye a permanecer en la escuela”, continuó.

“El aprovechamiento académico en los últimos años también ha venido a la baja y mientras peor sea el aprovechamiento académico, mayor es la probabilidad de desertar”, añadió.

Salida de escape

Aunque del total de desertores escolares 8,893 simplemente dejaron de asistir a sus escuelas, otros 8,675 se dieron de baja para “estudiar en un programa acelerado o alternativo”.

Esto, sin embargo, equivale a una deserción, aclaró Caraballo Cueto.

“Estas son corporaciones que se establecen en Puerto Rico y ofrecen completar el cuarto año en semanas o un par de meses. Cuando el currículo en una escuela privada o pública es de un año, yo no sé cómo ellos pueden decir que en poco tiempo han logrado un aprovechamiento académico aceptable. Es otorgar un título de cuarto año luego de pagar por un programa desregulado, porque nadie está supervisando esos programas”, explicó.

“El problema es que nadie garantiza que tengan las destrezas que uno esperaría de una persona que tiene un cuarto año. Puede que ahí haya analfabetas funcionales que saben leer y escribir de manera subóptima, pero técnicamente tienen un grado de cuarto año”, abundó.

Asimismo, otros 8,526 se transfirieron a una “escuela nocturna, proyecto casa o programa de adultos”, mientras que 1,094 se “transfirieron a una institución de corrección o rehabilitación disciplinaria”.

Más deserción en ciudades

Por otra parte, Caraballo Cueto destacó que una cantidad significativa de los casos de deserción se concentran en centros urbanos como los de San Juan, Ponce y Mayagüez.

De hecho, el 18.7 por ciento del total de los desertores son de la región educativa de San Juan, que incluye los pueblos de Carolina, Guaynabo, Trujillo Alto y San Juan.

Entretanto, el municipio de Ponce cuenta con la tasa de deserción más alta (2.21 por ciento), muy por encima del promedio nacional de 1.21 por ciento.

“Hay más desigualdad y más violencia en las zonas urbanas. Esa exposición a esos factores de riesgo pueden incitar a que haya más deserción”, continuó el catedrático.

“Responsabilidad compartida”

Caraballo Cueto también destacó aspectos económicos y sociales, al igual que el aparente desinterés de los padres, como factores que precipitan el problema de deserción escolar en el país.

Los desertores escolares tienen una tasa de pobreza de 86.1 por ciento y un ingreso familiar 30 por ciento menor a los no desertores.

“Muchos de estos estudiantes desertores están en hogares disfuncionales, con padres y madres que no se involucran mucho con la educación de sus hijos. En algunos casos, la misma situación de la pobreza los incita a pedirles al niño que trabaje para ayudar con los gastos del hogar”, puntualizó.

“En realidad, muchos padres tampoco van a las reuniones con los maestros en la escuela. Yo entrevisté maestras de una escuela que tiene sobre 500 estudiantes y me dijeron que fueron los padres de solo dos estudiantes a la asamblea escolar”, afirmó.

No obstante, Caraballo Cueto también apuntó al Departamento de Educación por su mal manejo y falta de enfoque a la hora de atacar el problema.

“Esto es una responsabilidad compartida y eso incluye al Departamento de Educación, que no ha sabido manejar la situación, especialmente en el programa de Educación Especial, que tiene una tasa de deserción alta”, dijo.

“El Departamento también tiene un modelo de enseñanza que no es atractivo para los estudiantes. Las malas decisiones a nivel gerencial han pasado factura. Todo esto ha repercutido en lo que estamos viendo hoy”, añadió.

Migración masiva

Por último, el estudio revela que durante los pasados seis años, otros 73,233 estudiantes salieron del sistema público de enseñanza al emigrar a los Estados Unidos o algún otro país.

“Gran parte de esto se atribuye a lo que pasó con el huracán María, que la respuesta del gobierno en general a ese evento lo convirtió en uno de los desastres más grandes que hemos tenido en décadas. Muchos padres tuvieron, por diversas razones, que marcharse del país y obviamente, se llevaron a sus hijos”, sostuvo.

“Ese año del huracán fue la emigración más grande que yo pude observar en más de 30 años”, añadió.

A estos se suman otros 16,681 estudiantes que salieron del sistema público para matricularse en escuelas privadas y 2,928 que se acogieron a la modalidad de “homeschooling” o educación en el hogar.