Tommy Figueroa: leyenda musical que conquistó el afecto ponceño y juanadino

Junto a estas líneas, el admirado cantante juanadino Tommy Figueroa, como siempre, elegantemente vestido, junto a Francisco “Pancho” Mattei durante un evento en el Centro Cultural de Ponce celebrado en el 1997, dos años antes de su muerte.

Foto suministrada

“Si eres humilde, nada te tocará, ni la alabanza ni la desgracia, porque sabes lo que eres”.

Madre Teresa de Calcuta

A la memoria de mi querido amigo, el Lcdo. Rafael Santiago Erans, que en paz descanse, consecuente defensor de los derechos de los afro-descendientes, quien me presentó a Tommy Figueroa y a Francisco “Pancho” Mattei, en la fotografía junto a Tommy Figueroa, modelo de superación personal y amigo leal.

Tommy Figueroa pegó sobre todo entre la gente más sencilla, precisamente, porque él era un hombre humilde, espontáneo.

En Ponce dejó un recuerdo imborrable.

Me cuentan que había lugares en Ponce, residencias y negocios, que él frecuentaba por lazos de amistad con el jefe de familia o con el dueño, como el restaurante de la curva del muelle, de Toño El Feo, donde le tenían resguardada una guitarra, porque de seguro él iba a cantar durante horas por el mero placer de hacerlo.

Igualmente, en la fonda La Pocilga de Santos Torres en la barriada Bélgica. Y no era de extrañar que Santos, quien gritaba muy afinadamente, y él se fueran juntos a chinchorrear, por el mero placer de la “bohemiada”.

Eso sí: él siempre elegantemente vestido y correcto en sus formas.

La animadora de programas radiales como “Domingo de Recuerdos” y de incontables festivales de tríos, Iris Yolanda Cintrón, le conoció bien porque compartieron el micrófono muchas veces, durante años. En un escrito suyo, la comunicadora oriunda de Patillas destacó sobre Tommy que “Era todo un caballero. Siempre respetuoso del público y de sus colegas del ambiente artístico. Hablaba con un tono de voz bajo y pausado. Denotaba una sencillez y humildad en verdad admirable”.

“Él destacó que Felipe (Rodríguez) le daba muchos consejos y siempre le resaltaba la importancia de vestirse bien, no solo como parte del espectáculo, sino como deferencia a la audiencia”.

Y Tommy siempre practicó aquel consejo: era un elegante, con arreglo a su cultura.

Examínese como ejemplo la fotografía que ilustra esta columna, tomada el 22 de febrero de 1997, en los predios de Centro Cultural de Ponce en la calle Cristina, cuando tenía 74 años de edad y a dos años de distancia de su muerte, acaecida el 12 de noviembre de 2009.

Tómese nota de arriba a abajo su pulcra y elegante vestimenta, de artista que se respeta a sí mismo.

Su manera de cantar era única, de esas que por peculiares la gente gusta imitar y hasta se hacen en los medios concursos de imitadores suyos, como también es el caso -en sus estilos peculiares- de Daniel Santos y Felipe “La Voz” Rodríguez.

Su manera de cantar era como un susurro, como “un suspiro” en palabras de su colega Felipe “La Voz”. Además, tenía buen gusto al escoger las canciones que cantaba y grababa.

Tenía en su repertorio temas que son de mis preferidas de todos los tiempos: Cuando Estoy Contigo o Querube de don Felipe “Felo” Rosario Goyco; el bolero cubano que en Puerto Rico llamamos En el tronco de un árbol de Eusebio Delfín, cuyo bolero realmente se titula ¿Y tú que has hecho?; Oui, Madame de Rafael Hernández; y dos de las filigranas bordadas en oro y plata de Pepito Maduro -quien lo que compone, más que canciones, son miniaturas en porcelana Lladró- tituladas Lucerito de plata y Lindo querubín.

Como tantos otros artistas oriundos de pueblos cercanos a Ponce, se graduó de la Ponce High School, en el año 1953, y grabó su primer disco de 78 revoluciones como solista en el 1957, justo el año en que llegué a Ponce, como estudiante universitario.

Ese disco de 78 revoluciones incluye los boleros Dilema de los dos y Sinceridad.

A la par que en Puerto Rico, de entrada Tommy tuvo mucha aceptación entre la comunidad boricua en los Estados Unidos, sobre todo, en New York y New Jersey, lo que lo llevó en varias ocasiones a presentarse en ambas ciudades. En una de esas apariciones ocurrió lo que siempre fue para él alto timbre de orgullo: fue el primer puertorriqueño que cantó a dúo con “La Novia de América”, Libertad Lamarque.

También llevaba a sano orgullo el hecho de que en la República Dominicana se le considera uno de los más importantes precursores del género musical llamado “bachata”.

A lo largo de su vida, grabó 48 discos de larga duración o LP’S.

En vida del líder Playero de Ponce, Pete Román, promovió la creación del Salón de Inmortales de La Playa de Ponce, que tuvo su sede en la calle Alfonso Doce, intersección con la calle Padre Noel, hasta la llegada del huracán María.

Prueba inequívoca del arraigo que tuvo en Ponce es que en la búsqueda de datos de este modesto y exitoso cantante del pueblo-pueblo, El Club de Admiradores de la Música de todos los Tiempos de Juana Díaz me envió, a través de mi hermano, el licenciado Mario Collazo, un comunicado de prensa, evidentemente escrito previamente, ya que el mismo texto también aparece en la Internet, que lee: “En el 2001, fue exaltado al Salón de Los Inmortales de su pueblo natal, Juana Díaz, y en el 2004 en La Playa de Ponce”.

De ser un hecho cierto, él solo bastaría para probar la tesis que postula el título de esta columna. Sin embargo, el hecho de que El Salón de Inmortales de La Playa de Ponce se desmanteló apresuradamente ante la anunciada proximidad del temible huracán María, las circunstancias nos dejan a expensas del recuerdo personal de cada quien.

Para terminar, comparto otra versión de ese hecho que se me dio en La Playa, en el sentido de que lo que realmente ocurrió fue que un día de exaltaciones, concomitantemente a él le hicieron un emotivo homenaje.

Fuere lo uno o lo otro, lo cierto es que a Tommy Figueroa se le quiere tanto en Ponce cual si fuere un hijo exitoso de la ciudad.