Tome nota y no abuse de las chanclas

Este calzado puede generar estiramiento de la fascia plantar, el tejido situado en la planta que une el talón con los dedos, hasta causar inflamación, dolor y cansancio.

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Tan pronto llega el mes de julio y sus interminables invitaciones a días de playa, nuestros pies campan a sus anchas o, mejor dicho, a sus chanclas, con el dedo metido entre sus tiras todo el día, como mínima barrera entre nuestras plantas y el ardiente suelo.

Pero ojo. Cada día más podiatras se unen al coro que lo advierte: son más los inconvenientes que las ventajas al utilizarlas, ya que pueden provocar patologías a corto y mediano plazo.

Entre los argumentos en contra de su uso prolongado, muchos plantean que:

– No es adecuado para realizar largas caminatas, ya que se dan pasos muy cortos, arrastramos el pie y el tobillo realiza un esfuerzo mayor.

– Al no llevar sujeto el pie, se genera un desequilibrio, por lo que aumenta el riesgo de caídas y torceduras.

– Pueden producir heridas entre el primero y segundo dedo, debido al roce con la tira que sirve para sujetarla.

– Generan un estiramiento de la fascia plantar, el tejido situado en la planta que une el talón con los dedos, causando inflamación, dolor y cansancio.

– Al tener una forma plana tiene pobre soporte plantar. Por ello, recomiendan suelas con un grosor de uno o dos dedos y si existe mayor altura en el talón (una cuña), mucho mejor.

– Pueden producir “dedos en garra”, ya que nuestros dedos tienden a doblarse para conseguir una mayor sujeción al suelo, para aumentar la estabilidad.

– En personas más susceptibles, como por ejemplo las diabéticas, que a menudo sufren una inadecuada circulación en sus pies, cualquier herida puede conducir a graves complicaciones.

– El pie está desprotegido, muy expuesto a agentes externos, al sol, a las picaduras de insectos y a roces.

Aun así, las chanclas tienen algunas ventajas. Por ejemplo, facilitan la transpiración de los pies, son fáciles de calzar y descalzar, y se lavan rápidamente. Además, son adecuadas para la playa, la piscina y las duchas públicas para evitar afecciones en la piel.

Por ello, lo ideal es sustituirlas por otras sandalias que tengan suela más gruesa y sujeción al tobillo. Eso sí, recuerde que, al final, nada compara con la sensación de andar descalzos por la playa.

(Fuente: diariosur.es)