Terremoto: Deja profunda cicatriz en el comercio y la fuerza laboral yaucana

Desde el pasado 7 de enero, 111 comercios han cerrado sus puertas en el centro urbano yaucano, con un saldo estimado de 600 trabajadores desplazados, reconoció el alcalde Ángel Luis Torres Ortiz.

Foto: Jason Rodríguez

A tres semanas del terremoto que derribó viviendas, edificios públicos y estructuras históricas en el sur del país, el retorno a la normalidad parece apartarse cada día más para los casi 40 mil habitantes del pueblo de Yauco.

Sobre mil de ellos permanecen refugiados en el Estadio Municipal, mientras cientos de familias se resisten a pernoctar en el interior de sus viviendas y optan por pasar las noches en parques y campamentos vecinales.

Simultáneamente, otra crisis salta a la vista en el casco urbano yauco.

Desde el pasado 7 de enero, 111 comercios han cerrado sus puertas, según cifras oficiales del ayuntamiento, con un saldo estimado de 600 trabajadores desplazados.Previo al sismo 6.4 ocurrido ese día, el desempleo yaucano ya se situaba en el 14.5 por ciento.

Como agravante, el cierre de locales anclas y la incertidumbre que genera cada réplica han frenado el flujo de clientes entre los establecimientos que aún sobreviven: un doble golpe que ha puesto de rodillas a uno de los centros económicos más estables de la región.

“Es preocupante y bien frustrante”, reconoció el alcalde Ángel Luis Torres Ortiz. “Yauco era un área comercial fuerte, tanto para Guánica como Guayanilla y si nosotros nos desplomamos en términos comerciales, vamos a tener una zona sur, que de por sí ha sido pobre, en unos niveles muy difíciles”.

“Las megatiendas y los ‘shopping centers’ suplantaron lo que eran los cascos urbanos. Ahora, nos quedamos sin la soga y sin la cabra”, reconoció.

Más números en rojo

Como consecuencia, las arcas del ayuntamiento ya se exponen a una merma de entre $600 mil y $800 mil en ingresos por patentes, a consecuencia de la crisis provocada por los sismos, reveló el ejecutivo municipal.

Para un municipio que ya arrastra una deuda acumulada de sobre $45 millones y un déficit de $10 millones, el efecto es detrimental.

“Tierra de nadie”

Entretanto, empresarias como Nilda Borrero Martínez lamentan cómo el casco urbano yaucano se ha vuelto irreconocible.

“Parece un pueblo fantasma. El casco urbano es prácticamente tierra de nadie”, confesó la propietaria del Laboratorio Clínico NBH, un centro que lleva 43 años establecido en la zona. “Definitivamente, esto ha sido peor que el huracán María”.

“Lo que ves es incertidumbre general, miedo y angustia. Es como si la gente ya no puede más. Hay un agotamiento físico y mental”, continuó. 

Y aún cuando reconoció que su compañía cuenta con una leal clientela, admitió que su negoció no está ajeno a la nueva realidad.

“Ya empezó el éxodo otra vez. Hay médicos que han perdido sus oficinas y ahora tienes que ir a Ponce o Guayama para recibir diálisis”, comentó.

“La merma de pacientes es notable. El mes de enero usualmente es nuestro mejor mes, pero ya este se perdió”, continuó. “Estamos aquí por fe”.

“Aquí se cayó el comercio completo”, expresó por otra parte Fidel Ramírez Álvarez, un veterano billetero del Paseo del Café. “Ya yo estoy pensando dónde irme para vender billetes, porque aquí van a tener que cerrar (parar hacer los trabajos de demolición)”.

“Aquí venía mucha gente de Guánica, Sabana Grande y Guayanilla, pero ya no vienen por los terremotos. Mucha de la juventud se fue para Estados Unidos”, añadió. “El supermercado es el único que hace buen negocio, porque la gente tiene que comer”.

A pocos pasos, un joven comerciante indicó que sus ventas han caído a la mitad, como resultado de la dramática merma de visitantes al casco urbano.

“El tránsito de personas y de carros se ha reducido demasiado. Ha sido algo bien dramático. Si antes pasaban mil personas, ahora pasan 250”, dijo tras solicitar que se protegiera su identidad.

“Muchos de los negocios tuvieron daños. Las personas cogieron miedo y se fueron. Cada negocio que cierra afecta al negocio de al lado. Hay negocios que ya a las 11:00 de la mañana o a las 12:00 del mediodía cierran y se van”, añadió.

Se multiplican los desplazados

La recuperación, sin embargo, se complica ante la imposibilidad de que el municipio pueda retener a todas las familias que han quedado sin hogar.

Según precisó el alcalde yaucano, hasta el pasado viernes 155 viviendas habían sido declaradas inhabitables y otras 167 sufrieron daños significativos, por lo que fueron clasificadas como unidades de “uso restringido”.

“Hasta el momento se han inspeccionado 532 viviendas”, explicó Torres Ortiz. “Todavía tenemos 2 mil solicitudes para inspección, pero siguen llegando personas. Entendemos que las solicitudes pueden llegar a entre 3 mil o 3,600”.

“Si esto sigue, podemos llegar a 600 casas inhabitables”, lamentó. “Y a corto plazo, no tenemos 600 viviendas disponibles para alquiler”.

La cifra, sin embargo, no incluye al complejo de vivienda pública Montblanc, donde 128 familias tuvieron que ser desalojadas, al identificarse daños estructurales en el lugar.

A estas se suman otros 13 de Yauco Housing y 12 del residencial Ana Catalina. 

Asimismo, los residentes del condominio Torres Navel aguardan por un estudio estructural. Sus 66 apartamentos fueron desalojados como medida precautoria, tras el terremoto de 6.4 grados.