Sol y solidaridad llenan de esperanza a la comunidad Miramar

Con la ayuda de expertos en fuentes renovables, residentes del área desarrollan un proyecto solar basado en la educación y la solidaridad comunitaria.

Foto suministrada

“El sol no brilla para algunos árboles y flores,

sino para la alegría de todo el mundo”.

Henry Ward (1813-1887)

Político, periodista y teólogo estadounidense

Mientras el país entero lidia con la pandemia, el desánimo y el agotamiento de otro año demoledor, vecinos de la comunidad Miramar en Guayama decidieron invertir su tiempo y energías en demostrar cuánta alegría pueden recoger del brillo del sol.

Con el apoyo y la ayuda de expertos en alternativas para generar electricidad de fuentes renovables, residentes del área se han unido para desarrollar un proyecto solar basado en la educación y la solidaridad comunitaria.

De esta forma, además, se unen a la creciente ola de iniciativas que busca transformar el anquilosado sistema eléctrico de la isla en uno más justo, limpio y colectivo.

Proceso de aprendizaje 

Para Alberto Colón Pérez, residente de Miramar por los pasados 22 años, el proyecto demuestra que hay alternativas para generar energía de una forma limpia, económica y comunitaria.

“Se van a colocar unos kits o equipos solares, para necesidades básicas en el uso diario y en caso de emergencias, en 24 hogares de las comunidades de Miramar y Santa Ana. Estas son residencias de gente pobre, humilde, que padece enfermedades, y que van a poder descubrir que se puede generar energía de una forma limpia y económica”, comentó.

Además de las placas solares y el equipo asociado al funcionamiento eléctrico, el sistema contará con baterías para almacenar la energía producida.

“La batería se utiliza durante todo el tiempo. El equipo se instala y tiene un transfer switch que te desconecta de la autoridad (AEE) y trabaja con las placas. Si no hay mucho sol, en días lluviosos o de noche, las baterías te generan. El equipo que se está instalando, es algo mínimo para que la gente vea que esto es productivo. Tienes la nevera, el televisor, abanico y luz conectados al sistema y lo tienes 24/7, trabajando sin problemas”, continuó Alberto.

“Si la casa tiene otros equipos, se dejan conectados a la AEE. Si en algún momento, por la falta de sol, no se cargan las baterías con las placas, automáticamente el inversor transfiere de la Autoridad a cargarte la batería. Es un sistema automático. Uno no tiene que bregar con eso. Aun así, tenemos que ser conservadores en el uso de la energía” añadió.

El proyecto esta en una etapa inicial, donde la instalación casa a casa es un poco más lenta porque los residentes van aprendiendo sobre el sistema.

“El ingeniero nos está dando la teoría. Entiendo que, en la parte de instalación, montar las placas y el sistema, ya no nos toma mucho tiempo. La parte eléctrica, la conexión, la parte de energía eléctrica, el transfer switch, eso es algo más complicado”, agregó.

Esfuerzo colectivo

Para Alberto, un exempleado público que laboró por 37 años en la Oficina para el Mejoramiento de las Escuelas Públicas de Puerto Rico (OMEP), el proyecto no se centra solo en colocar placas solares de forma individual en residencias, sino que es un esfuerzo educativo y colectivo.

“Esto ha sido una buena experiencia para nosotros, los residentes, porque hemos aprendido cómo se instala y funciona el sistema solar. Hay personas que son más viejitos que se le están instalando, que quizás no tienen la habilidad para limpiar las placas o trabajar con alguna falla del equipo, y hay personas de la propia comunidad que vamos a poder ayudarles”, abundó.

Otro aspecto crucial será que el proyecto no solo beneficiará a los residentes del hogar donde se instale el equipo, sino también a sus vecinos.

“A las personas que le instalamos le hacemos constar que, si en algún momento hay un desastre o emergencia donde la luz se vaya, le tiene que dar la mano al vecino que no tiene sistema solar. Si tu vecino tiene un medicamento que debe estar en nevera, necesita cargar su celular o quizás congelarle una botella de agua, la idea es que seamos solidarios. Que se pueda unir la comunidad y que se ayuden unos a los otros”, afirmó Colón.

“Son veinticuatro familias, pero podríamos multiplicarlo hasta por tres en los momentos de emergencia”.

Los hogares que recibirán la instalación de energía renovable fueron seleccionados por Alberto y por Aldwin Colón, quienes son miembros de la organización Comunidad Guayamesa Unidos por tu Salud.

Estos colaboran con la Campaña por Agua, Aire y Energía Limpia, realizada por el Comité Diálogo Ambiental, enfocada en mitigar y contrarrestar los daños a la salud humana y ambiental producidos por la quema de carbón en Puerto Rico.

El primer hogar

Santiago Santel Picard, quien se dedica a la captura y venta de jueyes, es un sobreviviente de cáncer de garganta, que ha perdido parte de su voz debido a la enfermedad.  Su madre, doña Flora Picard, falleció hace cinco meses debido a padecimientos respiratorios.

“Mi mamá en una semana murió. No tenía oxígeno. La enfermedad la sacó de ahí”, dijo Santiago, señalando hacia el área donde ubica la planta de carbón.

Pero a pesar del vacío emocional y la pena, su corazón comienza a recobrar la felicidad, ante el apoyo de sus vecinos y la noticia de que su humilde hogar en Miramar será el primero en ser iluminado con el sistema solar del proyecto comunitario.

Y mientras se agotan las últimas horas de un año que ha sido severamente rudo para el país, en la comunidad de Miramar en Guayama comienza a brillar una luz de esperanza para su gente… Una luz limpia y renovable.

“Estas (24 casas) son residencias de gente pobre, humilde, que padece enfermedades, y que van a poder descubrir que se puede generar energía de una forma limpia y económica”, explicó el líder comunitario Alberto Colón Pérez. (Fotos archivo)