Sobre el espiritismo y su prolífica presencia en Ponce

Entendidos sostienen que el espiritismo surgió como doctrina a mediados del Siglo 19, a partir de los cinco libros sobre el tema codificados por el francés Hypolile León Denizard Rivali, mejor conocido como Allan Kardec. El espiritismo es una doctrina filosófica que cree y practica que es posible entablar comunicación con el espíritu de una persona fallecida.

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“En todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío”.

Ernesto Sábato

A mi querida amiga, la poeta mayagüezana Nélida González Lebrón, a la memoria de su abuela materna, doña Candelaria Cornelia Lamberty Velasco; y a la memoria de mi excelente amigo ponceño, don Eufemio Rodríguez Pérez, patriota, espiritista, de oficio zapatero y fino compositor musical.

Como es sabido, el espiritismo es una doctrina filosófica que cree y practica que es posible entablar comunicación con el espíritu de una persona fallecida, sobre todo, en sesiones espíritas mediumnímicas, mediante las cuales una persona con dones especiales alcanza un estado psicofísico o “trance”, “poseído por un espíritu”.

Vale la pena destacar que algunas de las mujeres y hombres más grandes de nuestra historia practicaron esta doctrina espírita.

Para muestra menciono a un puñado de ellos: Alejandro Tapia y Rivera, Luisa Capetillo, Rosendo Matienzo Cintrón, Manuel Zeno Gandía, mis compueblanos isabelinos Manuel Víctor Dómenech y Manuel Corchado Juarbe. Igualmente lo fueron los extraordinarios compositores de la canción popular Rafael Hernández y Pedro Flores.

Ambos manifestaron públicamente en periódicos, revistas y libros que a cada uno de ellos, por separado, en distintos lugares y momentos, espíritus les “dictaron una canción mediante la intervención de una mediounidad”.

A Rafael Hernández, el bolero Gitana, y a Pedro Flores, el bolero Contigo.

En el caso de Gitana, la mediounidad fue la esposa del licenciado Vicente Géigel Polanco, doña Ana Lanuza.

En el caso de Pedro Flores, cada vez que se le hablaba sobre el bolero Contigo, siempre decía lo mismo: “ese no es mío, ese me lo dictó un espíritu”.

También fueron consecuentes creyentes y practicantes del espiritismo, sobre todo en “La Casa de las Almas” en Santurce, el genial abogado Géigel Polanco, llamado por Luis Muñoz Marín “mi cerebro mágico”; y el por muchos años decano de Ingeniería del RUM, el doctor Flavio Acarón, quien todavía hoy, a sus 90 años de edad, dirige el Instituto de Cultura Espírita Renacer de Mayagüez y quien durante muchos años hizo, a través de la emisora WPAB de Ponce, un programa dominical sobre este mismo tema, junto a la comunicadora ponceña Vivien Mattei.

Entendidos sostienen que el espiritismo surgió como doctrina a mediados del Siglo 19, a partir de los cinco libros sobre el tema codificados por el francés Hypolile León Denizard Rivali, mejor conocido  como Allan Kardec.

Para ese tiempo, Puerto Rico estaba bajo la dominación española y la religión del estado español era la Católica Romana.

Ambas entidades veían amenazas en otras religiones y doctrinas, por lo que estaban prohibidas y penalizadas. Por consiguiente, no es de extrañar que muchos de nuestros líderes de tendencias liberales, reformistas, autonomistas y separatistas, también fueran espiritistas.

Por eso, además, durante la dominación española-católica-romana, actuaban en el clandestinaje protestantes, sobre todo luteranos, presbiteranos y simplemente cristianos en general.

Uno de los grupos cristianos clandestinos más notables eran los llamados “Bíblicos”, quienes tenían su epicentro en el barrio Guayabos de Isabela y en el barrio Maleza Alta de Aguadilla. Pero no eran los únicos en Puerto Rico.

Sus líderes eran José Antonio Badillo Hernández en Aguadilla y en Isabela el comerciante, cañero y esclavista irlandés, Eduardo Heyliger Riquelme (1855-1903).

Ponce, como ciudad futurista, pronto tuvo sectores que se adhirieron a las enseñanzas de Allan Kardec, al comienzo en el clandestinaje, y al cambio de soberanos en el 1898, de manera elocuente, tanto en el espiritismo llamado científico, como en el llamado folklórico.

Comenzando el año 1903, se reunían en Ponce “mentes poderosas” como las de Rosendo Matienzo Cintrón, José Tous Soto, Eugenio Astol, Manuel Víctor Dómenech y Francisco I. Arjona, entre otras. De dichas reuniones surgió la idea de fundar el Círculo Lumen, cuya artística sede aún está en la calle Victoria 114, esquina Rosich: un edificio diseñado ad honorem por el famoso arquitecto Alfredo Weichers Pieretti.

Algún tiempo después fueron surgiendo “La Sociedad Espiritista Quaerens”, con sede en la calle Vives 91; y los Centros Espiritistas “Sol y Fraternidad” en la calle Venus; “Paz y Justicia” en la calle Miramar; e “Hijos de la Fe” en La Playa de Ponce.

Examínense cuidadosamente sus nombres.

En lo que respecta al llamado “espiritismo folklórico”, denominación que no me agrada para la persona a la que me voy referir, todavía para el tiempo en que llegué a Ponce resonaba el nombre de Doña Natí.

Su nombre completo era Natividad Vázquez de Cabrera.

En la edición del 1 de julio de 1934, el Álbum Histórico de Ponce de don Luis Fortuño Janeiro le hace este homenaje:

“Esta sacerdotisa del espiritismo en Ponce… y su hogar en la calle Melero es algo así como un oasis espiritual constantemente visitado por infinidad de creyentes que acuden en pos de la receta para curar sus males físicos y espirituales, labor que realiza esta excelsa medium de una manera altruista y desinteresada”.

Estas son palabras mayores, dichas por un hombre serio.

Traigamos al presente el recuerdo de doña Natí, discípula de Allan Kardec, quien hizo el bien a manos llenas, sin ningún interés económico, en tiempos en que los servicios médicos eran aún más inaccesibles para la gente de bajos recursos.