Si bebe durante las fiestas navideñas, no conduzca

Foto: Organización Panamericana de la Salud

Diciembre en Puerto Rico es un mes cargado de fiestas y celebridades donde las bebidas alcohólicas están presentes. El consumo de las mismas, incluso en cantidades relativamente pequeñas, aumenta el riesgo de verse involucrado en accidentes de tránsito. Es por eso que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda que si bebe, no conduzca.

Según la OPS, beber deteriora las funciones esenciales para una conducción segura, como la visión y los reflejos, y disminuye la capacidad de discernimiento, lo que se asocia generalmente a otros comportamientos de riesgo, como el exceso de velocidad y el incumplimiento de las normas de protección (uso del cinturón de seguridad y el casco).

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Es importante recalcar que conducir bajo el efecto del alcohol puede tener consecuencias negativas para todos los usuarios de las vías, y no solo para el conductor. Así, las víctimas no siempre son los conductores que han consumido bebidas alcohólicas, sino también sus acompañantes o los pasajeros de otros vehículos, además de otros usuarios de las vías, sobre todo los más vulnerables (peatones, ciclistas y motociclistas). Estas personas terminan sufriendo las consecuencias negativas del riesgo asumido por el conductor al manejar el vehículo bajo los efectos del alcohol.

La OPS considera conducir bajo los efectos del alcohol como uno de los factores de riesgo más importantes de que se produzcan accidentes de tránsito. Debido a los cambios fisiológicos que el consumo de alcohol produce en el ser humano, hay una relación directa entre la concentración de esta sustancia en la sangre, la ocurrencia de siniestros y la gravedad de las lesiones resultantes. En general, el riesgo de sufrir un siniestro mortal es 17 veces mayor para una persona que conduce bajo los efectos del alcohol que para una persona sobria.

Aunque muchas veces se pide ilustrar la equivalencia de estos niveles de alcohol en la sangre en términos de dosis, vasos, botellas o latas de cerveza u otras bebidas, no se recomienda ofrecer estas analogías, ya que no se puede hacer una estandarización con valores de ese tipo debido a las diferentes características de las bebidas alcohólicas y a las distintas variables que influyen en cómo afecta el alcohol a diferentes personas, e incluso a la misma persona en diferentes circunstancias.

Los conductores con una concentración de alcohol en la sangre de entre 0.02 y 0.05 g/dl tienen como mínimo un riesgo tres veces mayor de morir en un accidente vehicular. Este riesgo aumenta a seis veces como mínimo con una tasa de alcoholemia entre 0.05 y 0.08 g/dl, y se eleva exponencialmente cuando supera 0.08 g/ dl.

Los estudios sobre la relación entre el alcohol y los accidentes de tránsito se remontan a la década de 1960, pero fue en los años siguientes cuando las investigaciones demostraron que cuanto más alta es la concentración de alcohol en la sangre, mayor es el riesgo de que tenga lugar un accidente de tránsito.

Los adultos jóvenes de entre 20 y 29 años están expuestos a un mayor riesgo (hasta tres veces superior) de sufrir las consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol en comparación con los conductores mayores de 30 años, cualquiera que sea el nivel de alcoholemia.

De hecho, el alto riesgo para los conductores jóvenes y novatos ha hecho que muchos países apliquen los límites de alcoholemia con más rigor en este grupo de población. También es importante destacar que la ingesta de alcohol no es solo un factor de riesgo para las personas que conducen automóviles y otros vehículos grandes, sino también para los demás usuarios de las vías.

Algunos estudios realizados en países de bajos y medianos ingresos revelaron la presencia de alcohol en la sangre en entre el 18% y el 90% de los peatones y entre el 10% y el 28% de los motociclistas que sufrieron lesiones en accidentes de tránsito.

Los conductores profesionales son otro grupo importante cuando se habla del alcohol y la conducción. Su comportamiento puede tener consecuencias más graves, debido al tamaño y al tipo de vehículos que conducen, en particular los que tienen que ver con el transporte público.