Secreto a voces el padrinazgo en la vacunación contra el Covid-19

La Perla del Sur consultó a médicos de la zona sur, quienes bajo condición de anonimato confirmaron cómo algunos colegas han logrado burlar las restricciones y facilitado que allegados puedan vacunarse, fuera de turno.

Foto archivo

Mientras miles de personas de la tercera edad intentan sobrellevar la angustiosa espera por una dosis de la vacuna que podría significar su vida ante la amenaza del Covid-19, un número indeterminado de privilegiados ya ha maniobrado para saltarse en la fila.

El creciente colectivo, integrado por personas menores de 65 años y, en algunos casos, con los criterios requeridos para la última fase de vacunación, han dejado claro que en el proceso de inmunización las reglas de prioridad no aplican a todos por igual.

“Lamentablemente, hay personas que tienen formas de saltarse en la lista y vacunarse. En términos de salud pública, es un desastre que hay que denunciar”, sentenció al confirmar las denuncias Cruz María Nazario Delgado, catedrática en Epidemiología del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.

“Cuando uno escucha cómo se le ha dado prioridad a personas con ‘pala’, que no necesariamente están en alto riesgo de complicaciones, uno ve como el privilegio tiene peso, aún en una pandemia”, continuó.

“Si hemos aprendido algo, es que el que tiene padrino se vacuna”, agregó.

Mecanismo defectuoso

A juicio de Nazario Delgado, la ausencia de fiscalización eficaz por parte del Departamento de Salud y la aceptación indiscriminada de presuntos “profesionales de la salud” durante la Fase 1A de la vacunación han propiciado incontables irregularidades en el proceso.

“El CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades federal)  abrió la puerta para que los gobierno locales tomen las decisiones que quieran y hagan la lista de prioridades que les parezca”, comentó.

“Y esa ambigüedad es el caldo de cultivo para la corrupción”, puntualizó.

El pasado lunes el secretario del Departamento de Salud, Carlos Mellado, desautorizó la vacunación de empleados en la Comisión Estatal de Elecciones y alegó que investigaba denuncias sobre “vacunaciones no autorizadas” en otras agencias del gobierno y entidades privadas.

Sus expresiones confirman las inmunizaciones no autorizadas y reservadas en silencio desde que comenzó la vacunación en la isla el pasado mes de diciembre.

“Esto es algo preocupante a todos los niveles, porque el suministro de vacunas es bien limitado y necesitamos atender a la población que corresponde, que son los más vulnerables”, destacó por su parte la doctora Kenira Thompson García, vicepresidenta de investigación en la Universidad de Ciencias de la Salud de Ponce (PHSU en inglés).

“Cada persona que se vacuna fuera del turno que le corresponde, es una vacuna que se le resta a las personas que realmente lo necesitan y que están más susceptibles a complicaciones”, continuó.

¿Empleados fantasmas?

La Perla del Sur consultó a médicos de la zona sur, quienes bajo condición de anonimato confirmaron cómo algunos colegas han logrado burlar las restricciones y facilitado que allegados puedan vacunarse, fuera de turno.

Una de las estrategias, precisó uno de ellos, consiste en certificar como empleados de oficinas médicas privadas a personas que no lo son. Mediante estas cartas, añadió, los cualifican para la Fase 1A de vacunación, al ser considerados “profesionales de la salud que no trabajan en hospital”.

“Eso está pasando a tutiplén”, destacó esa fuente. “Hay compañeros que están certificando a familiares y a amigos como empleados de sus oficinas, para que los vacunen. Esta ocurriendo de mil maneras”.

“Yo he recibido llamadas de personas pidiéndome vacunas para sus viejos, pero eso no se puede hacer. No voy a manchar mi nombre con eso”, añadió.

Otro galeno aseguró que algunos médicos también han agilizado la vacunación de familiares, amigos y pacientes de sobre 65 años de edad, al llamar a conexiones que les otorgan “prioridad” en la concesión de citas.

“Me apena decirlo, pero sí pasa. Quizás más de lo que la gente piensa”, declaró.

A ciegas

Según explicó Thompson García, en todos los centros de vacunación se requiere a cada paciente citado su identificación e información básica de contacto. En el caso de empleados de entidades hospitalarias u oficinas médicas, también se requiere una certificación de empleo del patrono o médico.

Sin embargo, reconoció que es muy limitada la capacidad de esos centros para corroborar que dichas certificaciones de empleo son válidas, por lo que en la inmensa mayoría de los casos, dependen de la palabra del médico o patrono.

“Ciertamente, cada site de vacunación depende de la honestidad de las personas que van a inmunizarse y de esos médicos o patronos que certifican mediante carta que esas personas trabajan en un grupo médico o en su oficina médica”, planteó.

“A los centros de vacunación se le hace bien difícil cuestionar eso y tienen que depender de la integridad de otros”, añadió.

Para complicar el escenario, en Puerto Rico no existe un registro oficial de empleados de oficinas médicas, lo que imposibilita un cotejo rápido y certero.

Ante esta realidad, no fue hasta el pasado lunes que el designado Secretario de Salud ordenó que inspectores de la agencia acudan a todos los centros de vacunación para monitorear el proceso.

“Hay mucho desespero en la calle por vacunas y hay mucha presión para conseguirlas. Si no tenemos un sistema de cotejo para asegurar que se están siguiendo las reglas, siempre van a haber personas que se van a aprovechar de eso para favorecer a los suyos”, advirtió por su parte Nazario Delgado.

“Para que no se pierda”

De acuerdo a salubristas consultados, otra realidad recurrente es que, debido a la naturaleza del proceso, en ocasiones pueden sobrar dos o tres dosis de un frasco abierto de la vacuna, tras la inmunización de todos los pacientes citados.

En estos casos, se ha vacunado personas que no necesariamente cumplen con las directrices establecidas y no caen en los grupos de las fases 1A o 1B, “para que no se pierdan”.

“Después que tú abres una botellita de la vacuna -que tiene unas cinco dosis- tú tienes seis horas para utilizarla o la pierdes y con las limitaciones que hay, botar esa dosis que te pueden sobrar no es una opción”, explicó el presidente del Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico, el doctor Víctor Ramos Otero.

“Eso sí ocurre a veces y lo que se busca es administrar esa vacuna para que no se pierda”, añadió.

Cuando algo similar ocurre en la PHSU, entonces oficiales del proceso proceden a llamar a personas citadas para el siguiente día, con la intención de no desperdiciar las dosis y cumplir con los pacientes que ya están en lista, aseguró Thompson García.

Sin embargo, La Perla del Sur supo a través de fuentes que en otros centros de vacunación han optado por vacunar a acompañantes de pacientes, guardias de seguridad privada y personas referidas por otros médicos, inscritos en listas bajo el término “stand by”.

Sin estar expuestos

Las fuentes también reconocieron que no todos los “profesionales de la salud” vacunados durante las fases 1A y 1B laboran en contacto directo con pacientes y, por consiguiente, no están forzosamente expuestos al virus en sus centros de trabajo.

Dentro de la fase 1A de vacunación se incluyeron a todos los trabajadores de apoyo en los hospitales y oficinas médicas, como secretarias, oficinistas y personal administrativo.

Como consecuencia, miles de personas -en su mayoría menores de 65 años de edad- han sido vacunados, al tiempo que escasean dosis para inmunizar a la población más vulnerable.

Asimismo, aceptaron que se han vacunado a médicos que no están activos en la práctica o cuya especialidad no los coloca en contacto directo con pacientes diagnosticados con Covid-19.

“Se supone que sea personal médico que esté activo, pero ciertamente, si un médico no está trabajando o viendo pacientes, pero tiene su licencia activa y cumple con los requisitos de licenciamiento de las diferentes juntas de colegiación, no hay manera que el centro de vacunación pueda evidenciar lo contrario”, dijo Thompson García.

“Si tiene su licencia al día, cualifica para poderse vacunar”, recalcó.

Una de las estrategias consiste en certificar como empleados de oficinas médicas privadas a personas que no lo son. Mediante cartas, los cualifican para la Fase 1A de vacunación, para ser considerados “profesionales de la salud que no trabajan en hospital”. (Foto archivo)