Santos Ortiz: el único político electo alcalde por el método “write in”

Desde su apacible hogar en Cabo Rojo, don Santos recordó sus años dorados como sastre, trompetista, ingeniero y alcalde: pasiones que junto a su familia resumen una intensa existencia de sacrificios y luchas, pero coronada por éxitos y satisfacción.

Conversar con Santos “El Negro” Ortiz Ruiz, el primer y único alcalde de Puerto Rico elegido al cargo como candidato independiente, es una faena incontrolable.

Sentado en la terraza de su hogar en Cabo Rojo, no escatimó en palabras, carcajadas ni energía para repasar sus memorias más preciadas. En especial, las vividas junto a sus padres, junto a sus hermanos y su esposa, junto a sus hijos y nietos, y por supuesto, junto a los miles de electores que en los comicios de 1984, 1988 y 1992 lo endosaron para dirigir el rumbo de la Cuna de Betances.

Pero antes, tomó tiempo para aclarar que a sus 83 años de vida no tiene en agenda, y mucho menos en su vocabulario, la palabra jubilación.

Por eso, antes de cada aurora ya está en pie para cumplir con sus obligaciones como sastre del célebre negocio familiar Trajes Gobernador, para más tarde almorzar junto de su inseparable compañera por 57 años, Lydia Pérez Toro, y luego mantener afinados sus dotes como trompetista.

“Entre las 5:00 a 5:30 de la mañana me levanto, desayuno y ya para las 6:30 me voy a la sastrería y allí estoy hasta el mediodía. Regreso a casa, camino un poco y después, tres cuartos de hora se lo dedico a la trompeta”, rememoró quien aún respira con el brío de un joven que ha amenizado mil y un bailables en el pueblo costero.

“Dios me ha permitido vivir feliz”, puntualizó además al repasar anécdotas personales y, en especial, al evocar al más hondo pilar en su existencia: su padre, el también exalcalde de Cabo Rojo, don Santos Ortiz Montalvo.

De hecho, cada recuerdo de la sastrería y de su niñez parecía finalizar con elogios hacia él, reconociendo que fue su padre “el gran artista” que moldeó su carácter, ética, pasión por el trabajo y la vocación por el servicio público.

Como explicó, Santos padre fue un hombre humilde y de poca educación que a muy temprana edad decidió incursionar en el mundo de la sastrería. Así que optó por aprender de un grupo de sastres que viajaba en barco a la isla y que desembarcó por el puerto del pueblo.

“Mi viejo decidió aprender sastrería, porque aquí en Cabo Rojo, en Puerto Real, había un muelle. Y de esos barcos españoles se bajaron dos o tres sastres. El viejo, como no podía pagarle por las clases, les planchaba la ropa y ellos le daban las clases”.

Tiempo después, en el año 1927, Ortiz Montalvo se aventuró a la apertura de la sastrería Montalvo y Ortiz, la que posteriormente fue bautizada como Sastrería Trajes Gobernador, debido a la visita en 1948 del electo gobernador Luis Muñoz Marín, quien se personó a Cabo Rojo, requiriendo sus servicios.

“Mi viejo era un batallador. Ese si era un hombre”, agregó con voz entrecortada, al destacar que también fue él quien le impulsó a estudiar una carrera en Ingeniería Civil y a desarrollar una sensibilidad singular por la música y el respeto al prójimo.

De hecho, como ingeniero y desarrollador, Santos hijo completó la construcción de varias urbanizaciones en Mayagüez y Cabo Rojo, e incluso laboró en la edificación del emblemático Museo de Arte de Ponce.

Pero su éxito profesional, como es conocido, no se limitó a esta sola faena. En parte por su fama como músico y sastre del pueblo, y en otra por sus quilates académicos, en noviembre de 1984 “El Negro” Ortiz fue electo como alcalde de Cabo Rojo bajo la insignia del Partido Popular Democrático, siguiendo así los pasos de su fenecido padre, quien fungió como alcalde durante la década de 1960.

“Le tengo un respeto enorme a la política, porque primero escogieron a mi padre que sirvió por diez años hasta que se enfermó y luego confiaron en mí. Eso fue un honor”.

A dos años de su primer triunfo electoral, sin embargo, un cuestionable proceso primarista en Cabo Rojo y dentro del partido que militaba, dejó al entrevistado fuera de carrera para aspirar a la reelección, lo que motivó a miles de compueblanos a reclamarlo como aspirante a otro término, pero por nominación directa.

Así las cosas, y luego de avasalladoras campañas, en noviembre de 1988 don Santos se convirtió en el único político en la historia del país electo a una alcaldía por el método de “write in”.

Mas con la picardía que le caracteriza, añade que para lograrlo fue puntual un jingle o lema que corrió como pólvora desde Cabo Rojo hacia todo Puerto Rico, donde se instruía al elector a lograr que Santos se quedara en a poltrona municipal. Como él figuraba dentro de la cuarta columna de la papeleta, la exhortación proclamaba: “Pasa la pava, pasa la palma, pasa el PIP y en la cuarta has un voto por ti”.

Y ya, a 32 años de distancia de aquel hito, no para de sonreír al contemplar lo logrado.

“Te voy a hablar por lo que viví en el 1988: yo le abrí el entendimiento al elector para hiciera buen uso de su voto… y eso me crea una satisfacción enorme”, sentenció don Santos, no sin antes elogiar a los jóvenes candidatos a la gobernación en las elecciones del 2020 y, en especial, a quienes aspiran fuera del partidismo tradicional a la legislatura de Puerto Rico.

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