Richardine y Fassman: dos colosos de la magia enamorados con Puerto Rico

El Profesor Fassman (en el recuadro), al igual que Richardine padre, era también hipnotizador, prestidigitador, mentalista, ilusionista, médium espírita, adivino, sicólogo y parasicólogo.

Fotos archivo

“Magia blanca tú tienes,

me has hechizado a mí”.

Adaptación al español de la canción Devil Woman de Marty Robbins, creada por Alfred D. Herger y Chucho Avellanet; el primer éxito de su primer LP.

Al isabelino Otto Riollano Dávila, estrella en su juventud en mi Colegio San Antonio de Padua de Isabela: graduado de London School of Economics, cineasta, educador, ufólogo y amigo de taumaturgos, nigromantes, adivinadores y chamanes. Un hombre de muy fina intuición y agudas percepciones; conocedor como pocos de la Madre Naturaleza, con mi admiración de siempre.

La mención del faquir brasileño Urbano, así como del faquir caborrojeño Quchán, en nuestra reciente columna sobre el Andarín Carvajal me hicieron recordar, por asociación de ideas, a dos de los grandes magos del siglo XX.

Ambos estuvieron ligados a Puerto Rico, uno con mayor intensidad que el otro, aunque su oficio les reclamaba ser trotamundos.

El de mayor cercanía física y afectiva con Puerto Rico fue Richardine padre, cuyo nombre real era Ricardo Debén Pardo.

El otro era el Profesor Fassman. Al igual que Richardine padre, era también hipnotizador, prestidigitador, mentalista, ilusionista, médium espírita, adivino, sicólogo y parasicólogo. Su nombre real era José Mir Rocafort.

Fassman nació en Sort, Cataluña, el 30 de abril de 1909 y falleció en Barcelona el 22 de junio de 1991, a los 82 años de edad.

Existe todo un grueso volumen escrito sobre su vida, de 528 páginas de extensión, titulado Biografía de Fassman, elaborado por su hija María Mir, quien es escritora profesional.

También existe una película para la TV, filmada, presentada y premiada en España en el año 2015, que está accesible a través de Google, bajo el título de Fassman, el increíble hombre radar.

La dirige Joaquín Oristrell y la protagoniza Juanjo Puigcorbé.

Su esposa, Deyka o Miss Fassman, Josefina de la Iglesia Gil, hacía un acto semejante al de su esposo, cuando él se retiró del Show Business y se dedicó a estudiar formalmente y luego a ejercer, debidamente acreditado, la profesión de Sicólogo.

Terminado un contrato que tuvieron en La Habana, el Profesor Fassman y su esposa, Missis Fassman, regresaron a Puerto Rico en medio de la turbulencia política de la década de los años 50. Aun así, “Deyka quedó cautivada por la afabilidad y la sencillez de nuestra gente. Aquí hizo muy buenos amigos, sin sospechar que con ello se estaba labrando su futuro”.

“De Puerto Rico volaron a Caracas, a primeros de noviembre de 1950, donde también encontraron una situación política convulsa”, añade la biografía.

En definitiva, como dije antes, Fassman falleció en Barcelona el 22 de junio de 1991. Ella regresó y permaneció en Puerto Rico hasta su muerte, el 8 de julio de 2003.

En lo que respecta a Richardine -uno de los grandes magos del mundo en su tiempo- nació en África, hijo de un vizconde español que fue gobernador allí, y corrió el mundo antes de llegar a Puerto Rico cuando se acercaba a los 30 años de edad. Aquí, se identificó con nuestra gente de tal modo, como veremos, que bien podría considerársele afectivamente puertorriqueño.

Como cuestión de hechos, sus despojos mortales reposan en Caguas, en el Borinquen Memorial Park.

En aquel corretear por el mundo, intimó y colaboró con Charlie Chaplin en El Paso, Texas, durante el año 1923, hizo una función especial para Pancho Villa en aquel mismo año, fue al Tíbet y allí se relacionó con los maestros espirituales, los Lamas, entre otras aventuras de ese nivel.

Llegado a San Juan, se instaló en el Hotel Central, que conozco muy bien y del que les he hablado varias veces, toda vez que allí pasé muchas de mis vacaciones sanjuaneras de infancia y adolescencia junto a mi amado tío Enrique.

Este hotel de tres pisos de alto está frente a la Plaza de Armas, pegando de lado hacia el norte con el Departamento de Estado. Al cruzar la calle San José, donde ubica el hotel, estaban las tiendas New York Department Store y los Almacenes González Padín. En esta última tienda trabajaba una muchacha talentosa y bonita, llamada Carmen Florit, hija del entonces juez Florit.

Carmen y Ricardo se enamoraron. Decidieron casarse y cuando se lo informaron al padre de la novia, dijo que aquel “saltimbanqui” no era un buen partido para su hija. Se opuso firmemente a aquel matrimonio.

En consecuencia, Carmen y Ricardo se pusieron de acuerdo y se fugaron a Ponce, donde él tenía una función contratada.

Cuando se enteró, el juez los siguió hasta Ponce y él mismo los casó en esta mágica ciudad.

El matrimonio duró por toda la vida de ambos, alrededor de 60 años, y durante muchos de esos Carmen fue su partner en el escenario.

Tuvieron dos hijos: Ricardo (Richardine Segundo) y Margot Debén Florit (“La Princesa Nanking, la diosa María de la Magia Negra”), actriz, maga, cantante y mamá de la también actriz, comediante y productora Ángela Meyer, mi amiga personal desde hace muchos años, por lo que puedo dar fe que es una mujer emprendedora, talentosa y culta, aunque nos separa un insondable abismo ideológico.

Margot Debén Florit se casó con un virtuoso pianista argentino, llamado Mario Maurano, quien acompañó a Libertad Lamarque en grabaciones para la RCA-Victor, incluso canciones de su autoría.

Ángela, a quien su familia más cercana llama “Gely”, también fue partner de escenarios, tanto de su abuelo, como de su tío, ambos Richardines. Se casó con un galán de una de las telenovelas que ella protagonizó, de apellido Mayer: apellido que ella cambió a Meyer y ha tenido hasta el día de hoy.

Conozco, con bastante detalle y por varias fuentes, la vida de Richardine padre, y me atrevo afirmar que su matrimonio en Ponce con Carmen Florit fue determinante en su vida de hombre de familia, como padre, abuelo y buen amigo que siempre fue.

Ya para el 26 de marzo de 1940, toda la prensa escrita de Puerto Rico -El Mundo, El Imparcial, La Democracia y El País- le entregaron en la sede del Ateneo Puertorriqueño un testimonio, firmado por todos sus directores, de admiración a esas virtudes.

Lo que vio en él su suegro, el juez Florit, creo que probablemente no estaba lejos de su realidad en aquel momento. En el espiritismo, según recuerdo de cursos universitarios, un saltimbanqui es “un espíritu inquieto”. Por extensión, en la vida es “un artista que realiza acrobacias y ejercicios de saltos y equilibrios”.

Aun así, Richardine, al que en sus mejores momentos promocionaban con la frase de “el hombre que le robó la fuerza al diablo”, “el artista que decapitaba gente en los escenarios y dejaba el área llena de sangre…” “no es más que un abuelo bondadoso, narrador de sabrosas historias con él mismo de protagonista…”, como afirmó la periodista Darcia Moretti en su libro publicado en 1973 Gente Importante.

Así que el saltimbanqui que se fugó de su casa en África a los 14 años de edad y que no volvió a ver a su padre, el Vizconde Gobernador, hasta que tenía 27 años de edad, se transformó para bien, con toda una vida de amor intenso con la mujer indicada, quien siempre lo fue todo para él, desde su “partenaire” artística, hasta su paño de lágrimas.

El amor correspondido y reciprocado con la mujer adecuada es una pócima mágica.