Regresa la luz y la esperanza a la comunidad Pueblito Nuevo

Tras divulgarse su situación en las páginas de La Perla del Sur, una brigada de la AEE llegó a la comunidad para evaluar los daños al sistema eléctrico. Al tercer día, regresó y restableció el servicio.

Foto: Florentino Velázquez

Por 156 días vivieron a oscuras, en el olvido absoluto, aun cuando todos a su alrededor parecían regresar a la normalidad.

Desprovistos de apoyo gubernamental y en condiciones de precariedad, una decena de familias del sector Pueblito Nuevo del barrio Cantera perseveraron a solas y sin servicio eléctrico por cinco meses tras paso el huracán María, incluso en pleno corazón de Ponce.

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Pero justo cuando toda esperanza se esfumaba y la resignación cobraba su espacio, recibieron la inesperada visita de una brigada de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Veinticuatro horas después, la luz había regresó a Pueblito Nuevo.

Hoy, el sobrio silencio y la desesperación que observó La Perla del Sur el pasado 19 de febrero, ha sido reemplazada por rostros de alivio; por la alegría de personas de la tercera edad y con condiciones crónicas de salud que poco a poco se readaptan a cosas tan simples como encender un abanico o enfriar una botella de agua.

Para Alicia Vega Cornier, de 73 años de edad, el mayor alivio lo siente en sus manos al no tener que lavar más ropa a mano.

“Hasta me levanto temprano, emocionada para lavar”, comentó sonriente quien a pesar del calvario cuidó con esmero a su hijo de 50 años de edad, quien aguarda por un trasplante de corazón.

Tras divulgarse la situación en las páginas de La Perla del Sur el pasado 21 de febrero, una brigada de la AEE llegó a la comunidad para evaluar los daños al sistema eléctrico. Al tercer día, regresó y restableció el servicio.

Júbilo indescriptible

“Yo estaba en la iglesia y desde ahí se veía cuando estaban bregando. Dije ‘Señor, haz un milagro, que cuando llegue a casa pongan la luz’ y cuando mi hijo me fue a buscar, ya habían puesto el cable (eléctrico)”, recordó.

“Se había quedado una luz prendida, la del baño, y cuando el nene (nieto) fue al baño salió gritando ‘Mamá vino la luz’ y empezó a bailar”, continuó.

“Esos primeros días hasta hubo que acostumbrarse a la luz. Uno como que se desbalancea. Pero ¿quién se va a quejar por eso? Nadie”, agregó entre carcajadas.

Para Rosa Julia Figueroa Vargas, quien a sus 68 años de edad luchó contra viento y marea para cuidar a su madre encamada Rosa J. Vargas Cruz, de 86 años, el restablecimiento del servicio representa dosis grandiosas de felicidad y alivio.

“Lo primero que hizo mi hermana fue poner música en el componente”, explicó risueña. “Los vecinos estaban todos felices, hasta aplaudieron”.

“Estamos mucho mejor. No es lo mismo alumbrarse con una vela para cambiarle el ‘pamper’ a mi madre o para atenderla tarde en la noche cuando le da dolor. Ni se diga a la hora de cocinar y lavar ropa”, agregó.

Aun así, reconoció que no se ilusiona demasiado y confesó que hasta teme rellenar su nevera con carnes. Para ella, comprar estrictamente lo necesario se ha convertido en una de las lecciones de sus cinco meses a oscuras.

“Siempre existe ese temor de que se vaya la luz otra vez, en cualquier momento. Creo que eso nos va a durar un tiempo… Así que solo compro lo que puedo hacer en el momento. Me mantengo con las frutas, vegetales y viandas”, puntualizó.

A pesar de la abrumadora espera y ser de los últimos en la zona urbana de Ponce a quienes se les restableció el servicio eléctrico, varios vecinos se unieron para prepararle un almuerzo a los trabajadores de la AEE, que el pasado 24 de febrero le devolvieron a esta comunidad “mucho más que la luz”.

“Les damos las gracias a esa brigada de la AEE. Sabemos que ellos tienen mucho trabajo y, a pesar de todo, están haciendo el esfuerzo”, recalcó Figueroa Vargas.

“Estamos bien agradecidos de todas las personas que se interesaron en nuestra situación y que ayudaron a que esto se resolviera. Sabemos que hay muchas personas que todavía necesitan ayuda y esperamos que a ellos también se les resuelva”, continuó.

Llaman desde La Fortaleza

De hecho, decenas de ciudadanos solidarios no dudaron en comunicarse para expresar su solidaridad y ofrecer ayuda al ver el reportaje.

Y hasta la líder comunitaria Lourdes Rivera Vázquez recibió una llamada de la Oficina de la Primera Dama en La Fortaleza. Minutos después, Beatriz Rosselló Areizaga tomó el teléfono para expresar su consternación por la situación en Pueblito Nuevo y ofrecer ayuda.

“Eso es positivo y hay que reconocerlo”, dijo Rivera Vázquez. “Tras leer el reportaje, se interesó y se puso a la disposición de ayudar. Le conté de cómo esta comunidad se ha unido y ha tenido que organizarse para solucionar este problema debido a la falta de comunicación que tiene el Municipio de Ponce hacia estas pequeñas comunidades”.

Por su parte, Rivera Vázquez aprovechó para reiterar que a casi seis meses del azote del huracán María aún quedan cientos de personas en Ponce a oscuras, debido a los llamados “bolsillos sin luz”.

Hasta el pasado 7 de marzo así ocurría en Las Carrozas, Maragüez, Las Lomas Guaraguao, La Carmelita, el Callejón Brea de La Playa, la calle Luis Martínez 210 de la barriada Borinquen, el Callejón Venus 108 y la calle Miramar 136 en Ponce, al igual que en Quebrada Ceiba, el barrio Jaguas y Barreal en Peñuelas y el barrio Limany en Adjuntas.

“Parte de lo que nos dejó María es que se descubrió la gran necesidad que tienen acá las personas de mayor edad en las comunidades. Es importante darle el apoyo y ese cariño, porque son unas personas que nos dieron mucho hace años y ahora nos toca a nosotros ayudarlos”, puntualizó la líder comunitaria.

“Aquí hay unas entidades a nivel de gobierno que se supone que estén velando por la calidad de vida de estas personas y hay que reclamar que así lo hagan”, sentenció.

Para Rosa Julia Figueroa y su madre encamada Rosa J. Vargas, de 86 años, el restablecimiento del servicio ha representado dosis grandiosas de felicidad y alivio. (Foto: Florentino Velázquez)