Puerto Rico: meca caribeña de la bioluminiscencia

Si bien este fenómeno no se manifiesta únicamente en Puerto Rico, sí es singular su magnitud, belleza, estabilidad y permanencia en diferentes lugares del país, durante todo el año.

Foto archivo

Dice la leyenda que cuando el corsario Roberto Cofresí navegaba por el Caribe y era perseguido, se escondía en La Parguera, ya que sus perseguidores evitaban entrar al área.

¿La razón? Para ellos, los destellos de luz que en las noches liberaba su bahía demostraban que esas aguas estaban encantadas y que el corsario tenía un pacto con el mismísimo demonio.

Sin embargo, La Parguera es mucho más que fantasías y relatos: es una hermosa comunidad que se estableció como villa pesquera a mediados del siglo 20 en el municipio de Lajas.

Al presente se le considera uno de los lugares más productivos para la pesca y, de hecho, su nombre surgió del pez pargo, que en otros tiempos abundaba por este litoral.

En el 1979, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) la designó como Reserva Natural junto a 13 mil cuerdas circundantes, por lo que en esa zona puedes encontrar cayos, islotes, manglares, arrecifes de coral y bahías bioluminiscentes.

Joya natural

La bioluminiscencia es la capacidad que tienen algunos organismos para emitir luz mediante una reacción química, donde interviene una proteína llamada lucíferina, una enzima conocida como luciferas, el oxígeno y el triosfato de adeosina.

Muchos organismos solo producen esta reacción química cuando son estimulados de forma externa, por lo que no tienen control de su emisión de luz.

Otros, han desarrollado órganos especializados para emitir luz, a los que se les conoce como fotóforos.

La energía que se libera como resultado de este maravilloso efecto químico-físico se manifiesta en luz de diferentes tonalidades, que va desde el verde-azul, que predomina en Puerto Rico, hasta el rojo, que puede ser observado en las costas de California.

La bioluminiscencia es un prodigio de la naturaleza que se manifiesta en otras partes del planeta. Se conoce desde tiempos pretéritos y fue documentada 400 años antes de Cristo por el filósofo griego Anaxímenes.

Y es en el mar donde encontramos una mayor cantidad de organismos capaces de emitir luz. Entre ellos, bacterias, medusas, calamares, crustáceos, peces linternas, algunas estrellas de mar y unos tipos de organismos unicelulares a los que la ciencia llama Dinoflagelados.

Estos últimos son, precisamente, los responsables de la luminiscencia en La Parguera y otros cinco cuerpos de agua en nuestro archipiélago.

La especie de mayor presencia aquí es el Pirodinium bahamense, aunque se han identificado otras especies como el Ceratium furca, Pirodinium divergens y el Dynophysis caudata.

Es importante recalcar, que si bien la bioluminiscencia no se manifiesta únicamente en Puerto Rico, sí es singular la magnitud de la belleza, estabilidad y permanencia con la que este fenómeno se expresa en diferentes lugares del país, durante todo el año.

Esto se debe a que nuestras costas proveen bahías o lagunas cerradas, manglares y salitrales, poca lluvia y alta evaporación, escasa iluminación y aguas libres de contaminantes: condiciones geográficas y ecológicas necesarias para que las concentraciones de estos organismos sean altas, tanto como un millón de individuos por galón.

Solo así se puede apreciar este prodigio de forma evidente, atractiva y permanente, como solo en Puerto Rico se puede disfrutar.

Laguna de Piñones en Loíza

Clasificada como salobre, produce esporádicos despliegues de bioluminiscencia de gran esplendor. Su inconsistencia se debe al agua fresca que recibe de lluvias y de afluentes como la quebrada y el canal Blasina.

Las vecinas Lagunas de Torrecillas y San José ubicadas en Carolina y San Juan respectivamente, son también clasificadas como salobres.

Aquí la ocurrencia de este fenómeno es muy rara. Una se ubica en el bosque de Piñones en el Municipio de Loíza y la otra en uno de los costados del área metropolitana.

Ambas reciben mucha contaminación.

Laguna Grande de Fajardo

Privilegiadamente localizada en la esquina noreste del país, figura dentro de la jurisdicción de la Reserva Natural de las Cabezas de San Juan.

Esta laguna, clasificada como marina, ofrece espectaculares derroches de bioluminiscencia.

Actualmente es una de las área turísticas más concurridas del este de la isla principal. Y para quienes interesen explorarla, hay multiplicidad de ofertas de excursiones que salen desde el poblado pesquero de Las Croabas.

Bahía Mosquito en Vieques

Considerada como una de las mejores del mundo, su aislamiento y el poco desarrollo urbano proveen condiciones excelentes para apreciar hermosas expresiones de bioluminiscencia de manera espectacular y permanentemente.

Se puede visitar contratando el servicio de varias compañías. Hay alternativas que van desde la renta de kayaks hasta paseos en un bote de motor eléctrico.

Lagunas del Mar Negro en Salinas

Una bella y significativa parte del Estuario de la Bahía de Jobos es conocida como el Mar Negro. Se compone de varias lagunas, corrales de mangle y lo que los lugareños llaman Placeres o diminutas lagunas de muy baja profundidad.

Estos sistemas son de origen marino. Su bioluminiscencia es consistente. Se puede visitar por un paseo tablado y por excursiones organizadas.

Hay excursiones que salen desde el puerto de Pozuelo en Guayama, Salinas Playa y Las Mareas.

Laguna Joyuda en Cabo Rojo

Clasificada como salobre, es considerada por funcionarios del DRNA como una de las lagunas más vírgenes del planeta.

Su bioluminiscencia no es consistente, aunque sí es majestuosa cuando se muestra el fenómeno.

La Parguera en Lajas

De todos los destinos turísticos del país, el poblado pesquero de La Parguera en Lajas ha sido y es uno de los destinos turísticos más visitados, tanto por residentes como visitantes del exterior.

Su oferta turística incluye una gran cantidad de hoteles y restaurantes. De día hacen la delicias del turista sus cayos y arrecifes, y de noche la visita a la más famosa de todas las lagunas y bahías bioluminiscentes en todo el archipiélago.

Sin embargo, es mi deber aprovechar esta oportunidad para destacar que el desmedido impacto humano, tanto en este sistema como en sus alrededores, significan una amenaza para la permanencia de este legado natural.

Es urgente educar sobre los negativos efectos ecológicos que el desarrollo en exceso está causando en el área.

La preservación y permanencia de este maravilloso lugar está en entredicho, a menos que las comunidades del área tomen acción inmediata.

En resumen, el fenómeno de la bioluminiscencia es por demás maravilloso y sobrecogedor. De la misma manera, muy raro y esporádico en el planeta.

En nuestro archipiélago hace derroche  de expresión, pues son seis lugares en los que se puede observar. Por eso es muy grande nuestra responsabilidad.

Con eso en mente, te invito hacer turismo interno. Visítalas, disfrútalas y presérvalas.