¿Por qué posponemos o procrastinamos?

Abundante evidencia apunta a que este hábito suele contaminar otras prácticas puntuales y esenciales, como tomar medicamentos y acudir a citas para exámenes médicos: asuntos que ponen en riesgo la salud.

Dejar para mañana, posponer, aplazar… A diario, millones de personas procrastinan tareas u obligaciones, sencillamente, porque se trata de algo que no le apasiona o que le provoca, desde ansiedad hasta hastío.

Sin embargo, el precio por posponer las cosas suele ser alto. Por ejemplo, estudiosos señalan que dejar las cosas para último minuto tiene como resultado un trabajo de baja y mala calidad e, incluso, una disminución considerable en el bienestar y satisfacción de la persona.

Y aunque para muchos procrastinar las cosas resulte “necesario”, porque “trabajan mejor bajo presión”, abundante evidencia apunta a que este hábito suele contaminar otras prácticas puntuales y esenciales, como tomar medicamentos, al igual que la realización de laboratorios y citas para exámenes médicos: asuntos que ponen en riesgo la salud.

¿Por qué ocurre?

Falta de estructura en general

De acuerdo a expertos en conducta, la falta de dirección impuesta o auto impuesta para cumplir con tareas laborales, académicas o personales -algo más común en tiempos de coronavirus, cuarentena y trabajo remoto- puede contribuir en un incremento de la procrastinación.

Mas si a eso se añade la libertad de elegir entre obligación e impulso, con un ambiente favorable a la distracción, entonces inevitablemente ganará el impulso.

Para evitar este riesgo, una solución sería preparar intencionalmente el ambiente de trabajo para que los objetivos diarios se cumplan. Por ejemplo, colocando a la vista avisos escritos de las metas para el día y haciendo más difícil el acceso a distracciones, como revisar frecuentemente las redes sociales.

Para esta última, una alternativa es crear varios niveles de acceso y seguridad, lo que le hará más complicado conectarse a esas cuentas.

Tareas que no son placenteras

No obstante, el signo de procrastinación más predecible, ese que huele a posposición aún a millas de distancia, es una tarea u obligación no placentera, aburrida o poco interesante.

Entre los ejemplos más habituales resaltan las tareas del hogar, los proyectos de escuela o universidad, y hasta el inicio de un régimen de ejercicios.

¿Cómo vencer al instinto de procrastinación? Una estrategia es “divide y vencerás”.

Por ejemplo, transforme el objetivo final en un proyecto de fases, de pequeñas tareas, fáciles de completar. Otra estrategia es recompensarse al finalizar cada una de ellas, de forma tal que al asumir la próxima etapa se sienta animado y dispuesto a conseguir el siguiente “premio”.

Simultáneamente, también sentirá satisfacción con lo logrado.

El tiempo

Otro aliado de la procrastinación, irónicamente, puede ser el tiempo. Ejemplo claro ocurre cuando se posponen las obligaciones o tareas asignadas, simplemente, porque no se precisó cuánto tiempo se tenía para realizarlas, con lo cual el final es dilatado y retrasado.

La solución para esto es simple: estipular términos razonables y, ¿por qué no? Volver al inciso anterior: dividir la tarea o el proyecto en fases de corto plazo, con premios a corto plazo.

Ansiedad

Otro asunto que con frecuencia se observa entre personas que procrastinan e, incluso, posponen indefinidamente el inicio de tareas o metas simples, es el miedo a fracasar.

Como apuntan diversos estudios, la procrastinación está asociada con altos niveles de estrés. Para aliviarlo, se recomienda evitar tareas de alta prioridad y asignaciones que signifiquen un gran reto, hasta tanto la persona descubra por sí misma que es capaz de terminar su objetivo, alejado de la innecesaria ansiedad.

Auto confianza y autoestima

Por otro lado, nadie debe perder de vista la baja auto estima.

Cuando esta ocasiona que las personas eviten actividades, entonces ocurre lo peor de dos mundos: se pierde la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos, aprendizaje y habilidades, mientras se enraízan dudas sobre las habilidades innatas para completar tareas.

Para lidiar con este instinto por procrastinar, entonces se debe procurar que el cumplimiento de objetivos y metas incite sentimientos de auto confianza e incrementen la autoestima, lo que dará como resultado que la persona acepte retos más difíciles y los cumpla.

Fuente: Psicología en acción