Ponce y su magia salsera: un fenómeno único en el planeta

Súmele a esto, a cuántos compositores ponceños les han grabado piezas musicales las más resonadas orquestas e intérpretes internacionales de la música afrocaribeña.

Foto archivo

“Yo tengo fe en la vida y en el porvenir”.

Rubén Darío

A la memoria de don Quique Lucca, un hombre sabio, constante, consecuente y exitoso.

Tengo dos pies zurdos y muy poco sentido del ritmo. En consecuencia, soy un pésimo  bailarín. En pocos lugares y actividades, me siento tan incómodo como en un baile.

Esto no quiere decir que no baile: lo hago fatal, pero lo hago, empujando mi cuerpo mecánicamente de un extremo a otro y arrastrando a la pareja.

Para peor, en Colombia -la Patria Grande de mi esposa Rocío- hay pasión por la salsa y presumen que todos los puertorriqueños somos como Roberto Roena, o sea, unos  bailarines del cará.

Esa presunción equivocada me ha llevado a decepcionarlos, malamente.

Pero peor me ocurrió en el año 1956, cuando cursaba el tercer año de Escuela Superior y me seleccionaron como parte de un grupo de cinco jóvenes boricuas para ir a la ciudad de San Luis en Missouri, a representar  a Puerto Rico en la Convención Anual de la Cruz Roja Juvenil, en la que participaron representantes de los 48 estados federados de entonces, y Alaska, Hawaii y Puerto Rico.

Para ese tiempo, el baile del Chachachá hacía furor en el mundo, por lo que las jovencitas que asistían a la convención querían aprenderlo, preferiblemente con un latino.

Se nos acercaban y nos decían con toda espontaneidad “I want to do the Cha-Cha”. ¡Si ustedes hubieran visto lo que yo les enseñaba a aquellas jovencitas so color de Cha-Cha!

Si lo hubiera visto Bobby Capó, quien era un fenómeno bailándolo, me manda a  fusilar. Pero, como decía Diplo: “experto es aquel que sabe un poco de lo que nadie entiende”.

Regresando a la salsa, cierto es que cuando conocí a Rocío, hace ya cerca de 20 años, yo hacía lo indecible para enamorarla, por lo que saqué buen partido a este fenómeno musical.

Hablé con mis buenos amigos, don Quique y Papo Lucca, les dije en qué estaba empeñado y les pedí permiso para llevarla a uno de los ensayos semanales de La Sonora Ponceña.

Me dijeron que con mucho gusto lo harían e indicaron el día en que debía asistir. ¡Un patitieso recién enamora’o, sacando pecho a costa de una institución ponceña, internacionalmente famosa de la salsa, como La Sonora Ponceña!

A ella, le dije que la llevaría a una cita a ciegas con “algo” que estaba seguro que le habría de gustar.

Tal y como lo pensé, así fue. Fuimos junto a sus dos nenas, ahora  también mis hijas de crianza y de corazón, Ana Xilena y Marina Rocío, entonces de alrededor de ocho y nueve años de edad, quienes durante todo el tiempo permanecieron sentaditas. Se mostraron tímidas, retraídas, aunque realmente no lo eran.

Y tan pronto entramos al lugar donde se llevaban a cabo los ensayos, dimos de frente con la guagua, debidamente identificada, que anunciaba a “La Sonora Ponceña” y los llevaba  a sus compromisos musicales en Puerto Rico.

De la sorpresa y emoción, Rocío se cubrió el rostro con ambas manos -no lo podía creer- y cuando más adelante lo contó en su país, fue todo un acontecimiento.

Fue una de esas ocasiones felices en las que aciertas plenamente en algo que te propones.

Don Quique -que en paz descanse-, Papo y demás miembros de la orquesta se portaron espléndidamente con ella. Incluso, Rocío “tocó piano” junto a Papo en su legendario piano-salsero.

Esa noche, Rocío dio rienda suelta a su característica “risa loca”, esa que le hace honor al bolero del mismo nombre que escribió en Mayagüez el dominicano Samuel Herrero, dedicado a la doctora Antonia Luisa Caíno -cuyos padres tenían la Joyería Caíno en la calle Méndez Vigo y quien luego se convirtió en su esposa- y que nadie más canta como Yayo “El Indio” Peguero y Chucho Avellanet.

La letra de ese bolero, dicho sea de paso, pinta de manera hiperrealista el estado anímico en que me encontraba en aquel momento y lo que representó para mi vida triste aquella “risa loca” de Rocío.

Vivo muy agradecido de todos los integrantes de La Sonora Ponceña por aquel detallazo.

Pensándolo a fondo, es increíble cuán hincada tiene sus raíces en Ponce la mejor salsa del planeta.

Héctor Pérez Martínez, mundialmente conocido como “Héctor Lavoe”, nació en la Perla del Sur el 30 de septiembre de 1946.

Por su parte, Pedro Rodríguez Ferrer, “Pete El Conde Rodríguez”, también nació en Ponce el 31 de enero de 1935.

De igual modo, José “Cheo” Feliciano Vega nació en Ponce el 3 de julio de 1935 e Ismael Quintana Reyes el 3 de junio de 1937.

Asimismo, Enrique Arsenio “Papo” Lucca Quiñones nació en la misma ciudad el 16 de abril de 1946 y Yolandita Rivera el 30 de junio de 1951.

Tengo un gran amigo abogado, nacido, criado y residente en Ponce, también con bufete profesional en Ponce, que se llama  Ramón L. Ortiz Palmieri, al que cariñosamente apodamos “Chancho”: un modelo de ser humano y de profesional.

Su mamá es hermana del padre de Carlos Manuel Palmieri Maldonado y Eduardo Palmieri Maldonado: es decir, es tía de Charlie y Eddie Palmieri, dos íconos de la salsa internacional, ambos nacidos en la ciudad de Nueva York y, por consiguiente, primos del licenciado Ortiz Palmieri.

Los padres de los dos Palmieri eran ponceños: Isabel Maldonado y Carlos Palmieri. Así lo relata Eddie en una entrevista grabada a la que he tenido acceso.

Entretanto, la mamá de Ernesto “Tito” Puente Ortiz, doña Ercilia Ortiz -según el libro biográfico sobre Tito, escrito por Joe Conzo Senior y titulado Mambo Diablo- también nació en Ponce.

El médico Rigoberto Puente, quien ha tenido su oficina médica durante muchos años en Ponce, es primo de Tito.

Don Quique Lucca, quien nació en Yauco el 12 de diciembre de 1912, vivió hasta su fallecimiento el 9 de octubre de 2016, también en esta ciudad.

Más de una vez a lo largo de nuestra amistad, me expresó el respeto que sentía por quien fue su primer trompetista de orquesta, Filiberto Ojeda Ríos; y la enorme admiración que sintió desde muy temprano en su vida por “El Ciego Maravilloso”, el tresero cubano Arsenio Rodríguez, uno de los Padres de la Salsa.

Por eso, a su hijo Papo le puso por nombre Enrique, acompañado por el nombre de Arsenio, autor de Fuego en el 23, Bruca Maniguá, Güira de Macurijes y el bolero triste La vida es sueño, que tiene una linda historia sentimental de la cual les hablaré otro día.

Por otro lado, Jorge Arce nació en la barriada Bélgica de Ponce el 16 de noviembre de 1950. Súmele a esto, a cuántos compositores ponceños les han grabado piezas musicales las más resonadas orquestas e intérpretes internacionales de la música afrocaribeña.

A vuelo de pájaro, veamos una breve muestra de esos compositores ponceños: Francisco “Chalina” Alvarado, Joe Torres, Pepe Castillo, Ramón León Almodóvar, “Jossie León”, ponceño que ahora vive en Medellín, donde la salsa es una religión; Gelo Rodríguez, creador del Grupo Bomplené junto a sus hermanos y a Pepe Castillo.

Otro es el ponceño creador de lo que podríamos llamar “la salsa  sesuda”, con mensajes patrióticos, Frank Ferrer Nazario; fundador de la orquesta avanzadísima a su tiempo llamada “Puerto Rico 2010”, creada alrededor de 20 años antes del año que lleva por nombre.

En Medellín vive un musicólogo paisa, llamado Sergio Santana Archbold, quien ha escrito y publicado, entre otros , dos libros biográficos sobre Héctor Lavoe. Para el segundo libro, lo puse en contacto con el abogado ponceño Jorge Carmona, amigo de infancia de Lavoe, quien compartió con él apartamento en Nueva York, es primo y ahijado de confirmación de Gelo Rodríguez Vázquez, el de Bomplené, y hoy día es abogado de La Sonora Ponceña.

Sergio lo cita ampliamente en su segundo libro.

Más aún, se filma con alto presupuesto la película internacional sobre la vida de la Reina Cubana de la Salsa, Celia Cruz. La interpretación de “La joven Celia” la  realizó una joven y buena actriz, Jaimy Osorio, también nacida y criada en Ponce.

A estas alturas, sospecho que el lector espera por otro rasgo de “la vida mágica”. Pues lo hay y aquí se lo cuento.

Aquellas dos niñas, hijas biológicas de Rocío e hijas mías de crianza, quienes estuvieron amontonás en el ensayo de La Sonora Ponceña, hoy tienen 28 y 27 años respectivamente.

En lo que respecta a Marina, la segunda, desde siempre mostró una arraigada  vocación y habilidad para la música, con inclinación y habilidad para la música afrocaribeña.

Hizo un Bachillerato en Música Popular en la Universidad Inter-Metro, que tiene una facultad de ensueño, donde también estudió Bomba. Personalmente, con Tata Cepeda, también aprendió a bailar la Bomba. Obtuvo ambos diplomas.

Hace cuatro años se fue a la ciudad de Barcelona (donde todavía reside); allí hizo una Maestría en Música para Cine en la Escuela de Música Superior de Cataluña; se juntó con otras tres boricuas, tan jóvenes como ella, y crearon el único grupo de Bomba Puertorriqueña que jamás ha existido en la Ciudad Condal.

Ellas son la bailadora Isadora López de Aibonito, Daniela Torres de Cayey, quien toca el buleador; Ámbar Rosado de Mayagüez, quien toca el cuá; y nuestra hija Marina Rocío, directora musical, compositora, y solista, quien toca el tambor primo.

Todas cantan a coro.

De entrada, Mancha E’ Plátano -con cuatro jovencitas lindas y graciosas que desempeñan muy bien su papel- tuvo una acogida tal que la Fundación McArthur en Chicago les reconoció y les otorgó un Grant para que vayan a unos lugares en los Estados Unidos a enseñar la composición, el canto, el baile y el toque de los distintos instrumentos originales de la Bomba.

La consabida pandemia del Covid-19 las obligó a detener aquel arranque inicial y hasta aplazar de momento el viaje de enseñanza-desarrollo a los Estados Unidos.

Recientemente, Marina me llamó y me dijo: “Papito, el día que tú nos llevaste cuando éramos chiquitas al ensayo de La Sonora Ponceña, en ese lugar que nos era extraño, Ana y yo estábamos aburrías, yo no sabía mucho sobre La Sonora Ponceña. Ahora, cuando se lo cuento a mis compañeros músicos acá, lo consideran un privilegio tan grande, que no pueden ni creerlo”.

¡Así de cotizada está nuestra Sonora Ponceña en la ciudad de Barcelona!

“Héctor Lavoe”