Ponce: escogerte fue un enorme acierto

Surgían las urbanizaciones Fullana o Extensión Mariani, la Santa María y en ella la siempre concurrida YMCA.

Foto archivo

“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de  relativo es el tiempo”.

Mario Benedetti

A la memoria de doña Toñita Hilera de Dapena, doña Julia Ríos, doña Hilda Conesa de Yordán, doña Julita y don Toño González.

A  la memoria de Gonzalo Diago Betancourt, José D. (Lolo) Castro González, Jaime Julio Yordán Conesa y Winston Ramírez Irizarry.

A mi llegada a Ponce, la zona histórica estaba bien reglamentada, pero muy poco incentivada por nuestro Instituto de Cultura. Incluso, los dueños de las estructuras sentían que los estaban privando del libre uso de sus propiedades.

Era una caldera en ebullición que no tardó en estallar. Se convirtió en lo que el periodista Luis R. Varela, siempre ocurrente, bautizó como “La zona histérica”.

Ya desde entonces, hacía falta un plan de restauración y desarrollo de la ciudad, como el que muchos años después  implementó el gobernador Rafael Hernández Colón y en su tiempo capitaneó el alcalde Rafael “Churumba” Cordero, hijos de Ponce que amaban profundamente su ciudad.

Lo que hoy quiero relatar es, sin embargo, que para el tiempo de mi llegada ya se estaba desarrollando la ciudad, y ante mis ojos continuó creciendo, sobre todo, al sur y al este urbano de la zona histórica, un Ponce moderno que, según mi entender, tenía como punta de lanza el inicio en el año 1956 de las operaciones de la Commonwealth Oil Refining (CORCO) y las plazas de trabajo que esta producía.

Íconos de aquel desarrollo eran también el Edificio Darlington, la Concha Acústica, la Universidad Santa María en su campus  actual (había comenzado en la sede del Colegio San Conrado); la Avenida Las Américas, que recorría todo el frente del campus universitario desde la Avenida Hostos al este hasta la Avenida Muñoz Rivera al oeste; la arquitectura futurista de la Iglesia Santa María Reina, la Academia Santa María; y el nacimiento de la Caribbean School, creada especialmente para los hijos de los estadounidenses que vinieron a trabajar en el complejo petroquímico.

Esta comenzó en una estructura construida en “durotex”, material cancerígeno que también se manufacturaba en Ponce. Tenía un amplio patio y ubicaba entre el extremo sur del campus universitario y la Avenida Muñoz Rivera.

Yo la veía cada tarde cuando cruzaba desde la también recién construida urbanización Villa  Grillasca (área por excelencia de hospedajes universitarios),  dribleando un balón, hacia las canchas de cemento de la Universidad Santa María, a “comer cancha”.

También surgían las urbanizaciones Fullana o Extensión Mariani, la Santa María y en ella la siempre concurrida YMCA; la urbanización La Rambla; los Tastee-Freez en las urbanizaciones Santa María y La Rambla; el Parque Paquito Montaner, todavía novedoso a sus ocho años de edad, y en su terreno de juego una cancha portátil para jugar baloncesto superior , (tratando de acallar con  ella una promesa solemne y una ley para construirle a la ciudad una cancha bajo techo, otro volcán a punto de estallar, al que andando el tiempo, a la vista de todos, le echamos gasolina y lo abanicamos).

Símbolos de esa modernidad en surgimiento coetáneo también fueron el nuevo Tribunal de Ponce, que colindaba con el residencial Gándara (el tribunal todavía estaba en el segundo piso del Edificio El Castillo, lo que hoy es la Escuela de Bellas Artes); y el nuevo edificio del Hospital de Distrito, parte de lo que hoy es el Hospital San Lucas Dos.

Párrafo aparte amerita para mí, en “el oro de mis recuerdos”, la inauguración del Hotel Ponce Intercontinental en el cerro El Vigía, en donde disfruté conciertos musicales y momentos inolvidables junto a mi novia universitaria, Lena María (Luna) Franceschi Irizarry, luego mi esposa y madre de nuestros tres hijos.

Hay dos hechos, inconexos entre sí y en realidad muy simples, insignificantes si se quiere, que sin embargo recuerdo particularmente.

Uno de mis primeros amigos residentes en la urbanización Villa Grillasca fue Neco Santiago, hermano de una figura muy conocida y querida en Ponce, Froilán Santiago, quien fue durante muchos años gerente de Ventas de la Destilería Serrallés,  familia oriunda de Juana Díaz.

Neco era un apasionado del béisbol y fue siguiendo día a día con una pasión frenética el año de novato, con los nuevos Gigantes ya asentados en San Francisco, del “Baby Bull” Orlando “Peruchín” Cepeda. Ocurrió en el año 1958.

Era una locura. Corría hasta mi hospedaje a imitar al narrador que acababa de escuchar, de cada uno de los 25 cuadrangulares en su primera temporada. Es un  hecho muy simple, ciertamente, pero está muy arraigado al recuerdo de mis primeros meses en Ponce.

El hecho que sigue me impactó por lo extraño y ajeno que era al mundo de donde yo provenía. Sucedía que entre muchos de los jóvenes ponceños de mi edad, sobre todo entre los varones de la Ponce High School (la Doctor Pila no existía aún), había una fiebre de competencias de marchas militares de fantasía, en las que eran muy buenos.

Tanto así, que me contaron (no lo sé de cierto) que un equipo de la Ponce High había ganado un gran premio en esa especialidad en los Estados Unidos.

Aún tengo en mi memoria el recuerdo del rostro del que me señalaron con admiración como líder del equipo ganador, héroe de aquella juventud ponceña. Se llamaba o le decían “Piloto” y vivía en una de las primeras casas de la recién construida Avenida Las Américas, cerca y en la misma acera de lo que hoy es el  Burguer King, que hace esquina con la Avenida Hostos.

Era tan grande la fiebre que muchos de los jóvenes caminaban inconscientemente marchando en su diario vivir, hecho que captaba mejor, pienso yo, porque recién había llegado de otra realidad cultural.

Reitero, para ustedes y para mí, que el día en que me gradué de escuela superior en el Colegio San Antonio de Padua de Isabela, no pude tomar una mejor decisión que la de venir a estudiar a aquella universidad, de apenas nueve años de fundada, que solo contaba con tres edificios sencillos y un templo de arquitectura modernista.

Ponce: escogerte fue para mí un enorme acierto.

Arquitectura futurista de la Iglesia Santa María Reina.