Ponce en mi corazón: los secretos tras el himno de esta Perla del Sur

Su autor, el doctor Ángel Luis Rodríguez Rosado, uno de los primeros especialistas en Medicina Nuclear en Puerto Rico y mecenas del Arte, es oriundo del pueblo de Naranjito.

Foto suministrada

“Quien planta árboles está al lado de la eternidad”.

Joaquín Araújo, naturalista español

 

A la memoria del doctor Luis A. Irizarry Pérez.

Pocos han amado a Ponce tanto como él.

Y a doña Judith Rodríguez,

viuda del doctor Ángel Luis Rodríguez Rosado.

 

El himno oficial de la ciudad de Ponce es muy buena muestra de la magia que irradia nuestra ciudad hacia gente de otros lugares.

Su autor, el doctor Ángel Luis Rodríguez Rosado, uno de los primeros especialistas en Medicina Nuclear en Puerto Rico y mecenas de artistas y en general de las Artes, es oriundo del pueblo de Naranjito.

Cuando niño, escuchaba asíduamente las narraciones de los juegos de béisbol profesional desde Ponce, que hacía don Radamés Mayoral a través de la emisora radial WPAB, cuyas ondas se captaban y aún se captan con toda claridad en todo el interior de Puerto Rico.

El escuchar todas las narraciones de los juegos de Ponce, lo hizo “seguidor” del equipo y, por extensión, de la ciudad.

Ya adulto se hizo médico especialista, fue un generoso mecenas de las artes: en especial, de nuestro gran cantante de popularidad internacional, Tito Rodríguez y del director-pianista de aquél “big-band” que acompañaba a Tito en su espléndido programa de televisión en sus gustadas grabaciones, el cubano René Hernández.

Tito y René se conocían desde muchos años atrás, cuando ambos, junto a Tito Puente, formaron parte en Nueva York de la muy famosa orquesta del también cubano José Curbelo.

Como cuestión de realidad histórica, pocos lectores saben estos dos hechos que les relato a continuación:

En una presentación de la Orquesta de Curbelo en el Cabaret China Doll de Nueva York, Tito conoció al amor de su vida y madre de sus dos hijos, la japonesa nacida en el estado de Washington, Takeko Kunimatsu .

En segundo lugar, que fue el doctor Ángel Luis Rodríguez Rosado quien apoyó a Tito en la construcción, para su amada Takeko, de la única Pagoda Japonesa que había en Puerto Rico, la que se edificó en la Avenida MacLeary de Santurce, muy cerca de la Urbanización Ocean Park.

A la muerte de Tito, él la adquirió, también para ayudarlos; y hoy es propiedad del también magnífico cantante puertorriqueño, Gilbertito Santa Rosa.

Retomo la “brújula del tema”, el Himno de Ponce.

Dada la especialidad médica, el doctor Rodríguez Rosado comenzó a venir  a Ponce un día cada semana, a prestar sus servicios médicos en el original Hospital San Lucas de su amado Ponce. Ello propició que entablara amistad con su colega, el doctor Luis A. Irizarry Pérez, quien para ese tiempo ya era mi amigo.

Un día, el doctor Irizarry Pérez me dijo que el doctor Rodríguez Rosado había escrito una canción muy bonita dedicada a Ponce, que ya la habían grabado y le prometió traerle el disco.

El doctor Irizarry Pérez no tardó en traerme el disco de 45 revoluciones en el que por un lado la “canción” está cantada por Paquiro Muñoz Arjona y por el otro,  una versión  instrumental, realizada por un grupo “ad hoc” de muy buenos músicos, también dirigidos por el maestro René Hernández.

Llevé de inmediato la grabación al programa deportivo radial que realicé a través de WEUC-AM, desde el 1961 hasta el 1979. La canción, desde la primera difusión, tuvo un éxito “brutal”, como dicen ahora los millenials.

La repetía una vez tras otra, con creciente aceptación. Mi hermano de siempre, Rafi Serrano, quien presidía el Comité de la Celebración de los Quintos Campeonatos Centroamericanos y del Caribe de Atletismo en Ponce, del que formábamos parte el doctor Irizarry Pérez, un servidor, y la totalidad de la Junta de Directores de aquel evento deportivo internacional, decidimos adoptar la marcha, cantada por Paquiro Muñoz, como himno oficial de aquellos Campeonatos de Atletismo.

Más adelante, el amigo y colega periodista deportivo Pedro Carlos Lugo usó la versión instrumental de la marcha que estaba al reverso del disco, como fondo musical para la presentación y despedida de su Programa Deportivo.

Algunos años después y a partir de toda aquella promoción, el doctor Irizarry Pérez y este servidor nos empeñamos que fuera el Himno Oficial de Ponce.

Ahí nos salió al paso, como obstáculo, el partidismo político.

La Asamblea Municipal del entonces alcalde Joselín Tormos Vega lo bautizó por lo bajo como “el Himno del doctor Irizarry Pérez y de Quique Ayoroa”; y rechazó nuestra propuesta de proclamarlo como Himno Oficial de Ponce.

En cambio, incentivaron al autor de En Mi Viejo San Juan , Noel Estrada, quien ya estaba mortalmente herido por la enfermedad renal que en poco tiempo, en el 1979, le causó la muerte, para que escribiera un himno que compitiera contra el nuestro. La precariedad de su salud no le permitió hacerlo.

Lo de Noel Estrada me dolió doblemente, sin decirlo, toda vez que en mi pueblo natal lo consideramos isabelino, porque nació y pasó allí los primeros 40 días de su vida, le escribió al pueblo canciones de corte campesino, y siempre he admirado su obra artística.

Algún tiempo después, el alcalde Tormos Vega cayó en desgracia pública, falleció Noel y, entre unos y otros eventos, llegó a la alcaldía Rafael “Churumba” Cordero.

Su directora de Asuntos Culturales, Maruja Candal Salazar, convocó a un certamen para seleccionar oficialmente el himno. Formaron el jurado, entre otros, Johnny Torruellas, Luis Osvaldo Pino, Rubén Colón Tarrats y el pianista clásico ponceño, Elías López Sobá.

Se presentaron varias propuestas al certamen, incluyendo una danza del pianista Narciso Figueroa, pero fue seleccionada la marcha que, al paso de los años, le dedicó a su ciudad amada desde la distancia, el niño naranjiteño.

Duchos en materia linguística y poesía, le hicieron pequeños ajustes a la letra.  Se adoptó oficialmente. El también isabelino-ponceño, el maestro Luis Osvaldo Pino, director de entonces de nuestra Banda Municipal, la dirigió con un arreglo musical del maestro Moisés Ortiz, mientras que el maestro Rubén Colón Tarrats, director en aquel momento del Coro Municipal, juntó y dirigió a todos los coros que había en la ciudad de Ponce, para su gran estreno.

Ocurrió el 12 de octubre de 1994, durante el evento 300 voces le cantan a Ponce: un suceso histórico que contó además con David Ortiz Angleró y este servidor como maestros de ceremonia.

De este modo, hace un cuarto de siglo, se presentó oficialmente al mundo, de manera apoteósica, el hermoso himno de esta Perla del Sur.