Pocas emociones comparan con la ilusión por los Reyes Magos

Pasaron los años, la tradición se mantuvo. Los hijos de nuestros hijos, los amados nietos, también cortaron la hierba para los camellos de los Reyes Magos.

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“Esta tarde vendrán todos:

primos, amigos, parientes,

y buscaremos la hierba

(la más fresca, la más verde)

para dar a los camellos

que vienen desde el Oriente

transportando sin cansarse

a nuestros tres Santos Reyes”.

Georgina Lázaro León

Libro ¡Ya llegan los Reyes Magos!

A la memoria del sacerdote episcopal español, puertorriqueño, ponceño, Antonio Molina Rodríguez, tan auténtico, quien tan profunda huella dejó en todos los que le conocimos.

La tradición de los Santos Reyes tiene diferentes versiones, en distintos sentidos.

Cuando era niño, les llamaban “Los Tres Santos Reyes Magos de Oriente”. Sin embargo, hay una versión de que solo Gaspar era “de Oriente” y llegó al portal en un camello.

Baltasar era de Etiopía, África, llegó en un elefante. Melchor era de la Arabia de entonces y llegó en un caballo.

Si Baltasar era de Etiopia, es lógico concluir que era el mago negro.

Desde que nací, me enseñaron que el rey mago negro era Melchor y siempre fue el rey de mi predilección y devoción. Y lo sigue siendo. Era al que le escribía mi carta, aunque el ruego era para los tres.

Para aquella época, mi abuelo materno, Pedro Carlos Santaliz Zea, nos hacía llegar cada 6 de enero una décima o espinela, firmada anónimamente por “El Rey Melchor”, junto a un dólar, ambos dentro de un sobre. La espinela tenía el propósito de reprendernos por las cosas incorrectas, las travesuras, que habíamos hecho durante el año, que él anotaba, y felicitarnos por lo que habíamos hecho bien.

La búsqueda de la hierba para los camellos, cortarla en el campo, hacer ramitos con ella amarrados con cordón, ponerlas dentro de una caja de zapatos vacía y, en mi caso, la carta a Melchor encima, es una tradición hispánica que se extiende en el tiempo y en mi recuerdo.

Cuando comenzaba mi núcleo familiar con Lunita, mis hijos y demás niños de la vecindad íbamos a buscar por la orilla del río Canas la hierba que cada cual luego llevaba a su hogar para preparar los ramos.

Recuerdo de manera especial a los hijos de los vecinos y compadres, Gladys y Teodoro Maldonado Rivera; los hijos de los también compadres Silvia y Carlos Colón Padilla y a la querendona del “barrio”, la hoy doctora en Medicina, Evelyn Almodóvar Puantong, a quien llamamos “Evín”.

Más tarde llegaron los hijos del matrimonio peruano que componían Marta Costa y Hugo Zunino, pero eran muy pequeños para esta aventura.

Andando el tiempo, le propuse a los también compadres, la escritora de literatura infantil Georgina Lázaro León y a su esposo, César Hernández Colón -quienes viven en el sector Las Bayas del barrio Maragüez de Ponce, un área agrícola con mucha hierba silvestre, muy apropiada- para que hiciésemos lo propio en su finca para los hijos de nuestras familias y de amistades cercanas.

La idea se acogió de entrada, por lo que comenzamos a invitar a otras familias que también tenían hijos pequeños.

Surgieron espontáneamente otros detalles que con el paso del tiempo se fueron institucionalizando. Aproximadamente, a lo largo de 31 años.

Desde el primer año Georgina -quien es una excelente repostera, en mi opinión es la mejor- preparó unas golosinas a base de dátiles, de la tradición culinaria de su familia, que se llaman (y lo son efectivamente) “Trocitos de Cielo”. ¡Qué nombre tan acertado!

Para culminar el encuentro del “corte de la hierba”, cada 5 de enero, de tardes y anocheceres con una temperatura fría, Georgina preparaba un suculento sancocho con varias clases de carnes. Pasaron los años, la tradición se mantuvo. Los hijos de nuestros hijos, los amados nietos, también cortaron la hierba para los camellos de los Reyes Magos.

Como dato curioso, dos cantantes de actualidad participaron de muy niños en esta actividad que se convirtió en una celebración anual: Pedro Juan Vázquez Bragan “PJ Sin Suela”, también médico como su padre, el gastroenterólogo Willie Vázquez, y Hermes “Mutti” Croatto, hijo de aquel monumento a la decencia y a la ternura al que llamábamos Tony, dos veces compadre de César.

Luego Mutti, siguiendo la tradición, llevó varias veces a su hijo Mauro, nieto de Tony.

Años antes, en el 2001, Georgina publicó un libro en versos, como todos los que ha escrito, para la editorial internacional Lectorum, titulado ¡Ya llegan los Reyes Magos!, ilustrado por la venezolana Morella Fuenmayor, libro todavía disponible y vigente, en que relata en detalle esta hermosa tradición llena del sentimiento puro de inocencia de la infancia, que iniciamos espontáneamente, sin realmente proponérnoslo.

Sencillamente, surgió sobre la marcha.

En Puerto Rico, la llegada de los Reyes Magos fue la fecha más importante, más esperada para muchos niños, y también para muchos adultos, lo fue para mí, quienes ese día cumplen con la “Promesa de Reyes”.

Ellos, particularmente el rey Melchor, me trajeron el día 6 de enero del año 2002, en San Sebastián del Pepino, en el hogar de Ivelisse Rodríguez y Ramón Edwin Colón Pratts, un gran regalo que les pedí desde el barrio Maragüez: a Rocío.