¿Otra ronda de estímulo económico? El frenesí ha comenzado

El paquete de estímulo de $3 billones aprobado en mayo por la Cámara que controlan los demócratas, enviaría ayuda a los gobiernos estatales y locales, y proporcionaría otra ronda de pagos directos de $1,200 a contribuyentes.

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Cabilderos de aerolíneas, hoteles y restaurantes, de contratistas militares y hasta de actores de Broadway figuran entre las poderosas fuerzas que ya maniobran en las entrañas del Congreso de los Estados Unidos para obtener una buena tajada del próximo gran bizcocho: el paquete de alivio económico para afectados por el coronavirus.

Como explicara este domingo Eric Lipton, periodista investigativo para el diario The New York Times, mientras el debate entre la Cámara y Senado federal se centra en decidir si proceden ayudas por uno o tres billones de dólares (una cifra con 12 ceros), industrias e intereses específicos realizan un intenso cabildeo.

El proceso, aclara Lipton, aún se encuentra en una etapa temprana, y la pandemia ha obligado a los cabilderos que normalmente dependían de un contacto más directo con los legisladores y sus asistentes, a recurrir a otras técnicas para generar apoyo para sus causas, como las campañas en las redes sociales y los artículos de opinión en periódicos.

Pero con la pandemia ganando terreno en todo el país y la economía mostrando pocas señales de repunte, los dos partidos en el Congreso y la administración Trump están bajo presión para unirse en un proyecto de ley de estímulo sustancial, dejando a los cabilderos optimistas.

El paquete de estímulo de $3 billones aprobado en mayo por la Cámara que controlan los demócratas, enviaría ayuda a los gobiernos estatales y locales, y proporcionaría otra ronda de pagos directos de $1,200 a contribuyentes.

Por su parte, los republicanos esperan presentar un paquete en los próximos días, que probablemente sea de $1 billón y que incluiría protecciones de responsabilidad para empresas, hospitales y escuelas.

El caucus republicano, sin embargo, sigue dividido sobre cómo abordar los beneficios extendidos de desempleo, que ascienden a $600 adicionales por semana, con algunos presionando para reducir la cantidad, en lugar de eliminar por completo el beneficio.

Tampoco está claro cómo se resolverán otras disputas entre los republicanos del Senado, incluidos los esfuerzos para asignar miles de millones de dólares para pruebas en las principales agencias de salud de la nación y los estados.

Durante el fin de semana, la Casa Blanca rechazó las sugerencias preliminares para semejantes niveles de financiación, enfureciendo a los republicanos ansiosos por presentar su propia legislación, antes de que comience una intensa ronda de negociaciones con los demócratas.

Los intereses

Mientras esto ocurría, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, la que más gasta en cabildeo en el Congreso, envió una “lista de deseos” de 18 páginas de largo para el próximo rescate, el quinto proyecto de ley de ayuda para este sector desde la pasada primavera, precisa Lipton.

Al tope de su lista está la protección de responsabilidad civil, lo que permitiría que las empresas grandes y pequeñas reabran sin temor a ser demandadas si un empleado cae enfermo, a pesar de esfuerzos de “buena fe” para cumplir con las reglas del gobierno.

Por su parte, banqueros y muchas pequeñas empresas a las que se ha prestado dinero para el alivio del coronavirus, están pidiendo al Congreso que apruebe un proceso simplificado que condone la mayoría de los préstamos para pequeñas empresas (menores de $150 mil) desembolsados ​​a través del Programa de Protección de Cheques de Pago.

Esos préstamos suman cerca de $140 mil millones, lo que representa casi el 87 por ciento de todas las empresas que participaron en el Programa de Protección de Cheques.

Y aunque muchos de ellos ya habrían sido elegibles para quedarse con la mayor parte del dinero, este plan simplificaría el proceso.

Asimismo, American Airlines activó efectivamente a miles de sus empleados para el esfuerzo de cabildeo, cuando el director ejecutivo envió una nota advirtiendo a 25 mil trabajadores  -incluidos 2,500 pilotos y 9,950 asistentes de vuelo- que a menos que la compañía y el sindicato pudieran convencer al Congreso de extender la asistencia a la industria hasta marzo de 2021, era muy probable que perdieran sus empleos.

“Si está interesado en apoyar estos esfuerzos legislativos, le recomendamos que trabaje con sus líderes sindicales para asegurarse de que su voz sea escuchada”, escribieron la semana pasada a los empleados el presidente ejecutivo y presidente de la aerolínea, Doug Parker y Robert Isom, respectivamente.

Los gigantes contratistas militares también han optado por tácticas similares, recurriendo a la Asociación de Industrias Aeroespaciales para reclutar a pequeños contratistas que argumenten ante los legisladores y los miembros de su personal la urgencia de asignar dinero “que ayude a cubrir los costos adicionales” asociados con el mantenimiento de las operaciones durante la pandemia.

Eso incluyó un evento virtual que el grupo organizó con una compañía de 140 empleados en Fort Worth, llamada InterConnect Wiring, la cual fabrica paneles de cabina para aviones militares.

Los representantes de la compañía dijeron a los miembros del personal del Congreso que tenía que contratar a una enfermera para controlar la temperatura de los empleados y que se vio obligada a reorganizar su espacio de producción para separar a los trabajadores, entre otros pasos, para mantener su línea de montaje en operación.