OPINIÓN: De los LUMÁticos, Dios nos coja confesa’os

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La razón de la falla técnica y la secuencia de eventos que provocó el primer gran desastre de LUMA frente al sistema de transmisión y distribución eléctrico lo conocen los ingenieros internos y externos de la AEE desde poco después del siniestro mismo. Sin embargo, por voz propia de oficiales de la empresa privada, repetidos en redes sociales y con el eco de medios de comunicación, se alimentó una teoría conspirativa de sabotaje para evadir asumir responsabilidad mientras se criminalizó a los trabajadores y a un sector creciente que protesta esta privatización, un poco como se hacía en los tiempos de la Guerra Fría. Previo y después de este evento, la cantidad de averías por todas partes con tiempos de espera prolongados para su atención debe ser motivo de gran preocupación.

El sábado temprano LUMA regresó a Adjuntas, o sea, se fue la luz en todo el pueblo y sus barrios. Pronto LUMA será sinónimo de apagón. Acá en la montaña solo instalaciones autosuficientes con energía solar continuaron su operación normal mientras otros recurrieron a las veteranas y ruidosas plantas eléctricas. Como en tiempos de huracán, días atrás un comerciante gastó cerca de $800 para reabastecer con diésel su generador. Me dijo, “tengo que prepararme con las herramientas que tengo”.

Según me explicaba el profesor Gerson Beauchamp de Ingeniería Eléctrica en la UPR en Mayagüez, los sistemas de distribución eléctrica son permanentemente vulnerables y se caracterizan por fallas recurrentes, eso tiene cierta normalidad. De ahí emana la necesidad de tener un cuerpo diestro de celadores que corrigen sobre la marcha. Cuando se acumulan más averías de las que se reparan, aumentan los estresores internos sobre la propia red eléctrica. En el caso de la falla de Monacillos, esta pudo detectarse a tiempo con un cotejo rutinario de mantenimiento preventivo. Este lugar representa el eje central del sistema y lo menos que LUMA pudo haber realizado previo a su llegada era una inspección de las instalaciones como parte de su conquista empresarial. O sea, es como cuando usted compra un carro usado y lo primero que hace es consultar a un mecánico para que lo revise antes de manejarlo o ‘chequear’ el aceite de motor y el agua en el radiador antes de emprender un viaje largo. Se les pasó, lo dejaron para luego, están ocupados con la facturación o abrumados con sus relaciones públicas, pero la parte de responsabilidad técnica deja mucho que desear desde la toma de posesión misma.

En lugar de dar cara y explicar las realidades con honestidad, se parece mucho al pasado cuatrienio en Estados Unidos cuando su presidente Trump popularizó gobernar con “fake news”. La lista de explicaciones ‘presidenciales’ para una realidad alterna y lunática polarizaron al extremo de inducir una turba a atentar contra sí mismos en el Capitolio Federal o negar la realidad del Covid-19 costándole la vida a cientos de miles de norteamericanos. Esa estrategia de abonar a la incertidumbre es maliciosamente dañina, especialmente en países que aspiran a una gobernanza democrática. Aquí LUMA, el Gobernador, la Comisionada Residente y otros van por el mismo camino con un coro organizado o a sueldo que repite sin pensar.

La falla eléctrica tras el Huracán María costó miles de muertes. Estamos ante malos indicadores de los graves riesgos por delante cuando apenas asoma la nueva temporada de huracanes.

En el campo dicen que palo que nace virao jamás su tronco endereza.