Momento mágico y refrescante en la Hacienda Buena Vista

Foto archivo

Ahora quienes visitan la Hacienda Buena Vista en Ponce pueden llevar consigo toalla y traje de baño.

Aunque parezca insólito a primera vista, se trata de un nuevo recorrido que incluye visita a la cascada “El Salto Vives”, cuya fosa profunda en forma de cántaro se transforma en una piscina natural para sus visitantes: un escenario hermosamente impresionante.

Así que además de degustar su rico café, conocer la historia de la casona y sus máquinas, desde ya los visitantes pueden caminar por el costado del río Cañas hasta llegar a la cascada.

“Nuestro recorrido ahora se divide en dos, el tradicional y el de la cascada. El primero incluye la Casa de Campo, el bosque y las maquinarias, las cuales son las originales de la Hacienda y que fueron restauradas”, manifestó la agrónoma Alexandra Rodríguez Rodríguez, intérprete ambiental de la Hacienda desde hace tres años.

“El recorrido hasta la cascada dura tres horas y los visitantes que quieran echarse al agua, lo pueden hacer”, sumó. “El otro recorrido sucede en hora y media”.

Y antes de que pregunte, sepa que el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico y su programa Para la Naturaleza están preparados para ofrecer un recorrido libre de accidentes.

La logística de seguridad implementada incluye, entre muchos aspectos, la supervisión directa de la compuerta del agua del río y la ubicación de varios empleados a lo largo de la ruta, con la intención de monitorear el comportamiento del río.

Si llueve el día antes o si se anuncia tiempo de lluvia para la fecha en que es su recorrido, se suspende hasta que las condiciones del tiempo mejoren.

“Nosotros llevamos como dos años haciendo el recorrido hasta la cascada, pero ahora es que se pueden dar el chapuzón, meses atrás eso no era posible”, recalcó la egresada del Recinto Universitario de Mayagüez.

“Aquí se hacen muchas actividades de educación donde integramos la gente. Desarrollamos eventos para los amantes de la naturaleza y para aquellos que llegan simplemente detrás del café. Aquí hay espacios para todos”, continuó la agrónoma.

Río y centro de todo

Agregó que el agua que impulsa las maquinarias y la producción llega desde el río Cañas de Adjuntas a través de un canal construido en el 1846 en ladrillos que posee una gamuza para protegerlo y evitar las filtraciones. Esa misma agua es la que llega hasta el Baño Victoriano, una fuente de agua que se ubica en la antigua entrada de la Hacienda.

“En un principio, la Hacienda tenía 484 cuerdas de terreno y fue fundada en el 1833 por el venezolano, don Salvador De Vives. En aquel tiempo se dedicó a la siembra de cacao, piñas, plátanos y ñame. Posteriormente, su hijo, Carlos de Vives desarrolló el concepto de ‘hacienda’ al construir una casa grande, un almacén, un cuartel de esclavos, una casa tostadora con su chimenea y un molino. Piezas que aún existen y se usan en la producción de la Hacienda”, reveló.

El cultivo de cacao se hace en unas cinco cuerdas de terreno, mientras que una cantidad mayor se siembra el café. Ambos productos son totalmente orgánicos y artesanales. Su producción es muy cuidada y todos celan su elaboración.

“En el 1847, Carlos De Vives obtuvo el permiso del Gobernador de entonces, Rafael de Aristegui, para utilizar las aguas del río Cañas como fuente de energía para mover las máquinas de la Hacienda con la condición de que las mismas regresaran al río, libres de contaminación. Posteriormente, en el 1853 se añadió al sistema hidráulico”, continuó.

Fue el hijo de Carlos y nieto del fundador de la Hacienda, Salvador de Vives, quien se benefició de las grandes ganancias de la producción de café. No obstante, tras la liberación de los esclavos en el 1873 y el Huracán San Ciriaco en el 1899, las ganancias mermaron y el negocio del café se afectó. Ante la situación, a principios del siglo 20 se dedicaron al cultivo de chinas dulces.

Tras las guerras y los huracanes desarrollados en la primera parte del siglo 20, De Vives abandonó la Hacienda y la mayor parte de sus tierras fueron expropiadas por el Gobierno de Puerto Rico en el 1950, con la intención de repartirlas en parcelas.

En 1984 el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico y su programa Para la Naturaleza adquirieron las restantes 84 cuerdas, y después de tres años de renovación, abrió sus puertas como una hacienda de conservación.

La Hacienda está ubicada en un bosque subtropical en que abunda la vida silvestre. La vegetación es autóctona, densa y diversa. Esta enriquecida por muchas plantas sembradas durante los años de la colonización y que sirven de hábitat para diversas especies de aves e insectos.

Si desea más información acceda al http://www.paralanaturaleza.org/en/hacienda-buena-vista o llame al 787-722-5882. Y recuerde: para visitar la Hacienda debe hacer su reservación.

“El recorrido hasta la cascada dura tres horas y los visitantes que quieran echarse al agua, lo pueden hacer”, explicó la agrónoma Alexandra Rodríguez. (Fotos: Florentino Velázquez)

“El recorrido hasta la cascada dura tres horas y los visitantes que quieran echarse al agua, lo pueden hacer”, explicó la agrónoma Alexandra Rodríguez. (Fotos: Florentino Velázquez)