Manos a la obra en la Escuela Pedro Albizu Campos

La restauración del mural de Pedro Albizu Campos es realizado por el pintor ponceño Miguel Conesa Osuna. (Fotos: Florentino Velázquez)

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Nilda Banchs Sandoval lleva más de cuatro décadas como farmacéutica, pero los sucesos que la han aproximado a los habitantes del barrio El Tuque de Ponce, no ocurrieron en el frío laboratorio donde hace análisis clínicos.

Por el contrario, fue caminando bajo el sol que tuesta, por cada rincón de esta comunidad ponceña, que la empresaria se dio a conocer tras establecer su propia farmacia “El Tuque”, 28 años atrás.

Para ese entonces, en la búsqueda por esclarecer los orígenes del lugar en el que laboraría los siete días de la semana, Nilda tocó puerta por puerta, acompañada por Ángel Borges y Sor María Isolina Ferré, para escuchar las historias de los residentes, orientarlos sobre el cuidado de la salud y compartir instantes que, hasta hoy, recuerda a plenitud.

Así lo hizo saber a La Perla del Sur, mientras acompañada por el director de la Escuela Intermedia Pedro Albizu Campos, Luis Pérez Crespo, rememoró la teoría que le compartió don Andrés Cintrón, en ese entonces “muy enfermo”, sobre de dónde salía el nombre “El Tuque”.

“Don Andrés Cintrón nos dijo que la razón por la cual al Tuque le pusieron así fue por un rótulo de ropa francesa que estaba ubicado aquí y la gente que viajaba en carros públicos o en el tren decía ‘déjame en El Tuque’, por no decir ‘Le Touquet’, que era el nombre de marca de ropa”, dijo Banchs Sandoval.

“Mas hemos buscado fotos y hasta anuncios de esa ropa francesa, pero no encontramos”, contó con voz serena y gesticulando con las manos como la persona expresiva que es.

Nilda añadió que esa no es la única versión que atesora en el archivo de historias orales que lleva por memoria. Sostuvo que la célebre historiadora Socorro Girón también le reveló que se trataba del nombre de una de las paradas del tren, y, por otra parte, el historiador Alexis Morales Cales le insistió que el sustantivo era “vocablo indígena” y se refería a un árbol venezolano con madera tan fuerte como el cedro.

La propietaria de la farmacia de la comunidad habló sobre estas vivencias en el contexto de la restauración del mural de Pedro Albizu Campos, en la escuela del mismo nombre, por el pintor ponceño Miguel Conesa Osuna. Y es que, desde hace años es partícipe del Consejo Escolar de la institución, y trabaja con devoción para que tanto los estudiantes, como la facultad y la administración, conozcan a plenitud el entorno que les rodea.

“Para nosotros es un honor tenerla…nunca nos ha dicho ‘no’”, confesó el director escolar, quien según Nilda, ha marcado una diferencia positiva en el plantel.

La reparación de la obra de arte es, precisamente, la colaboración más reciente de esta gestora, que tan pronto recibió la preocupación del dirigente escolar, sobre el desgaste de la creación original del artista Jesús Ortiz, movilizó fichas claves.

“Da la casualidad que la noticia coincidió con una actividad navideña de Voluntarios por Ponce en la que las empresas participaban y se donó dinero, dependiendo de la cantidad de asistentes en representación de la empresa. Nosotros, que contamos con 20 empleados más sus familiares, éramos muchos. Supimos que esa era la oportunidad”, manifestó.

Sin embargo, la recolecta no se concretó allí. Nilda contactó a varios establecimientos de El Tuque en busca de cooperación económica para poder costear la mano de obra y los materiales de renovación. Cierto es que el pintor Miguel Conesa Osuna, nunca les entregó una cotización, más como conocedores de los altos costos que conlleva realizar una creación artística, establecieron una meta que ronda los $1,500.

Tanto para Nilda como para Luis Pérez Crespo, el valor histórico de esta obra de arte es incalculable. Además, ambos reconocen la gesta de la Federación de Maestros de Puerto Rico y el Partido Independentista Puertorriqueño en ponerse de acuerdo y financiar su realización en el año 1991.

Asimismo, el empeño de don Inocencio “Chencho” Torres, uno de los fundadores de El Tuque, en el sector Punta Cucharas, al formar parte de la delegación que fue a pedir al Departamento de Instrucción Pública -ahora Departamento de Educación- que la escuela se llamara Pedro Albizu Campos.

“Él conoció a Albizu y respaldaba sus ideales”, recordó Nilda, quien puede identificar a cada uno de los personajes del mural ubicado justo a la entrada principal de la escuela.

Mencionó que además de la figura del “maestro” Albizu, se halla una pareja que se cree “diseñó y creó la bandera de El Tuque”; además de don Inocencio, don Bernardo, y los talladores Domingo Orta y Santia Rivera.

Por otra parte, en cuestión de paisaje y las estructuras, el mural tiene flamboyanes, montañas, pequeñas casas de colores, el acueducto español y la primera capilla de la comunidad. De igual forma, recoge el desastre en el “área de Las batatas” donde hubo derrumbes simultáneos a Mameyes, en el año 1985.

“La intención del artista fue recoger la idiosincrasia de El Tuque”, puntualizó Conesa Osuna, al tiempo que daba pinceladas escarlatas. Remachó lo dicho contando que los hogares coloridos con banderas negras plasmadas en la parte frontal exponen un acontecimiento real de protesta en contra de los partidos políticos en el poder.

“Las personas pusieron banderas negras para ahuyentar a los políticos que venían a prometerles y no cumplían. Todo lo organizó don Benny”, alegó.

Esta historia ha sido compartida con los alumnos de la escuela para que sepan que “no se trata de un mural elemental, ni de una pintura decorativa”, agregó el director escolar.

“Si no sabes el significado del nombre de tu escuela, ni lo que la compone, es como no conocer el nombre ni las raíces de la propia madre”, acentuó.

Incluso, en todo momento, los tres entrevistados dieron a entender que, desde su perspectiva, El Tuque “es un pueblo”.

Por último, Nilda exteriorizó que una de las mayores satisfacciones que ha tenido en su vida ha sido establecer su farmacia de esta comunidad y presenciar tanta complejidad “negativa y positiva”.

Cuando arribó al lugar en 1988 recibía hasta recetas de curanderos, mas en vez de declararles la guerra, se esforzó por concienciar y educar.

Por eso, de la mano de Nilda Ghigliotty Velázquez, continuará presidiendo Servi Farma Inc. y dando pasos firmes en bienestar de la comunidad.