Luchan contra la corriente para auxiliar a los desamparados durante la pandemia

“Cuando empezó la pandemia, todos estábamos conscientes de que seguir con los servicios directos podría conllevar un riesgo mayor de contagio. Pero nadie se quitó y aquí estamos, dando la batalla. Somos bendecidos”, afirmó Juan de Dios Videau Soler, director ejecutivo de Cristo Pobre.

Foto Archivo

Al inicio de la emergencia por COVID-19 hace casi dos años, mientras el país entero se resguardaba en sus hogares durante la cuarentena, las personas que pernoctan en las calles pasaban por su peor momento.

Sin techo seguro, sin recursos para costear mascarillas o desinfectante de manos y con problemas de salud que los hacían especialmente susceptibles al virus, eran pocas las manos amigas que le quedaban a la población más marginada de la sociedad.

Pero en medio de todo y a pesar del riesgo, las puertas del Centro de Deambulantes Cristo Pobre en Ponce nunca cerraron y su cocina continuó sirviendo comida caliente, diariamente, a los más necesitados.

“Cuando empezó la pandemia, todos estábamos conscientes de que seguir con los servicios directos podría conllevar un riesgo mayor de contagio. Pero nadie se quitó y aquí estamos, dando la batalla. Somos bendecidos”, afirmó Juan de Dios Videau Soler, director ejecutivo de Cristo Pobre.

Luego de casi dos años de pandemia -y contra todo pronóstico-, en Cristo Pobre no se ha detectado ni un solo caso positivo al virus entre su centenar de participantes y decenas de voluntarios y empleados. Más aún, todos han sido vacunados.

“Gracias a Dios y a muchas personas buenas, no hemos dejado de trabajar y de brindar los servicios. No ha sido fácil, hemos tenido momentos difíciles, pero no hemos tenido ningún caso positivo en voluntarios, empleados o participantes”, aseguró el director ejecutivo de la institución.

Para mantenerse operando, Cristo Pobre hizo malabares financieros y operacionales. Debido a la necesidad de imponer restricciones de distanciamiento social dentro del albergue, la gerencia tuvo que reducir de 53 a 33 las camas que tiene disponible para albergar a personas sin hogar. La educación a los participantes sobre los procesos de higiene ha sido continuo.

“Esto va a continuar. Esa distancia que hay entre las literas se va a tener que mantener. Justo cuando pensamos que la cosa se había calmado, surge otro brote, así que estos nuevos protocolos y medidas de seguridad vinieron para quedarse”, reconoció el titular de Cristo Pobre.

Mucho más que deambulantes

Entretanto, Videau Soler indicó que durante la pandemia no todos los que han acudido al centro son personas sin hogar, si no que también hay quienes han perdido sus trabajos, que no recibieron ayudas o que, tras culminar las mismas, han tenido dificultad para alimentarse.

Ante esto y en el interés en ayudar a más necesitados, durante los meses de noviembre y diciembre la institución está atendiendo a personas que no necesariamente son participantes, en un esfuerzo por ayudar a la mayor cantidad de personas posible.

“Tenemos prácticamente casa abierta hasta el Día de Reyes”, aseguró.

“La población ha aumentado grandemente y hay muchas personas en las calles que, por una razón u otro, no han llegado a Cristo Pobre. Nuestro lema es ‘que nadie se quede sin comer’ y eso es lo que queremos”, abundó.

Alternativa de cuarentena

Por otra parte, aunque Cristo Pobre no ha identificado casos positivos de COVID-19 entre sus participantes, la institución trabaja a toda prisa para habilitar un espacio para otras personas sin hogar que contraigan el virus.

Según explicó Videau Soler, antes de que culmine el año debe estar listo un albergue temporero “no congregado”, en la calle Unión #128, para que deambulantes con COVID (asintomáticos) puedan resguardarse en cuarentena.

“Serían cuatro apartamentos, con los servicios médicos y de enfermería. Pensamos que en o antes del 31 de diciembre, podemos concluir la rehabilitación de los espacios”, dijo.

Más camas en camino

Asimismo, Videau Soler adelantó que, durante el primer trimestre del 2022, la Institución espera abrir un centro satélite en la calle Concordia, en la antigua Casita de María de Nazaret. Esto, explicó, le permitirá restablecer unas 24 camas que se han perdido en la sede de Cristo Pobre por los requerimientos de distanciamiento social.

La estructura fue adquirida este mes por la institución, con ayudas federales de la Ley CARES.

“Ahora lo que falta es rehabilitarla y las camas que perdimos en el albergue las vamos a recobrar en el edificio de la calle Concordia”, sostuvo.

Piden ayuda y solidaridad

Por último, Videau Soler reconoció que, aunque el centro ha continuado operando, sus finanzas y sus reservas de alimentos y artículos de primera necesidad se mantienen en un estado precario, por lo que solicitó la ayuda de la ciudadanía para salvaguardar los servicios.

“Cuando hablamos del albergue no congregado y el proyecto en la calle Concordia, son fondos (federales) que se destinan para esos fines. Para la operación y los servicios de los programas, tenemos que buscar dinero adicional”, explicó.

“Estamos recibiendo artículos de primera necesidad y alimentos. Muchas personas nos están apoyando, pero ahora mismo nos hace falta más ayuda”, concluyó.

Personas, entidades y empresas interesadas en ayudar al Centro de Deambulantes Cristo Pobre puede comunicarse al 787-841-7149 o al 787-501-2111. También puede hacer llegar su donativo al P.O. Box 334651, Ponce, Puerto Rico 00733-4651.