Los damnificados ignorados: sin auxilio del gobierno las personas sin hogar en Ponce

Mientras el Departamento de la Familia estima que en Ponce existen 221 individuos sin hogar, el número real fluctúa entre las 600 y 900 personas, sentencian los directores del Centro de Deambulantes Cristo Pobre y Amor que Sana.

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Aún con limitaciones y de forma tardía, cientos de miles de damnificados recibieron ayuda federal o del gobierno local tras los estragos causados por el huracán María.

No obstante, perdido en el discurso público de solidaridad y ayuda al prójimo ha quedado la población más necesitada del país, la que no tenía techo desde mucho antes de la tormenta.

Para las cientos de personas que viven en las calles de la Ciudad Señorial, el huracán no ha terminado y la ayuda gubernamental nunca llegó.

Se triplican

De acuerdo a un censo realizado en el 2017 por el Departamento de la Familia, solo en Ponce se identificaron 221 individuos sin hogar.

Sin embargo, para quienes a diario brindan servios directos a esta población, la cifra no solo es ilusoria. Es peligrosamente conservadora.

Juan de Dios Videau Soler, director del Centro de Deambulantes Cristo Pobre, aseguró que el número real fluctúa entre las 600 y 900 personas: estimado con el que coincidió el doctor Juan Panelli Ramery, veterano director de la organización humanitaria Amor que Sana.

Aun así, no existe un plan o esfuerzo concreto para atender las necesidades reales de esta población. Tanto el gobierno central como el gobierno municipal se han limitado a canalizar propuestas y desembolsos federales, mientras que la legislatura realiza asignaciones esporádicas, tardías e insuficientes.

“Si hay algún plan por parte del gobierno (para reducir el número de personas viviendo en las calles), nosotros no lo conocemos. Puede ser que ellos digan que tienen un plan. Quizás hay un plan secreto que nadie conoce”, planteó Videau Soler.

Ante esta realidad, organizaciones sin fines de lucro como Amor que Sana Cristo Pobre representan el único auxilio para esta población, que incluye a mujeres, menores de edad y adictos.

Actualmente, el Centro de Deambulantes Cristo Pobre funciona a capacidad con 128 participantes, mientras que la totalidad de las 52 camas en su albergue -el único en la zona sur del país- están ocupadas todas las noches. También ofrece a diario comidas calientes, consejería y productos de cuido personal a esta población.

Durante los pasados 22 años, Amor que Sana ha brindado servicios directos a miles de deambulantes, incluyendo ayuda espiritual, servicios médicos, sanación de heridas e intercambio de jeringuillas.

A solas

No obstante, ambas organizaciones han encontrado resistencia a la hora de recibir fondos.

Cristo Pobre se nutre de asignaciones federales y de la Legislatura de Puerto Rico. La organización no recibe aportaciones recurrentes del gobierno central o del Gobierno Municipal de Ponce.

De hecho, la construcción de su albergue en la calle Guadalupe tardó casi tres años y enfrentó múltiples contratiempos por falta de fondos, desembolsos tardíos y burocracia gubernamental.

En Amor que Sana, la organización sobrevive desde hace dos años sin asignaciones del gobierno federal. La única ayuda gubernamental lograda para este año fiscal fue una asignación legislativa de $7 mil.

“Imagínate, ¿qué yo puedo hacer con $7 mil? Hemos podido sobrevivir porque tenemos un personal voluntario y porque los ciudadanos nos han ayudado”, dijo Panelli Ramery

“Esto es una batalla contra la corriente, subiendo una cuesta grande. Las organizaciones que han sobrevivido lo han logrado por el compromiso de las personas que los ayudan a diario. Si no, no estuviésemos aquí”, añadió el dentista de profesión.

La ausencia de aportaciones municipales recurrentes para estas dos organizaciones contrasta con las jugosas y reiteradas contrataciones de asesores, relacionistas públicos y abogados externos, a quienes la administración de la alcaldesa María Meléndez Altieri ha desembolsado millones de dólares en fondos públicos.

“Del municipio (de Ponce) no sé ni qué decirte. En fondos recibimos nada, cero”, reconoció Panelli Ramery. “Si tengo una actividad y necesito que me presten sillas, eso sí aparece. No puedo decir que no nos ayudan en nada, pero en términos de fondos es bien difícil”.

“Yo creo que voy a tener que ponerme el título de ‘consultor de personas sin hogar en Ponce’, a ver si así nos dan un buen contratito. Parece que esa es la movida que hay que hacer en estos días”, continuó.

“Es una barbaridad lo que están haciendo, tanto los municipios como el gobierno central”, añadió. “Se reúnen un montón de millones de dólares para ayudar a las personas damnificadas y lo que hacen es que se reparten, habiendo tanta necesidad y programas de servicio directo que se están cerrando, porque no tienen manera (de operar)”.

Videau Soler agregó que tampoco ha sido prioridad para el gobierno gestionar estudios que detallen las condiciones que aquejan a esta población o las circunstancias que lo llevaron a las calles, datos esenciales para la confección de cualquier estrategia que atienda el problema.

“Dentro de las prioridades que tiene el gobierno, eso no es prioridad”, dijo.

“Esto no es tan sencillo como buscarle un apartamento. Se necesita voluntad para atender los problemas de fondo y eso el gobierno no lo ha tenido”, concluyó.