Los cementerios en Ponce: detrás de las paredes del camposanto

En el pueblo de Ponce, al igual que el resto de la isla, sus cementerios son personajes esenciales de un pasado olvidado.

Foto archivo

El desarrollo de un pueblo va arraigado a la creación de urbanizaciones, hospitales, espacios de actividad económica, atractivos culturales y sociales, centros educativos e, inevitablemente, los cementerios.

En el caso de Ponce, su acelerado crecimiento y expansión propició además que prohombres como Luis Muñoz Rivera y Román Baldorioty de Castro, entre otros, hicieran de la ciudad su lugar de trabajo y residencia. De hecho, los restos de Baldorioty de Castro, “Padre de la política puertorriqueña” , descansan allí, en el Panteón Nacional que lleva su nombre.

Así como en su caso, descansan en los camposantos de la Perla del Sur los restos de exgobernadores como Roberto Sánchez Vilella, Rafael Hernández Colón y Luis A. Ferré Aguayo, al igual que los de cantantes, deportistas y figuras públicas como Héctor Lavoe, Ruth Fernández, Rafael Cordero Santiago y Francisco “Pancho” Coímbre, entre muchos otros.

El pueblo de Ponce, al igual que el resto de la isla, no estuvo ni ha estado exento de catástrofes naturales y epidemias, entre otras tragedias, por lo que también sus cementerios son recipientes de datos históricos, convirtiéndose en personajes esenciales de aquel pasado olvidado.

A continuación, una mirada a cuatro cementerios ponceños con mas de un centenario de historia y relatos que abarcan desde el conocido régimen español hasta nuestros días.

Los primeros

En el año 1837, el primer cementerio de Ponce conocido como el Cementerio de la calle Unión, comenzó a presentar problemas de salubridad y espacio, por lo que en el año 1838 se convocó a una reunión de emergencia con los vecinos de la Villa de Ponce, para la construcción de uno nuevo.

El ayuntamiento entonces formuló a los ciudadanos la falta de fondos para su construcción y mantenimiento, razón por la cual apeló al pueblo. Presentada esta problemática, los vecinos de la Villa donaron el capital necesario.

El espacio comenzó a construirse bajo la administración de Salvador de Vives, del año 1840 al 1842, pero se inauguró en el año 1843 bajo la administración municipal de Juan Rondón, quien además se convirtió en la primera persona en ser enterrada en el nuevo camposanto.

En el novel cementerio, nombrado como el Cementerio Católico de la calle Simón de la Torre, solo se permitía el descanso eterno de fieles católicos. “Todos aquellas personas identificadas como herejes, excomulgadas, suicidas o fallecidas fuera del catolicismo, eran enterradas en un solar aparte del norte del cementerio”. (Archivo Histórico de Ponce)

En el año 1855, el cementerio fue utilizado como uno de emergencia ante la epidemia del Cólera Morbo. Se habilitó un área provisional para los fallecidos por la epidemia a las a fueras del lugar, ya que estaba dividido por un muro. Estas áreas no fueron añadidas directamente al predio del cementerio, ya que se mantuvieron aisladas.

Durante los años 1864 y 1868 fue objeto de ampliaciones en el ala sur y se reestructuró su entrada. “En el año 1889, el Cementerio Católico fue clasificado como inadecuado por su deterioro, saturación de cadáveres y facilidades riesgosas a la salud pública. Ese mismo año, por Orden General, se dispuso un manejo apropiado de los restos humanos, de lo contrario imponían penalidades. Desde ese entonces, el cementerio canceló sus servicios y clausuró definitivamente en el año 1918”.

Los sucesores

Previamente, en el año 1901, se había creado el Cementerio Católico San Vicente de Paul, el cual se convirtió en el principal camposanto del pueblo tras la clausura del Antiguo Cementerio.

Pero antes, a comienzos del decenio del 1870, las leyes españolas no permitían la construcción e instalación de iglesias No-Romanas. No obstante, la constitución de la nueva República Española del año 1873 permitió la tolerancia religiosa y ante este nuevo panorama se organizó en Puerto Rico una congregación de la Iglesia Anglicana.

Para el año 1872, el obispo W. Jackson, perteneciente a la Antigua Diócesis Anglicana, llegó a la isla por invitación de un grupo de fieles de las Iglesias Reformadas y se estableció en Ponce, razón por la cual la nueva congregación se originó allí.

Desde comienzos del año 1872, la congregación anglicana hizo las gestiones para levantar su primer templo en la calle Marina, junto al parque de la Abolición, en terrenos que fueron donados por la familia Schuck.

Estas no fueron las únicas gestiones que trabajo la congregación, ya que desde ese mismo año se hicieron diversas manifestaciones para la adquisición de un predio de tierra para sepultar a fieles protestantes.

Por ejemplo, el 20 de octubre de 1872 y en medio de una sesión ordinaria, el Secretario del Ayuntamiento de la Villa de Ponce, don Joaquín Calvo, determinó que el ala derecha a las afueras del cementerio principal de la Villa (Cementerio Católico de la calle Simón de la Torre), sería utilizado como camposanto para personas que no profesaban la religión católica.

A pesar de la aprobación de este nuevo cementerio, el Cura Vicario de la Parroquia se opuso firmemente a su desarrollo y establecimiento, ya que el mismo contaría con 130 pies de espacio. Al final, le exigió al ayuntamiento que estableciera una entrada alterna para este nuevo espacio, pero la petición no fue concedida por el momento.

No fue hasta el 25 de febrero de 1876 que el Gobernador General de la isla llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento de la Villa de Ponce, para la creación de una pared de diez pies que dividiría ambos cementerios. Este nuevo acuerdo dio paso a la construcción de una entrada que hizo independiente al Cementerio Episcopal Anglicano.

En este se dio sepultura a diversas personas, entre ellas a un capitán de buque inglés, según se notificó al ayuntamiento y a la Antigua Diócesis Anglicana.

Se desconoce cuándo el Cementerio Episcopal Anglicano cesó labores, sin embargo se sabe que fue anexado en el año 1992 al Cementerio Católico de la calle Simón de la Torre, cuando se convirtió en el Panteón Nacional Román Baldorioty de Castro.

También consta que durante el decenio de 1920, se fundó el segundo cementerio Episcopal ubicado en el barrio Quebrada Limón en Ponce, para toda la comunidad protestante y resto de la población.

El San Vicente de Paul

Otro de los cementerios de la ciudad tuvo su génesis en la Asociación de Católicos, un colectivo compuesto por familias acomodadas y prestigiosa de Ponce, que se instituyó el 16 de abril de 1899, al año siguiente de finalizar la guerra Hispano-cubana.

Esta asociación llegó a un acuerdo con los Padres Paules para la creación de un cementerio católico en el municipio: iniciativa que surgió además ante la separación de iglesia y estado, impuesta por el nuevo gobierno militar estadounidense en Puerto Rico.

Incluso, como ya mencionamos, en el año 1889 el Cementerio Católico de la calle Simón de la Torre había sido clasificado como inadecuado por la saturación de cadáveres y situaciones riesgosas a la salud pública.

Ante esta realidad, Ponce se quedó sin lugar donde sepultar a sus difuntos, lo que provoco que se utilizara cualquier campo para los enterramientos. Con el pasar del tiempo uno de los socios de la Asociación de Católicos falleció y el párroco de la iglesia, conociendo la situación que afectaba al pueblo, reunió a la directiva de la asociación para la compra inmediata de un terreno que se convertiría en un camposanto católico.

Tras la recaudación de fondos, el 7 de octubre de 1901 se inauguró el Cementerio Católico San Vicente de Paul, ubicado en barrio Canas, instalación que quedo inscrita en el Registro de la Propiedad a nombre de la Mitra (territorio de la jurisdicción de un arzobispo u obispo), y administrado por los Padres Paúles, por encargo del obispo, quien exigía que cada difunto se velara con la altura y dignidad que la Iglesia Católica tributaba.

La administración del cementerio comenzó a vender fosas, las cuales poseían un costo de 60 dólares, razón por la cual muchas familias acomodadas comenzaron a comprar y crear sus propios panteones. Entre ellos, las familias Mercedes, Toro, Chardón, Valdivieso y Serrallés: esta última trasladó los restos de sus familiares del cementerio Católico de la calle Simón de la Torre al Católico San Vicente de Paul.

En el año 1988, el Cementerio Católico San Vicente de Paul se convirtió en parte del U.S. National Register of Historic Places, por la arquitectura y estructuras que posee. No obstante, el 22 de febrero de 1991, el camposanto dejó de ser administrado por los Padres Paúles y paso a manos del gobierno municipal. Para ese entonces, el cementerio se conocía como “El Católico”, debido a la clausura del Cementerio Católico de la calle Simón de la Torre.

A comienzos del año 1904, se planifico en Ponce la construcción de un nuevo cementerio para los no católicos, de manera que el señor José Pons, presidente del Consejo Municipal, se reunió con el contratista Olimpio Dividú para desarrollar la estructura.

No obstante, la obra se vio parcialmente detenida tras una inspección hecha por el ingeniero de la ciudad, Blas Silva, quien indicó que el nuevo cementerio no podía abrir sus puertas hasta que se arreglara ciertas diferencias con el terraplén de entrada, ya que las medidas oficiales estipulaban 12 metros y solo se habían trabajado nueve.

Meses más tarde fue inspeccionado de nuevo y se dio el visto bueno para su aprobación. De esa manera, el 16 de agosto de 1904 el Consejo Municipal de Ponce aprobó la recepción provisional de las Obras del Cementerio Civil en el barrio Canas.

A cuatro meses de su aprobación y apertura, se llevó a cabo en el lugar la colocación de la primera piedra del Mausoleo para el Cuerpo de Bomberos de la ciudad, una actividad dirigida por el comerciante ponceño Olimpio Otero, que además contó la participación de otro ilustre de la época, Rosendo Matienzo Cintrón.

En la actualidad, el Cementerio Civil o Municipal cuenta con varios mausoleos de prominencia, entre ellos el de los bomberos finalizado en el año 1911, el de la Logia Masónica Aurora finalizado en el año 1928 y el de la comunidad policíaca, finalizado bajo la administración municipal de Joselyn Tormos Vega.

Además, descansan en ese camposanto los restos de artistas como Genovevo Gutiérrez, Ruth Fernández y Héctor Lavoe, además de deportistas como Francisco Pancho Coímbre. El cementerio desde sus comienzos ha sido administrado por el Gobierno Municipal de Ponce.

(La autora es candidata a Maestría en Historia de Puerto Rico del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe)

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