Logra un techo seguro Mamá Ana: la mimada damnificada del barrio Tibes

Foto archivo

Tras el paso del huracán María, doña Ana Vélez de Jesús se convirtió en ejemplo de cómo la burocracia y la dejadez gubernamental sometían a cientos de personas de la tercera edad a innecesarias penurias en las comunidades más apartadas del norte de Ponce.

Sin embargo, tras reclamos públicos y la ayuda de familiares y amigos, la célebre “Mama Ana” del barrio Tibes ha comenzado a dejar atrás la pesadilla de aquel terrible temporal.

En su edición del 4 de abril de 2018, La Perla del Sur reseñó el vía crucis de Vélez de Jesús, quien siete meses después del huracán aún vivía bajo un techo que amenazaba con venirse abajo.

Numerosas filtraciones atentaban contra la integridad del techo de madera y zinc, mientras arruinaban sus pertenecías: una situación que se agravó, en gran medida, por la deficiente labor que realizó la Agencia federal para el Manejo de Emergencia (FEMA, en inglés) al sellar provisionalmente su techo y removerle dos toldos azules.

Más aún, la agencia federal le ofreció una ayuda de $2,300 para reconstruir el techo, pero los técnicos que evaluaron su caso no contemplaron que la vivienda estaba en tal deterioro, que posiblemente no toleraría el peso de la cubierta sugerida.

El dilema la dejó frustrada y sin opciones.

“Fue difícil, porque no sabía que hacer. Pasaban los días y aquel techo seguía malo”, recordó Mama Ana, de 83 años de edad y madre de 10 hijos.

Sin embargo, luego de larga espera, el techo de su vivienda finalmente fue reparada con fondos federales y bajo el programa de reconstrucción Tu Hogar Renace.

“Gracias a Díos sellaron el techo y la casa ya no se moja. Lo hicieron bien, porque no cae ni una gota”, comentó entre risas.

La reparación finalmente le dio un respiro a largos meses de ansiedad por el estado precario de su única vivienda.

Aun así, el piso de madera sigue deteriorándose y el humilde hogar sufrió daños adicionales a consecuencia de los temblores de enero y febrero de este año.

“Con los temblores, el baño se abrió bastante. Cuando voy, voy con miedo. Entro y salgo volando, que no vaya a temblar la tierra otra vez”, confesó.

“Somos tantos los que necesitamos ayuda, pero estoy agradecida de por lo menos tener el techo bien”, agregó la humilde anciana.

No todos son afortunados

El caso de Mama Ana, sin embargo, se repite en Tibes y otros sectores de la zona rural ponceña, donde los afortunados reciben ayuda tardía, pero otros se quedan esperando indefinidamente, destacó Ernie Xavier Rivera Collazo, líder comunitario del barrio Tibes.

“No debemos olvidar que esto tomó más de dos años en resolverse. Nos alegra mucho que en el caso de Mama Ana finalmente se atendió, pero aquí hay un problema de fondo, que es que las autoridades se tardan mucho en ayudar a quienes necesitan”, sostuvo.

“Fue gracias a los esfuerzos de la familia y la denuncia pública que se hizo, que finalmente se movilizaron para atender la situación, que ya era crítica”, continuó.

“En Tibes y en otras comunidades de la montaña todavía hay familias viviendo bajo toldos, que lo que tienen por techo es un coladero. Esto todavía esta ocurriendo en el año 2020, tres años después del huracán María”, sentenció.