Listos para ocupar su lugar en la educación, la recreación y el trabajo

La Quinta Marcha Anual de Concienciación de la Cultura del Sordo atrajo hasta la Plaza de Recreo de Ponce a un centenar de personas, voluntarios y activistas que luchan por una sociedad inclusiva.

(Foto: Heriberto Rodríguez / Oficina Prensa Ponce)

¿Ha pensado alguna vez cómo personas con sordera tramitan una orden en un restaurante de comida rápida o pueden desempeñar su labor en una oficina? ¿Ha pensado además cuántas opciones de entretenimiento y aprendizaje colectivo -como una obra de teatro o la presentación de un libro- están a su disposición?

Tareas tan cotidianas y rutinarias en la vida de millones de puertorriqueños son, en efecto, un suplicio que en pleno siglo 21 aún sufren miles de niños, jóvenes y adultos con condiciones que limitan su audición.

Como explicó Jahaira Vélez Santos, tan reciente como la semana pasada su hijo Sergio Gabriel Rodríguez Vélez quiso ordenar su propia comida en una cadena de restaurantes especializada en hamburguesas “y la cajera se desesperó y rehusó atenderlo” cuando el pequeño de ocho años de edad le pidió verbalmente un servicio de nachos sin queso.

Según indicó, su hijo sufrió la pérdida de audición severa en uno de sus oídos y entre moderada y severa en el otro a consecuencia de una infección, “pero puede hablar” y la cajera careció de interés en asistirle.

Tanto Sergio Gabriel como su joven madre experimentaron otra frustración dos meses atrás, cuando el pequeño intentó comprar sus materiales escolares en una cadena de tiendas estadounidense, especializada en efectos de oficina.

“Nosotros no tenemos eso”, le respondió un empleado cuando Jahaira preguntó por un intérprete de señas que asistiera a su hijo en sus compras.

Aun así, ninguno de los dos claudica. Sobre todo, luego de que Sergio Gabriel fuera aceptado en el tercer grado del Centro Educativo Fray Pedro Ponce de León, un colegio ponceño que no solo ha propiciado el aprovechamiento académico del niño, sino su contacto con compañeros de clases.

“Ahora puede jugar con otros niños y se comunica en lenguaje de señas”, afirmó la secretaria de 37 años de edad. Sin embargo, se quejó que el Departamento de Educación dificultó el proceso para transferirlo al plantel, a pesar de haber cumplido con los requisitos desde que era infante. “Me pusieron muchas trabas”, reconoció.

Añadió que el niño es muy aplicado en la escuela y que ya ha aprendido el lenguaje de señas, el cual practicó recientemente en una gira con estudiantes de la Ponce High que conocen dicho idioma.

“Ellos (los sordos) se sienten bien contentos cuando hay personas que se comunican con ellos en el lenguaje de señas”, expresó. “Ellos se enamoran, se enojan, sufren y se frustran. Son igual que los niños oyentes”.

“Pero los oyentes tienen que integrarse a su mundo”, sentenció, “Es lo justo. Tenemos que hacernos oír”.

A tono con esta lección, ahora Jahaira está tomando el curso básico de lenguaje de señas en Fray Pedro y el propio Sergio Gabriel ha instituido en su casa un itinerario para repasarlo con su madre los fines de semana, y enseñárselo a su papá electricista de 41 años, sus hermanas de 16 y diez años, y a su tía de 38.

“El lenguaje de señas es como el inglés. Uno necesita practicarlo para que no se olvide”, agregó.

La voz de muchos

Otra persona que ha vivido en carne propia esta realidad es Nitza M. Espada Ortiz, una juanadina de 50 años de edad que hace 15 años dejó su trabajo como operaria en una fábrica para asistir a su hijo y aprender en Fray Pedro el lenguaje de señas, desde el nivel básico hasta el nivel más alto de intérprete simultáneo: ese que se aprecia en ciertos eventos de televisión.

Hoy su hijo tiene 18 años de edad y juntos participaron de la Quinta Marcha Anual de Concienciación de la Cultura del Sordo, evento que el pasado viernes atrajo hasta la Plaza de Recreo de Ponce a un centenar de personas, voluntarios y activistas que luchan por una sociedad inclusiva.

“Los ven como algo diferente”, dijo quien se adiestró en lenguaje de señas cuando su hijo comenzó la escuela elemental. Desde entonces, Nitza se desempeña como asistente de estudiantes sordos en otras escuelas y el propio plantel. “En la sociedad no hay ese compromiso con ellos. Pasamos desapercibidos, contrario a los niños con cáncer y otras condiciones”, recalcó.

Por ello, aprovechó la ocasión para crear conciencia y solicitar más oportunidades para los sordos en el mundo laboral.

“No les permiten limpiar una mesa o acomodar una góndola en un supermercado”, abundó sobre los rechazos que sufren para entrar como cualquier joven oyente al mundo laboral en Puerto Rico. “Por eso los papás muchas veces optamos por irnos al otro lado del charco”.

“Los teléfonos pican, suenan y suenan y nadie los contesta en Rehabilitación Vocacional”, denunció además. “Todas las agencias de gobierno están sordas a nuestros reclamos. Tengo que enseñarle (al hijo) a ser independiente para cuando yo falte. Nosotros los papás somos la voz de nuestros hijos”.

Entretanto, Julio Báez Santiago, un médico de 34 años de edad y vecino del plantel en la Extensión La Rambla de Ponce, se expresó con mayor optimismo sobre el futuro de su hijo de tres años de edad, Juan Antonio Báez Cruz, quien nació sordo y cursa el nivel preescolar en Fray Pedro.

Sin embargo, reconoció que él y su esposa, una maestra de Inglés a nivel elemental, tuvieron que librar una batalla burocrática contra el Departamento de Educación para integrarlo en el sistema de instrucción.

Relató que ambos se auto formaron en lenguaje de señas tan pronto supieron que su hijo era sordo y se ajustaron a su condición. Por eso, el matrimonio siempre se ha comunicado con el pequeño mediante señas y, cosas como la nevera y el baño, están rotuladas en su casa con los símbolos universales, en lenguaje de señas y la palabra escrita para ellas.

El médico aseguró que su hijo interactúa como cualquiera al encontrarse con otros niños, ofreciéndole sus juguetes o comida al verlos para iniciar la socialización, y hasta hace la señal universal cuando alguien le pasa por el lado con una funda de popcorn en el cine, donde se identifica con los personajes de películas infantiles y los imita en casa, apretando los músculos como Hulk o Iron Man, por ejemplo.

“Los que presentamos dificultades somos papá y mamá, que tenemos expectativas ‘si mi nene hiciera esto o hiciera aquello’”, dijo sobre el aprendizaje  básico típico de un infante. “Al sordo tú tienes que hacerle todo más visual y se aburre mas rápido. Con mi hijo, yo tenía que orinar al lado de él para que aprendiera a ir al baño y dejó el pañal a los dos años. Es hasta donde tú llegues con el sordo”.

Y sobre este tema, el padre primerizo espera que en el futuro su pequeño “héroe” aproveche la tecnología, como los mensajes de texto de los teléfonos celulares, para comunicarse con la comunidad oyente.

Otra misión cumplida

Sobre la marcha realizada el pasado 28 de septiembre en el centro histórico de Ponce, la directora escolar de Fray Pedro, Sheila Hernández Espada, explicó que se enfocó en celebrar los logros alcanzados por esta población y en crear conciencia sobre el camino que resta por recorrer para que todos tengan acceso libre a servicios en oficinas gubernamentales y establecimientos comerciales.

El Centro Fray Pedro es la única institución fuera de la zona metropolitana de San Juan que ofrece servicios académicos a esta población. Este año, imparte clases a 17 estudiantes de prekinder a sexto grado, de 40 que tenían antes del huracán María, quienes se integran a la corriente regular escolar de ahí en adelante con la asistencia de intérpretes de señas.

Fray Pedro también instruye a adolescentes de entre 14 y 21 años de edad en su programa de vida independiente y enseña gratuitamente lenguaje de señas a los padres de los alumnos.

“Simplemente, no se ha creado conciencia”, agregó sobre esta población, que puede fluctuar entre 200 mil y 250 mil puertorriqueños. “Por eso decimos que es una comunidad segregada. Desde la recreación, servicios básicos, todo tipo de actividad en sociedad”.

Para conocer más del Centro Educativo Fray Pedro Ponce de León y apoyar sus gestas, puede llamar al 787-840-3011 o visitarlos en la calle Navarra 1675 de la extensión La Rambla en Ponce.