Las Hermanas Dominicas de Fátima recibirán la Navidad juntas y en nuevo hogar

Ahora, 22 hermanas ocupan lo que por años fue la escuela Jardín Infantil Amor de Dios.

Foto: Jason Rodríguez

Fue una noche interminable, de incertidumbre y oración.

Arremolinadas bajo una carpa levantada a toda prisa, poco después del terremoto del pasado 7 de enero, las Hermanas Dominicas de Fátima desconocían qué les deparaba el destino tras perder en un instante lo que por décadas fue su único hogar, la Hacienda Santa Rita en Guánica.

Como tantas otras familias puertorriqueñas desplazadas en el suroeste, las siervas misioneras tuvieron que enfrentar durante meses un futuro incierto. Aún así, retomaron su misión solidaria, convirtiendo aquella carpa en un centro de acopio y distribución de suministros, y un oasis de apoyo espiritual.

Sin embargo, la necesidad por un techo seguro forzó su separación y, una tras otra, fueron reubicadas provisionalmente en otros conventos, sin saber con certeza cuándo y dónde finalmente podrían plantar raíces y levantar su nuevo hogar.

El pasado viernes, sin embargo, a casi un año de aquella terrible madrugada en enero pasado, la respuesta a sus oraciones se consumó.

Con la llegada de tres hermanas encamadas que fueron trasladadas en ambulancia desde otros hogares, se completó el grupo que ahora ocupa la nueva sede de la congregación, en la urbanización Constancia de Ponce.

Luego de un año duro e impredecible, la mayoría de las Hermanas Dominicas de Fátima pasarán la Navidad juntas, en una nueva Casa Madre: la Casa Santos Jacinta y Francisco Martos.

“El terremoto fue una experiencia muy traumática que todavía estamos superando, pero creo que finalmente podemos respirar”, puntualizó Sor Margarita Mangual Colón, priora general de las Hermanas Dominicas de Fátima.

Ahora, 22 hermanas ocupan lo que por años fue la escuela Jardín Infantil Amor de Dios, que cerró sus puertas el pasado mes de febrero. La estructura fue adquirida por la iglesia mediante planes de pago, que deben completarse en el año 2022.

Según explicó Sor María Gisela Rodríguez Rodríguez, una de las encargadas del espacio, la estructura escolar del edificio facilitó su conversión a un convento. Esto, al contar con espacios abiertos, área de comedor, cocina, estacionamiento interior con tarima para actividades, y múltiples baños. A esto se sumó un espacio para capilla y en el techo, se estableció una terraza.

“Estamos bien contentas con los trabajos para acoger las hermanas, que por causa de los temblores en enero estaban impedidas de reunirse todas”, dijo Sor María Gisela, quien arribó de Texas en julio pasado para ayudar en el proceso.

“Ante la adversidad, Dios lo que espera es que aprendamos una lección. Esa es la poda. A veces hay que recortar para que se de más fruto y así es la vida del cristiano”, continuó.

Tras meses de trabajo para reacondicionar la estructura y añadir el toque distintivo de las propias hermanas, en el edificio ahora se respira nueva vida.

“Estamos profundamente agradecidas y con una deuda eterna de gratitud, porque ha sido la misericordia de Dios, a través de nuestros hermanos y hermanas, que nos han dado la mano”, sostuvo Sor María Gisela.

El proceso, empero, no fue fácil.

“Algunas llevaban más de 40 años viviendo ahí (Hacienda Santa Rita), así que les fue difícil dejarlo. Esa era su vida, su hábitat. Ya están asimilando que el Señor quiere que estén en este nuevo lugar, pero inicialmente no fue un proceso fácil”, dijo por su parte Sor Margarita.

“Aunque nuestras hermanas estaban bien atendidas en el Obispado, en el Hogar Santa Marta y en los demás conventos nuestros, al estar en su casa propia puedes ver que están más tranquilas, porque finalmente llegaron a su destino”, añadió.

A reconstruir Santa Rita

Aunque la Casa Santos Jacinta y Francisco Martos será el hogar permanente de las religiosas encamadas y de edad avanzada, la Priora General no abandona la esperanza de rescatar la Hacienda Santa Rita para otro propósito.

Las Hermanas Dominicas de Nuestra Señora del Rosario de Fátima son una congregación fundada en Yauco en el año 1949 por Madre Dominga Guzmán Florit. Se establecieron en la antigua Hacienda Santa Rita en Guánica en 1953.

Aunque los ingenieros estructurales han descartado que el complejo pueda ser utilizado como vivienda, Sor Margarita indicó que a largo plazo consideran reconstruirla para preservarla como el lugar histórico que es.

“La casa donde está el gobierno de la congregación tiene una parte que se tiene que demoler, y la otra va a seguir como la casa de todas las hermanas para las reuniones. La Casa Madre es la que los ingenieros nos recomiendan que sea como un museo”, dijo Sor Margarita.

Pese a esto, y a solo días del primer aniversario del terremoto, Sor Margarita y otras permanecen en la Hacienda Santa Rita, custodiando su legado.

“Todavía un grupo vive aquí. Estamos en una casita pequeña, en módulos y en vagones”, dijo en buen animo.

“Este es el patrimonio de la congregación. Hay que protegerlo y estar pendientes. Esto tiene un valor para nosotras las hermanas. Aquí está el santuario y desde el día 8 de enero no se ha parado de dar la celebración eucarística acá. Siempre hemos tenido la misa y seguimos con las obras y las actividades que realizamos normalmente”, abundó.

“Estamos muy contentas, muy felices. Lo importante es lo sencillo. El Señor nos ha dado tanto y nosotras seguiremos ayudando a las familias, que es nuestra misión”, recalcó.

“Ante la adversidad, Dios lo que espera es que aprendamos una lección. Esa es la poda. A veces hay que recortar para que se de más fruto y así es la vida del cristiano”, afirmó Sor María Gisela Rodríguez. Foto: Jason Rodríguez