La AEE pública y privada no da más

Cuando la AEE cambie la misión de llevarle energía a su casa como gestión corporativa a una de ayudarle a usted a producir su propia energía, entonces tendremos una utilidad pública con una visión digna del Siglo XXI.

Foto: Archivo

La generatriz de carbón de AES en Guayama no estuvo disponible tras el paso del huracán María y lleva tiempo “saliendo” y “entrando” del sistema dejando repentinamente a muchos sin energía eléctrica.

Sus cenizas contaminan vidas, acuíferos, aire y vegetación. Ahora fue EcoEléctrica, que opera con gas natural en Peñuelas.

Tampoco es la primera vez. Ambas son empresas privadas que debían producir casi el 30% de la demanda total del país.

La privatización de la AEE no es nueva y las evidencias del fracaso tampoco.

Esté en manos públicas o privadas operan con una lógica del siglo pasado responsable de emisiones que agravan la emergencia climática.

Debería ser evidente ya para todos que la gasificación de Puerto Rico no es la solución sino parte del problema.

Como si fuera poco, la quema de combustibles en estas termoeléctricas requiere de líneas de transmisión y distribución que fallan con vientos, lluvias e iguanas.

En lugar de apagones selectivos ahora les llaman relevos de carga.

Las interrupciones del servicio son la nueva cotidianidad. Este modelo energético no da más, está agotado y repleto de contradicciones económicas, técnicas, ambientales y de salud.

Cuando la AEE cambie la misión de llevarle energía a su casa como gestión corporativa a una de ayudarle a usted a producir su propia energía, entonces tendremos una utilidad pública con una visión digna del Siglo XXI.

Pero prefieren proteger el margen de ganancias de unos pocos en lugar de promover la participación social en la producción energética.

El país debe enfrentar la trampa de los cuartos oscuros, donde en gestión anti-transparente se busca forzar inversiones para más de lo mismo.

Son negocios de explotación donde la inversión nunca se recupera.

Es hora de impulsar agresivamente la generación distribuida con el aprovechamiento de los recursos endógenos como el sol que abundan gratuitamente en estas latitudes.

Contrario a las deudas transgeneracionales que emite el gobierno, la inversión que se hace en un sistema fotovoltaico se recupera en pocos años mientras se coloca al país en una mejor condición para enfrentar huracanes y tormentas.

La modernidad es poder generar y beneficiarse directamente de la capacidad de producir energía propia.

La propuesta #50conSol de Casa Pueblo impulsa construir desde la base comunitaria un modelo de generación fotovoltaica para el 50% de nuestras necesidades usando el sol.

Si vamos a invertir, que sea por el futuro nuestro y de la humanidad.