José Esteban: al reencuentro del más apasionado agricultor

Con su gran acervo familiar, no es de extrañar que quiera estudiar Agronomía, especializada en agronegocios.

Foto La Perla del Sur

“¡Mi nieto! ¡Déjame darte un beso y un abrazo!”, gritó efusiva una dama al encontrárselo en su camino, mientras el joven dialogaba con La Perla del Sur.

Y como todo un caballero, el adolescente interrumpió lo que hacía para atenderla y escuchar una y otra vez su apasionado “¡Dios te bendiga!”. Todo esto, aunque no fuera su abuela.

En realidad, se trataba de uno de tantos seres especiales que la patria compartida y la agricultura han acercado a su sendero.

José Esteban López Maldonado, aquel niño adjunteño del barrio Limaní que a los diez años de edad y 4’5” de estatura ganó fama en todo el país por su dedicación a la tierra y su afán por fundar la Escuela Agrícola para Niños y Jóvenes Esteban Bianchi Maldonado, ya es todo un espigado joven de 5’10”, que en su último año de escuela superior continúa cultivando frutos de la tierra con sus manos y corazón.

En las veredas de la hacienda

Junto a sus padres adjunteños, don Carmelo López Maldonado y doña Aida I. Maldonado Rivera, al ahora agroempresario de 16 años de edad lo hallamos mientras ofrecía su más reciente cosecha de plátanos, guineos, papayas, chinas y lechugas en la Casa Abierta de la Hacienda Buena Vista en Ponce.

También conocida como la Hacienda Vives, la Hacienda Buena Vista se fundó en el siglo 19 como plantación de café y frutos menores, en el barrio Magueyes de Ponce. Actualmente es propiedad del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, quien lo opera como un museo interactivo desde el año 1986. Un proyecto que, como resalta José Esteban, amerita cada esfuerzo y sacrificio.

“En nuestra escuela agrícola llevamos años recibiendo niños y jóvenes. Este pasado verano recibimos dos grupos de National Geographic. Recibieron talleres de cómo sembrar café, lechugas, tomates, siembra en invernadero, conservación de suelos y otras cosas relacionadas a la agricultura sustentable”, comentó.

Y al igual que el Fideicomiso, José Esteban tiene claras sus metas.

“Actualmente estoy estudiando en el Centro Residencial de Oportunidades Educativas de Mayagüez (CROEM). Allí tenemos las clases de agricultura, como la ciencia de los cultivos, sistema de plantas, horticultura, recursos naturales y, en ciencias agrícolas, hay clases como la microbiología y neurociencia. Se ha diversificado mucho el currículo educativo agrícola de CROEM”, expresó.

Mas como buen croemita, recalcó que para impulsar a más jóvenes hacia el arte de la siembra solo hace falta inspiración.

 “Muchos jóvenes quieren entrar al mundo de la agricultura, pero hace falta esta inspiración para que podamos empujarlos a este proceso. A veces, están las indecisiones de si esto es algo correcto”, expresó con aplomo y gran sabiduría José Esteban.

“Necesitamos inspirar a las jóvenes para seguir echando a Puerto Rico hacia adelante. Hay una nueva generación de jóvenes que quiere llegar a la agricultura, a la salud y a la educación, que son los tres pilares básicos para un país”, continuó.

Por tal razón, dijo estar seguro que para salir de la crisis económica, social y política por la que atraviesa la isla, hay que dar una buena educación a los niños desde pequeños y más apoyo a los estudiantes.

En su caso, con un gran acervo familiar, no es de extrañar que quiera estudiar Agronomía, especializada más en agronegocios, para “seguir desarrollando la escuela agrícola y otras ideas que tengo en mente”.

Historia agrícola familiar

Su abuelo Esteban Bianchi Maldonado fue un pionero caficultor que ayudó a desarrollar al pueblo de Adjuntas. Como en una historia poética, fue Esteban Bianchi quien cedió los terrenos para construir en la década de 1940 el plantel que hoy alberga la Escuela Agrícola fundada por su nieto José Esteban.

“Mis padres ambos son agricultores. Son parte de la inspiración que tengo hacia la agricultura. El entorno que ellos tuvieron cuando tenían mi edad, fue uno agrícola. Heredé eso de ellos. Mi papá se crió en una hacienda en el barrio Limaní, la hacienda Bianchi, que era una de las mayores productoras de café de aquel tiempo. Mi mamá se crió en una familia numerosa, que tenía que sembrar para sobrevivir. Mis dos abuelos les enseñaron a ellos la importancia de sembrar y ellos me la enseñaron a mí”, explicó.

Antes y después del huracán

Y es esa, precisamente, la génesis del increíble e importante valor que tienen las gestiones de José Esteban, cuando se analiza la situación agrícola del país.

“No tenemos seguridad alimentaria, ya que el 80 por ciento de lo que consumimos viene de afuera. Solo el 20 por ciento lo producimos en la isla. Después del huracán quedó peor. Hay agricultores que se quitaron, frustrados al ver sus fincas perdidas. Otros agricultores de la tercera edad, partieron hacia Estados Unidos. Están surgiendo nuevos agricultores, pero no se le está dando la ayuda necesaria para salir adelante”, lamentó López Maldonado.

La propia familia de José perdió 25 cuerdas de cosechas con café, plátanos y guineo tras el huracán. Ahora se dedica en alma y corazón a trabajar otras 13.7 cuerdas, que es donde está enclavada la Escuela Agrícola. Allí siembran y a la vez educan a los futuros agricultores.

Ayuda para la escuela

Sin embargo, la asombrosa historia de la escuela agrícola adjunteña ha sido y sigue siendo empañada por el desdén gubernamental, a todos los niveles.

El proyecto -que se levantó en la escuela que fue abandonada por más de 30 años y que fue rescatada por José y su familia con fines educativos y agrícolas- ubica en un predio que nunca le perteneció al Departamento de Educación, sino al Departamento de Transportación y Obras Públicas.

La familia de José Estaban pidió que le cedieran la escuela para el proyecto agrícola, pero en su lugar le dieron un contrato por cinco años.

“Este contrato impide que otras personas o entidades, interesadas en apoyar económicamente el proyecto, puedan hacerlo. Ellos necesitan una seguridad. Quieren incentivar la escuela, y no un proyecto que se vaya a abandonar, porque luego el gobierno no renueve el contrato”, explicó José Esteban.

Para colmo, y a pesar del gran interés expresado por esta familia trabajadora, la titularidad del predio parece haber pasado al Gobierno Municipal de Adjuntas. Algo que, de ser corroborado, da al traste con las cartas, propuestas y gestiones hechas por José Esteban y sus padres desde hace años.

“Nos hemos acercado a diferentes entidades, funcionarios, políticos, como alcaldes y legisladores, quienes reciben nuestra solicitud, pero se queda en nada. Estamos intentando obtener los terrenos desde hace siete años. Es el único esfuerzo que no ha rendido frutos”, comentó José Esteban.

Después de esto, quizás alguna semilla sembrada en la conciencia de los senadores o representantes del Distrito de Adjuntas, los presidentes de las comisiones de Agricultura en el Senado y la Cámara, o incluso de la gobernadora eche raíces.

Solo así se podría salvaguardar el futuro de la escuela agrícola, que tiene el propósito de crear nuevas generaciones de agricultores, agrónomos y empresarios.

Mientras tanto, el joven agricultor José Esteban no cesa de repetir una de sus máximas favoritas: un pensamiento que tiene base bíblica. “Un país necesita trabajar para comer”.

Para apoyar a José Esteban en esta gesta puede acceder a su página en Facebook José Esteban López Maldonado o llamar al 939-244-2671.

Aquí junto a sus padres, Carmelo López Maldonado y Aida I. Maldonado Rivera. (Fotos: La Perla del Sur)