Jorge Antonio Romero colma de orgullo y tesoros a su patria

Como tallador, Jorge Antonio Romero Navedo ha sido invitado a exposiciones en Cuba y la República Dominicana y sus piezas han sido compradas por personas que las han llevado a España, Japón y Turquía

Foto: Florentino Velázquez

Desde niño, su vida ha estado llena de contradicciones.

Por ejemplo, explica que su expresión artística sigue debatiéndose entre la talla tradicional-contemporánea de santos y sus ensamblajes en medios mixtos, obras que reflejan su visión personal de los problemas que aquejan a la sociedad.

Por otro lado, reconoce que nació en la ciudad de Nueva York, pero que se siente tan puertorriqueño como el coquí. Así conocimos a Jorge Antonio Romero Navedo.

Explicó que su padre, quien trabajaba en fábricas en la ciudad de Nueva York, regresó a Puerto Rico cuando él tenía nueve o diez años de edad. Su padre, Jorge Romero Rodríguez, también pintor abstracto-impresionista y tallador reconocido con la Medalla de la Unesco en el año 2000, se instaló al cierre de la década de 1970 con su familia en Ponce para trabajar como obrero en varias fábricas, entre las que figuró la Union Carbide.

Pero nunca renunció a su pasión. Romero Rodríguez siempre colocaba su caballete a los pies de la cama de su hijo, quien lo ayudaba a estirar las telas, cortar las películas para hacer las serigrafías y lo acompañaba a las ferias de artesanías, lo que despertó en el descendiente un insaciable apetito por el arte.

“El primer maestro fue mi papá”, recordó el menor de los Romero, quien comenzó a tallar a los 12 años, sin formación formal en arte. “Mi papá sembró esa semilla en mí. Fue mi maestro de arte privado”.

No obstante, -aunque le fascinaba el arte y desde niño acompañaba a su padre a bohemias, tertulias, discusiones y talleres de artistas como Wichie Torres, Epifanio Irizarry y Antonio Martorell, entre otros- Romero Navedo optó por Ciencias Políticas en la Pontificia Universidad Católica como preparación para lograr su sueño: convertirse en abogado.

Pero la fractura de una rodilla en un accidente automovilístico y otras interrupciones laborales troncharon su aspiración.

Fue entonces cuando su inquietud por el arte lo llevó a estudiar en el Instituto de Ciencias y Artes de la Televisión, manejando las cámaras y preparando la iluminación para transmisiones de WIPR-TV Canal 6 y el Canal 24 del Sistema Educativo Ana G. Méndez.

“Lo que hago es lo que amo”, confesó con aplomo. “No me arrepiento. Uno, cuando hace lo que le gusta, es lo que más satisfacción le brinda”.

Esa pasión lo mantiene en el eterno debate y contradicción entre la artesanía y el arte, y le dificulta ubicarse en una o la otra para expresar su sensibilidad.

Ve la artesanía como una expresión más folclórica y localista, mientras que el arte es más universal y trasciende la regionalización. Es como cuando llegó a Ponce desde Nueva York, recordó, refiriéndose a que allá le decían puertorriqueño por su tono de piel y acá le llamaban Georgie y le decían americano, porque casi no sabía español.

A pesar de eso, tiene muy claro sus orígenes boricuas y, aparte de los santos, talla de forma magistral figuras nacionalistas y próceres como el doctor Pedro Albizu Campos, Eugenio María de Hostos, Ramón Emeterio Betances y Juan Antonio Corretjer, entre otros.

Como tallador, ha sido invitado a exposiciones en Cuba y la República Dominicana y sus piezas han sido compradas por personas que las han llevado a España, Japón y Turquía, donde una de ellas engalana una ermita dedicada a la Virgen María. Ha ganado numerosos certámenes de tallas de santos y ya es considerado uno de los mejores talladores del país.

Aunque sus tallas suelen tener entre siete y 16 pulgadas de altura, con algunas tan pequeñas como tres pulgadas, participó durante cinco días consecutivos en la Feria de Arte Contemporáneo del centro comercial Plaza del Caribe, donde cinco artesanos tallaron un nacimiento con reyes que alcanzaron los seis pies de altura.

Entre los artistas que han influenciado su don e intelecto mencionó a Norberto Martell, Pedro Pablo Rinaldi, Domingo Orta y Neftalí Maldonado. De igual modo, resaltó a Ana Iris Torres, directora del Centro Cultural Carmen Solá de Pereira de la calle Cristina, como figura puntual para sus exposiciones y talleres a estudiantes.

Romero Navedo siguió tallando por su cuenta y exponiendo en diferentes ferias del país, aunque ocasionalmente lo expulsaban por carecer de la certificación del Instituto de Cultura Puertorriqueña, la cual obtuvo a los 30 años de edad, cuando tomó más en serio su talento.

Aunque siempre ha pintado, al igual que su padre, recientemente ha comenzado a ser reconocido por sus ensamblajes de medios mixtos.

El fotógrafo, pintor y curador adjunto de la Galería Trinitaria en Ponce, Ludwig Medina Cruz, se expresó sorprendido al asistir a una exposición reciente de Romero Navedo y apreciar su capacidad para crear obras de arte con materiales encontrados, que nunca son considerados para expresiones artísticas.

“Una serie en particular, demuestra la capacidad que tiene para las construcciones de sus figuras”, explicó Medina Cruz, refiriéndose a la reciente exposición en la librería El Candil, donde sus obras en madera se mezclan con clavos, alambres de púas, candados, interruptores y cables eléctricos, pedazos de tubería y llaves de agua para enfatizar su expresión sobre problemas sociales de latente actualidad. “Ese trabajo tiene mucho valor, porque está consciente de la realidad de los problemas con la luz, el agua y las escuelas”.

Romero Navedo es consciente que sus expresiones artísticas pueden incomodar a algunos espectadores, pero enfatizó que el arte puede ser para decorar, animar o defender a los oprimidos.

“En los tiempos que estamos, en Puerto Rico el artista tiene que ser vocero del pueblo y hacer las críticas en defensa propia”, recalcó. “Siempre hay gente que no le va a gustar. Cuando yo manifiesto algo, es porque mi espíritu lo va a expulsar y va a salir por algún lado. Menos mal que es en el arte”, agregó.

Explicó que la inspiración para esos ensamblajes surge de noticias que le impactan y procura manifestar su reacción en esas piezas.

En cuanto a la talla de santos, intenta concentrarse en aquellos que son menos conocidos o menos trabajados por otros artesanos, y cuando abre su taller en las mañanas, observa los bloques de madera que tiene a mano y espera que le “hablen”.

Parafraseando la cita del arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista Miguel Ángel, a quien considera “el papá de los pollitos” y quien dijo “vi el ángel en el mármol y tallé hasta que lo puse en libertad”, Romero Navedo predica que “la pieza estaba prisionera en el bloque de madera, esperando a ser liberada”.

(Para conocer más de sus obras y talleres, puede llamar a Romero Navedo al 787-436-7323 o escribir a su correo electrónico romerotallasantos457@ gmail.com)

El pase de diapositivas requiere JavaScript.