Jesús y Gladys comparten cientos de dólares en alimentos con Centro Cristo Pobre

El pasado viernes, Jesús y Gladys sorprendieron al director del albergue Juan de Dios Videu con un cargamento de productos donados por decenas de samaritanos.

Foto: Jason Rodríguez

PONCE– A diario, sobre 120 almas necesitadas de sustento y apoyo llegan hasta las puertas del Albergue para Deambulantes Cristo Pobre en Ponce: uno de los pocos lugares donde aún pueden hallar desde un plato de comida caliente hasta refugio del las miradas del prejuicio social.

Su misión, sin embargo, muchas veces trasciende los límites de su sede en la calle Unión.

Dos semanas atrás, por ejemplo, Jesús Vargas Ramírez y Gladys Ortiz González no tenían qué comer en su hogar: una humilde vivienda en la calle Llorens Torres del barrio Coto Laurel. Pero a horas de hacerse pública su necesidad en las páginas de La Perla del Sur, la pareja constató la generosidad de quienes a diario laboran en Cristo Pobre.

Por conducto de su director, Juan de Dios Videu Soler, Jesús y Gladys recibieron una de las primeras donaciones de alimentos.

Trascurrida una semana, empero, la pareja decidió sorprender a Juan de Dios. Con la ayuda de incontables samaritanos, Jesús y Gladys arribaron a las instalaciones de Cristo Pobre con las manos llenas.

Tanta fue la generosidad de la ciudadanía con ellos, que sabían que dar gracias no sería suficiente.

Por eso, en un gesto puro de humildad y agradecimiento, estos residentes de Coto Laurel se aseguraron que muchos otros -incluso más necesitados que ellos- tampoco pasaran hambre.

Con una camioneta “pick up” repleta de artículos de primera necesidad, incluyendo comida enlatada, cajas con botellas de agua, paquetes de arroz, condimentos y café, compartieron la bendición que cientos de personas hicieron posible.

Por eso, a su llegada el pasado viernes, 24 de marzo, y luego de un solidario abrazo con Juan de Dios, la alegría en los rostros de Jesús y Gladys era inevitable.

“¿Cómo imaginarme, en la situación que estábamos, que tendríamos la dicha de venir aquí y compartir todo esto?”, confesó sonriente Jesús. “Jamás esperábamos que la respuesta fuera así. Esto es posible gracias a todas esas personas que nos ayudaron”, insistió.

Tras conocerse la historia de Jesús y Gladys, tanto en el periódico impreso como en la páginas web y sus redes sociales, ponceños, juanadinos, santaisabelinos, coameños, guayanillenses y yaucanos llegaron hasta ellos para asegurarse que no volvieran a pasar hambre.

Pero según explicaron, los alimentos que recibieron han hecho mucho más que nutrir sus cuerpos y saciar su hambre; también los llenaron de esperanza y aprecio por tantos otros que sufren en silencio.

“Son muchas las personas que están pasando hambre en Puerto Rico. Aquí (Cristo Pobre) se dedican a ayudar a los que lo necesitan. Fueron solidarios con nosotros, así que queremos multiplicar las bendiciones que hemos recibido”, continuó Jesús.

“La situación económica de Jesús y Gladys, lamentablemente, se ha vuelto común en nuestro país”, reconoció por su parte el director de Cristo Pobre.

“Para nosotros es un honor y un orgullo que personas como ellos, que tienen muy poco, lo compartan. Nos inspiran a seguir trabajando, porque dando es que se recibe”, puntualizó.