Jan Marcos: una historia de lucha y victoria contra el cáncer

Luego de dos años de intensas batallas, Jan Marcos busca opciones para estudiar en la universidad y obtener su licencia de conducir.

PONCE- En enero del año 2014, cuando se aproximaba a los 16 años de edad, Jan Marcos Báez Batista supo que había vencido el cáncer.

Al escuchar la buena nueva por parte del doctor Jhon Guerra, en el Hospital HIMA San Pablo de Caguas, respiró “hondo”. Por primera vez, en diez meses, la intensa y constante sensación de peligro lo abandonó. Y así, en cuestión de segundos, volvió a creer en la frase que repetían sus infatigables padres, Celenia Batista Torres y Marcos Báez Torres, “tranquilo hijo, todo va a estar bien”.

Ese día, su madre, celebró con euforia. Agradece tanto y tanto a Dios la vida de su hijo mayor que, desde entonces, no halla forma de despegarse de él. Allí donde esté Jan Marcos, ella está. “Desde entonces mis prioridades son otras”, asegura, mientras observa a su hijo, quien aspira a ser diseñador de video juegos.

Está sentada justo en frente de él, en la Fundación Go Gogo, en Ponce, un espacio donde recibió el apoyo que necesitó para sobrellevar el dolor y la posibilidad de perderlo.

Habla con emoción sobre el talento de dibujo manga de su hijo, sobre el “milagro que es su vida”, sobre sus planes con él. Con cada palabra se percibe que lo sigue cuidando y atendiendo como aquel día cuando el mundo se le derrumbó.

Un diagnóstico inesperado

Fue la mañana del 4 de abril de 2013 cuando Celenia recibió una llamada alertándola de que “el nene estaba vomitando en el suelo”. En ese instante, se dirigió a buscar a Jan Marcos, quien por un fuerte dolor de cabeza “no decía nada”.

Tan pronto arribó al Hospital San Lucas de Ponce, el entonces estudiante del Colegio San Conrado recibió un turno de prioridad y se le tomó una tomografía computarizada.

Tras hacer el estudio, el médico de turno solicitó con urgencia que Celenia entrara. La miró fijamente y al ponerse “ambas manos en la falda” lo soltó: “mamá, el CT scan no salió bien. El nene tiene una masa en su cerebro. Ya viene una ambulancia de camino. Lo está esperando el doctor Iván Sosa en el HIMA de Caguas. Mañana a primera hora lo operan”.

Al escucharlo, la madre rememora haber entrado en un “estado de shock”. No podía hacer nada más que abrazar con fuerza a Jan Marcos y perdirle perdón una y otra vez. “Perdóname papi”, le decía, “yo creí que eran solo unos simples dolores de cabeza”. Y es que, Jan Marcos llevaba un mes quejándose de la dolencia, no obstante, tras buscar la opinión de un pediatra, se creyó que el joven había desarrollado migraña, al igual que varios miembros de su familia.

Primera operación masiva

Tal como indicó el médico, a Jan Marcos lo operó el 5 de abril de 2013 uno de los dos neurocirujanos pediátricos que estaba en Puerto Rico para la fecha.

La operación duró siete horas y se pudo remover todo el tumor de la fosa posterior craneal. Sin embargo, la intervención quirúrgica solo fue el inicio de una batalla prolongada y agobiante contra el diagnóstico de meduloblastoma, un tumor maligno cuya incidencia anual es de cinco a diez casos por cada millón de niños y adolescentes en todo el mundo.

Horas después, el doctor Sosa les reiteró a los padres que pudo removerlo, pero que era uno “agresivo y fuerte”, y aunque no hubo metástasis, estaban solo al principio del camino.

Esa misma noche, comenzaron las complicaciones. Jan Marcos sufrió edema cerebral, sangrados y la presión cerebral “estaba alta”. “Hubo que inducirlo a coma y entubarlo. Estuvo en ese estado 18 días, y yo estuve al ladito de él sin moverme esos 18 días”, narró la madre con voz entrecortada.

Durante esas semanas, Celenia se dedicó a leerle y cantarle, a suplicarle que no se rindiera, que su hermanito Diego, de seis años en aquel entonces, lo estaba esperando en la casa.

Jan Marcos reaccionó

“Mamí, ponme la canción que me ponías de la gloria de Dios”, fueron las primeras palabras del joven tras volver en sí.

Súbitamente, Celenia lo volvió a ver con ganas de “vivir y luchar”, pero eso se trastocó cuando el joven descubrió que su habilidad motriz estaba afectada. No era para menos, pensó la madre, “de un niño completamente saludable que jugaba baloncesto, que ya empezaba a ir a sus fiestas de marquesina, que corría moto terrestre y acuática, que tenía una vida normal, se convirtió en alguien que no podía…no podía hacer tanto…todo cambió”.

Sin embargo, Celenia procuró que el adolescente tuviese las herramientas para sobrepasar la depresión. Asimismo, luego de acompañarlo en la hospitalización de cuatro meses, 30 secciones de radioterapia y un ciclo de quimioterapias, logró que el quinceañero volviera a retomar sus estudios en el hogar, gracias al programa Home Bound de la Escuela Superior Bethzaida Velázquez de Ponce.

Revive la agonía

En febrero de 2014, un mes después de celebrar que su hijo estaba libre de cáncer, Celenia volvió a atravesar un episodio de pánico por el temor de perder a Jan.

Una mañana el joven no se levantó. Y cuando la madre le insistió en que reaccionara, se percató que “el nene tenía los ojos virados” y llamó con desespero a los especialistas del HIMA.

Estos le recomendaron que llamara al 911, mas como estos tardaron, el padre agarró a su hijo, lo montó en el auto y lo llevó al hospital San Lucas donde se supo que sufrió un derrame cerebral.

Al transferirlo a Caguas, Jan entró en coma de nuevo y esta vez el médico le dijo con frialdad a la madre que el día que Jan Marco llegó a ese hospital “era un joven fuerte, atlético, de 160 libras y musculoso, mas ahora no lo es, y no creo que tenga de dónde luchar”.

Celenia se rehusó a continuar escuchándolo. Se tapó lo oídos y gritó “no”. Nadie le diría que su hijo no podría. Tenía fe en Dios, en la oración, en la gente que se acercaba a darle muestras de solidaridad sin conocerla.

Al cabo de una semana, Jan se recuperó y las manchas de sangre que mostraban los exámenes al cerebro desaparecieron. Desde entonces, la madre se rehusó a que le dieran más quimioterapias a su hijo, porque le advirtieron que las quimio provocaban esos sangrados, pero no tuvo opción. Al Jan ser menor de edad, es el Estado el que decide el protocolo del tratamiento.

No obstante, Celenia se ocupó de buscar una segunda opinión y especialistas del Boston’s Children Hospital le aconsejaron que librara a Jan de ese tratamiento.

“Hay que dejarlo tranquilo. Su cuerpo está tóxico. Su cuerpo no soporta más quimio”, le indicaron.

Intentan volver a la normalidad

A dos años del derrame cerebral de Jan Marcos, quien ya tiene 18 años, madre e hijo intentan volver a la normalidad dentro de las circunstancias.

Para empezar, Celenia volvió a tomar un empleo a tiempo parcial, mientras que Jan Marcos busca opciones para estudiar en la universidad y obtener su licencia de conducir.

Sin embargo, la preocupación de la madre no cesa porque reconoce que su hijo no posee las mismas destrezas motrices. Además, “de vez en cuando se le nubla la vista”. “Hay que ir paso a paso”, menciona, mientras lo mira sonriendo.

“Ya no tengo miedo”, interrumpe Jan de manera pausada.

En ese instante, el presidente de la Junta de Directores de Go Gogo Foundation, Ulises Clavell, tocó la puerta del salón y entró. “Hola titán, ¿cómo estás?”, le preguntó con entusiasmo.

“Estoy bien”, remachó Jan Marcos, “aquí contando que pude vivir”.

Celina Batista agradece tanto y tanto a Dios la vida de su hijo mayor que, desde su recuperación, no halla forma de despegarse de él. (Fotos: Axel Rivera)

Celina Batista agradece tanto y tanto a Dios la vida de su hijo mayor que, desde su recuperación, no halla forma de despegarse de él. (Fotos: Axel Rivera)