Irreconocible: Casi sin arena el reloj comercial del Ponce Tradicional

Comercios que luchaban contra la corriente para sobrevivir, han ido cerrando, uno a uno. La lista incluye cafetines, restaurantes y tiendas de ropa.

Foto: Jason Rodríguez

Septiembre en el casco urbano de Ponce solía ser una época de efervescencia y bullicio.

A las 10:00 de la mañana, encontrar un banquito desocupado en la plaza o un estacionamiento cercano no era tarea fácil. Los billeteros fungían como embajadores de la ciudad y sus puestos como punto de tertulia. La gente aún se montaba en el trolley y los turistas, con pincho o barquilla en mano, se arremolinaban para tomar fotos frente al Parque de Bombas.

En el Paseo Atocha, icono del comercio tradicional, decenas de personas caminaban de tienda en tienda buscando especiales. Padres e hijos compraban ropa en Casa López y zapatos en La Gloria, para luego deleitarse con una piragua, hot dog o helado chino.

Al mediodía, estudiantes y empleados municipales salían en masa para almorzar en el área y al caer la tarde, no faltaban lugares para tomarse un café o “la fría”.

Pero los tiempos han cambiado.

Una década de desidia, siete meses de pandemia y seis semanas de sismos han vuelto irreconocible al corazón histórico de Ponce.

A nueve meses del terremoto de magnitud 6.4, aún se divisan escombros en las aceras. Decenas de estructuras -públicas y privadas- permanecen acordonadas, a la espera de una reparación o demolición.

Pero basta un solo recorrido por las desoladas calles del centro histórico para darse cuenta de que se ha perdido mucho más que infraestructura.

Comercios que luchaban contra la corriente para sobrevivir, han ido cerrando, uno a uno. La lista incluye cafetines, restaurantes y tiendas de ropa.

Asimismo, baluartes del Ponce Centro, como Casa López y La Gran Vía, han clausurado los espacios que ocuparon durante años.

Otros, como Proscenium, Kress, Me Salvé y Plaza Vilariño, también han cerrado.

Los que aún permanecen, ahora intentan comerciar entre las ruinas de locales abandonados y los sueños tronchados de sus colegas empresarios.

“Es bien triste lo que está pasando”

Por ello, a todas luces, operar un negocio en el casco urbano de Ponce se ha convertido en un acto de resistencia o rebeldía. Algunos aún abrazan la nostalgia de una época dorada, al borde del olvido. Otros, respiran esperanzados, pidiendo al destino que les conceda una tregua, para sobrevivir unos meses más.

“La cosa está bien complicada”, reconoció Neisha Marie Pérez De Jesús, asistente de gerente en el local Utopía. “El terremoto afectó, pero la situación de la pandemia se ha extendido y eso ha sido un golpe fuerte. Ya son muchos meses en estas”, puntualizó.

“Antes éramos de 12 a 15 empleados y ahora los que estamos somos cinco o seis”, agregó sobre el efecto directo en la nómina.

“El Paseo Atocha da tristeza. Yo recuerdo que cuando empezaban las clases, todo el mundo iba a comprar al Paseo Atocha y ahora tú te paras ahí y lo que te da es melancolía”, añadió. “Es bien triste lo que está pasando”.

Para colmo de contrastes, ahora en la zona ni siquiera se divisan deambulantes, reclamando la pesetita. Su ausencia, empero, no necesariamente responde a una mejoría en su estatus o a la intervención de las autoridades gubernamentales.

Como dijo un comerciante de la zona, “casi no vienen, porque ya no hay a quién pedirle dinero”.

Apuestan a la esperanza

En la Joyería Cayán, su gerente Juan Carlos Isla Guzmán aún se mantiene optimista. A pesar de los pronósticos, insiste que un repunte en los próximos meses es posible.

Por 34 años, su local se ha mantenido en pie frente a la Plaza Las Delicias. Décadas de altos y bajos lo mantienen confiado en que la tormenta pasará.

“Con los temblores en enero y la pandemia en marzo, no dio tiempo para recuperarse. Fueron muchas semanas y meses cerrados, sin poder producir. Tras abrir a finales de mayo, ha sido bien lento”, admitió el empresario, justo antes de reconocer que su nómina se ha reducido a dos empleados, en comparación con los 12 que tenía hace cinco años.

Como otros en la zona, Isla Guzmán confía que la situación mejore durante el periodo navideño. “En circunstancias normales, ahí es donde los comercios se ponen al día. Vamos a ver qué sucede en estas navidades”.

“Estamos sin rendirnos, tratando de sobrevivir. Hay que aguantar, en lo que las cosas mejoran”, sostuvo.

“Pero ver a Casa López cerrado me rompe el corazón. Es amigo mío de toda la vida. La calle Atoche fue la calle más concurrida de todo Ponce y mira ahora, las condiciones en las que está. Es triste”, reconoció.

“De aquí no nos vamos”

“Desde que tengo uso de razón estoy en el Paseo Atocha. Vivimos los tiempos de gloria y ahora estamos en unos tiempos más difíciles”, expresó por su parte Guillermo Farinacci Morales, propietario de Supermercado Agranel en el Paseo Atocha.

Durante los primeros meses de la cuarentena, Supermercado Agranel se convirtió en salvavidas para cientos de ponceños que desesperadamente buscaban artículos como alcohol, mascarillas y desinfectante de manos.

Sin embargo, lo que inicialmente fue un alza sustancial en ventas se ha ido atemperando. Hoy, como tantos otros negocios de la zona, la entrada de clientes ha vuelto a decaer.

“La venta ha bajado, no solamente aquí, sino en todos los negocios de la zona”, confesó. “Pero siempre hemos estado en el casco urbano. Aquí hemos luchado, hemos batallado y de aquí no nos vamos”.

En Tropical Nutrition, un negocio de productos naturales en la calle Vives esquina Unión, ha sido el servicio de entregas a domicilio y a oficinas lo que ha evitado lo peor, explicó su propietaria Jossie Rolón Geigel.

“Es un cambio que tuvimos que hacer por necesidad”, indicó sobre el servicio de entrega. “Ha sido bien difícil. No hay otra palabra para describirlo. Cada vez que vamos arrancando, pasa algo”.

“La esperanza es que esto sea algo temporero, que en algún momento podamos regresar a la normalidad. No sé cuándo será, pero ahí vamos”, sentenció con una sonrisa.

La tormenta perfecta

Por su parte, la guía turística y propietaria de Isla Caribe, Melina Aguilar Colón, lamentó como la inacción gubernamental ha contribuido al penosos estado del Ponce Centro.

Asimismo, reclamó al Gobierno Municipal de Ponce y a los candidatos a la poltrona que no reduzcan el rescate del centro histórico a una mera consigna de campaña, previo a las elecciones generales.

“Si perdemos el casco urbano, perdemos una parte bien importante de nuestra identidad como ponceños. Todos tenemos recuerdos de cómo era esto”, puntualizó Aguilar Colón.

“Los comerciantes que nos quedan han sobrevivido muchos golpes y han demostrado que están bien comprometidos con la ciudad. No están aquí extrayendo enormes ganancias o creando fortunas. Están ahí porque eso es su vida”, continuó.

“Siempre se escuchan promesas y más cuando vienen las elecciones. Lo único que queremos es que quien gane, que haga el trabajo que se tiene que hacer”, sentenció.

Otros como el Supermercado Agranel recurren a ofertas y a la reinversión para subsistir. Fotos: Jason Rodríguez