Imperecedera la huella del comediante ponceño Edwin Gutiérrez Franco

El 5 de enero de 1959, una muerte sumamente prematura e inesperada nos privó del que muy bien pudo haber llegado a ser el mejor comediante de radio y TV de nuestra historia.

(Foto del busto de mármol: Gary Gutiérrez)

“Los gestos del payaso tienen una solemnidad sacramental”. Peter Ludwig Berger

A la memoria del más original e ingenioso presentador radial de música y excelente amigo, Sergio Negrón Collazo, justamente bautizado por el cantante Chaguín García como “El Gran Genio de Machuelo”, la persona que más veneraba la mítica figura del payaso y que más imágenes de payasos coleccionaba. Y al gran productor ponceño, excelente puertorriqueño y amigo personal del biografiado y de quien escribe, don Tommy Muñiz, cuyo centenario se conmemorará el 4 de febrero del año 2022.

El 5 de enero de 1959, una muerte sumamente prematura e inesperada -a los 22 años de edad- nos privó del que muy bien pudo haber llegado a ser el mejor comediante de radio y TV de nuestra historia, el ponceño Edwin Gutiérrez Franco.

Nació el 14 de agosto de 1936, en el barrio Segundo de Ponce, en la segunda casa, justo donde comienza la calle Mayor Cantera, esquina con calle Tricoche.
Su personaje más conocido en la comedia se llamaba “Genovevo”, la encarnación de un muchacho alto, flaco, de reacciones lerdas, hablar fañoso y empujado, cuya acelerada carrera hacia la fama en un sentido
se asemejó a la vida de James Dean, en el caso de la pantalla grande del cine estadounidense.

La consigna de vida de James Dean dice mucho de esto que quiero mostrar: “vive de prisa, muere joven y deja un cadáver hermoso”.

Filmó tres películas consagratorias que lo convirtieron en un mito, East of Eden, sobre todo Rebelde Sin Causa, y justo al terminar la tercera, Giant, se mató en un accidente de tránsito a los 24 años de edad.

En solo dos años de actuación pública bajo la tutela del también ponceño don Tommy Muñiz, en los programas Show del Mediodía y Telefiesta de la Tarde de WAPA-TV, Genovevo se ganó el corazón del pueblo puertorriqueño, como también el Agüeybaná de Oro al Comediante del Año en el año 1958.

En esa misma entrega de los Codazos o Agüeybanás de Oro que producía el presentador cubano Osvaldo Agüero, su hermano de doble vínculo, Freddy Gutiérrez Franco -quien durante varios años cantó con éxito como solista, en tríos, en agrupaciones y con la famosa Orquesta de César Concepción- se ganó el premio al Cantante Revelación del año.

¡Qué orgullo para sus padres, Petra María Franco Santiago y el fotógrafo profesional, don Pedro Gutiérrez Morales!

Toda su vertiginosa carrera hacia la fama y tristemente hacia la muerte, la recorrió coincidentemente con mis primeros dos años de residencia en la ciudad de Ponce.

Tan pronto se graduó de la Ponce High, ingresó en el Colegio de Mayagüez, hoy RUM, pero al poco tiempo se salió, se trasladó a la ciudad de Nueva York, se matriculó en el American Radio and Television Arts Workshop y se graduó de camarógrafo, técnico y director de TV. Sabía lo que quería y tenía prisa por alcanzarlo.

Tan pronto comencé mi primer año de estudios en la hoy Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, noté la fuerte influencia del comediante Genovevo, sobre todo en el modo de hablar y el lenguaje corporal que traían los compañeros estudiantes ponceños, sobre todo, los graduados de la Ponce High. La Escuela Superior Doctor Pila apenas se había fundado tres años antes, en el 1954.

De mis compañeros de estudios provenientes de la Ponce High, los que mejor y más frecuentemente lo imitaban, según mi mejor recuerdo, eran Domingo “Papo” Rodríguez y Rafael “Felo” Alfonso Díaz quienes lo imitaban muy fielmente, con mucha gracia.

Tradicionalmente, en el teatro de la Ponce High se reunía, sobre todo en el receso del mediodía, toda una gama de estudiantes con talento y vocación artística, de donde ascendieron a la fama algunos de los más connotados artistas puertorriqueños del siglo veinte. No solo eran jóvenes ponceños, sino de prácticamente todos los pueblos vecinos.

La lista es tan larga, que sería antiliterario tratar de reproducirla aquí, acaparando prácticamente todo este artículo.

En su rápido comienzo, Edwin, al igual que su hermano Freddy, prefería cantar y hacer algunas imitaciones, aunque ni desconocía, ni disimulaba su vis cómica.

Fue en condición de cantante aficionado que llegó a la empresa de don Tommy Muñiz, quien siempre tuvo un ojo clínico como reclutador y encarrilador de talentos.

Hay muy pocas fuentes de datos disponibles sobre la vida y obra de este talentoso comediante. La fuente más amplia y completa que existe la provee el periodista de farándula pepiniano, Mickey López Ortiz, quien fue director de la Revista Artistas, en una publicación para la importante Fundación Nacional Para La Cultura Popular, titulada Genovevo en el Recuerdo del Pueblo, fruto de la información que le proveyeron los hermanos que aún estaban vivos para el año 2010, cuando la escribió y publicó.

Relata López Ortiz, citando directamente a su hermano, el cantante Freddy Gutiérrez que “Un día don Tommy Muñiz, quien ya tenía referencias suyas, lo llamó para que supuestamente cantara en ‘El Show del Mediodía’, pero era una trampa que don Tommy le tenía preparada; porque cuando comenzó a cantar, lo ‘colgó’ para imponerle el castigo de exhibirse cargando un cartel en la Plaza de Colón en el Viejo San Juan”.

“El mismo”, continúa, “decía algo así como ‘Estoy Castigado por El Show del Mediodía’. La realidad era que a don Tommy lo que le interesaba era tenerlo en sus programas, pero como cómico, y Edwin aprovechó aquella experiencia para demostrar el talento que tenía para la comedia”.

De entre su “Piña” (así llamada) de talentos, don Tommy le asignó a Shorty Castro como libretista, al también ponceño Carlos Rubén Ortiz y al cubano Raúl Delgado Cué, como contrafiguras.

Subir al tope de la fama -mediando en el camino una invitación que le formuló un productor cinematográfico que lo vio actuar en un teatro hispano en la ciudad de Nueva York, para hacer cine en México- y enfermarse severamente, fueron una misma cosa.

Lo atacó una nefritis severa, que para aquél tiempo no tenía cura, y lo ingresaron en el hospital que para entonces se llamaba Presbiteriano y hoy se conoce como el Ashford Medical Center en El Condado.

José Miguel Agrelot “don Cholito” y don Tommy Muñiz, lo iban a ver al Hospital todas las tardes.

Don Tommy, quien le había tomado mucho cariño en los dos años que trabajó para su empresa (1956-1958), le continuó pagando su sueldo y expresó su disposición a donarle un riñón.

La familia Gutiérrez, como colectivo, lo expresa del modo que sigue en el plausible trabajo de Mickey López Ortiz: “Don Tommy lo quería muchísimo y se portó maravillosamente con él. Nunca dejó de pagarle su sueldo y hasta manifestó su disposición de donarle un riñón. Son cosas que uno, como familia, no puede olvidar”.

¡Ese es el don Tommy Muñiz que conocí y que con tanto afecto recuerdo!

Tristemente, el 5 de enero de 1959, víspera del Día de Reyes, entregó su alma al Todopoderoso el extraordinario prospecto artístico que don Tommy Muñiz antevió, quien recorrió como un relámpago nuestro firmamento artístico, como si supiera de la cercanía de su muerte.

Sus compañeros artistas -entre ellos Norma Candal y don Tommy-hicieron una derrama económica con la que pagaron la tumba y comisionaron la escultura en mármol que está en la nave central, al fondo, del Cementerio Civil de Ponce.

En preparación para esta columna, recurrí a Rafo Muñiz, hijo de don Tommy y , por separado, a mi amigo epistolar Osvaldo Rivera Soto, custodio de la memorabilia de don Tommy en el Archivo de Medios Audiovisuales de la UPR, adscrito a la Escuela de Comunicaciones de la UPR, Recinto de Río Piedras.

Rafo se comunicó hasta con el Secretario Ejecutivo del ICP, tratando de encontrar respuesta a mi curiosidad por saber quién fue el escultor que esculpió en mármol la magnífica cabeza del histrión que está en su tumba y que ilustra esta columna en una fotografía de su sobrino, Gary Gutiérrez, la persona que más colaboró conmigo para este escrito y a quien agradezco públicamente.

Hasta hoy, nadie me ha sabido decir quién es el autor de esa escultura que ya tiene 52 años.

Freddy Gutiérrez le dijo a su sobrino Gary que él cree recordar que fue un escultor al que le llamaban “Compostela”.

De ser así, este sería un gran descubrimiento cultural para la ciudad de Ponce. Compostela es don Francisco Vázquez, un exiliado español al que bien puede calificársele como el Padre de la Escultura Moderna en Puerto Rico, esposo de la gran intelectual puertorriqueña, doña Margot Arce de Vázquez.

Conozco desde hace muchos años una hija de ambos, Carmen M. Vázquez Arce, y me comuniqué telefónicamente con ella.

Carmen explicó que ella recién publicó un libro-catálogo sobre la obra de su padre, y que no recuerda esa.

Además indicó el lugar de las obras donde su padre las firmaba, pero esta no está firmada en ninguno de sus contornos, lo que, a mi juicio, hace el asunto más intrigante.

Doña Gladys Tormes, directora del Archivo Municipal de Ponce, nos sugiere la posibilidad que pudiera ser del escultor Víctor Cott, quien esculpió en mármol uno de los leones de la fuente de la Plaza Degetau, frente a la Casa Alcaldía, y la escultura en bronce del esclavo que rompe sus cadenas en el Parque de la Abolición, junto a la Concha Acústica de Ponce.

Un descubrimiento de esta naturaleza, si se diera, reviste tanta importancia que amerita que modestamente continuemos la búsqueda. Así lo haremos.

Osvaldo Rivera Soto, por su parte, me envió tres exhibits que recién rescataron de los archivos. Ni siquiera su familia inmediata los conoce.
Dos de ellos solo son sonoros, el tercero es un vídeo.

Los sonoros son dos sketches cómicos, titulados “El brindis del bohemio”, y “Los Pollos”, donde Genovevo da muestras de su capacidad para improvisar, a todas luces saliéndose del libreto, con gran agilidad mental, como es propio de los grandes comediantes de todos los tiempos.

El vídeo es la recreación de un juicio penal por jurado. En él, Genovevo hace de abogado defensor, con la particularidad de que el presidente del jurado, que en definitiva encuentra culpable a su cliente, es el trompetista, compositor y director del Cuarteto Mayarí, Plácido Acevedo, otra gloria histórica de nuestra farándula.

Sin duda, en su fugaz recorrido por nuestros medios, el artista ponceño Edwin Gutiérrez dejó una huella imperecedera.